
La mayoría de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, dos semanas antes de que fueran secuestrados la noche del 26 de septiembre, estaba preparando su primera práctica de campo. El profesor Jorge los iba a llevar a una primaria de la Costa Chica, como una de las tareas de la asignatura Observación y análisis de la práctica educativa. A 39 días de no haber pisado de nuevo un salón de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, el docente de 34 años se unió al grupo de trabajadores de esta institución que viajó a la ciudad de México, para participar en la Tercera Jornada de Acción Global por Ayotzinapa.
El profesor Jorge ha echado raíces muy profundas en Ayotzinapa. Vivió en ella desde 1985 hasta el 2002. Se puede decir que la conoce como a la palma de su mano. Su abuela fue cocinera y lavandera en la normal. Su padre formó a varias generaciones en esas aulas. Él cursó ahí su licenciatura como profesor de primaria y lleva casi dos años dando clases en “Ayotzi”. En esta conversación, que brotó entre pasos presurosos sobre Paseo de la Reforma, evoca a sus alumnos ausentes y lo que ha vivido como egresado de esta institución.
¿Cómo recuerda a sus alumnos?
Eran muchachos con muchas ganas de superarse. Teníamos apenas un mes de haber iniciado clases. Estábamos empezando a descubrir cómo éramos. Teníamos que saber los motivos por los cuáles llegaron ahí: si de verdad deseaban ser docentes o si se habían ido a parar ahí por azares del destino. Uno nunca sabe lo que puede esconder un muchacho y menos a esa edad. La mayoría de ellos quería superarse a través del estudio, por eso es que estaban en Ayotzinapa. Ayotzinapa brinda la posibilidad de poder superarse aunque seas de escasos recursos porque es un internado. No te piden nada, más que unos artículos básicos de limpieza al inicio de cada semestre.
¿Cuáles eran las expectativas de algunos de estos jóvenes?
Martín Getsemaní Sánchez, por ejemplo, es un muchacho que viene de la población de Zumpango que queda más o menos a treinta o cuarenta minutos en automóvil de la normal. Él me decía que quería ser docente porque tuvo mala experiencia con los docentes con los que estudió. Decía que sus maestros eran selectivos: ponían alumnos buenos, alumnos malos; alumnos limpios, alumnos sucios. Él no quería se ser eso; quería ser un maestro diferente. Hay otro muchacho. Ya no es un joven, es un hombre, José Ángel Campos Cantor. Es originario de Tixtla, tiene dos niñas, una de siete u ocho años y una como de dos meses de nacida. Él trabajó como albañil, tiene 33 años. Pudo ingresar a la escuela gracias a que no hay edad máxima para hacerlo. Quiso estudiar para tratar de ser alguien más importante para él y para su familia. Apenas estuve platicando con su esposa y me contó que él le dijo: “Blanca, estudias tú o estudio yo”. Y ella le pidió que estudiara él.
En una ocasión algunos muchachos nos dijeron que querían experimentar ya lo que era estar frente a un grupo. Cuando les explicamos de lo que se trataba, se vieron caras desencajadas. En primer semestre lo único que hacen es ir a observar el medio, el contexto. No se meten directamente a grupo. Los alumnos nos preguntaron que eso en qué ayudaba a ser maestro. Uno de ellos dijo: “¿Cómo voy a empezar viendo nada más qué hay dentro de la escuela o en los alrededores? Para nosotros aprender a ser maestro significa formarnos dentro del salón de clase, formarnos en la experiencia. Tratamos de convencerlos de que debe haber práctica y teoría educativa. Deben tener esas dos partes para saber qué van a hacer en su práctica. Eso sucedió durante el primer mes de clases. Estábamos ya listos para empezar con la primera observación a un contexto de la Costa Chica cuando se dio esto.
¿Qué iban a hacer durante su primera práctica de observación?
Como era la primera vez que se iba a hacer , se trataba de que el muchacho viera cómo es la entrada, la hora del recreo y la salida. Cuáles son los monumentos a los que lleva el maestro a los niños. Los muchachos llevan su diario de campo, su diario de observación, también llevan guías que les dan en otras asignaturas en las cuales van rellenando lo que van viendo. En los semestres posteriores el muchacho ya se mete a la práctica, con la salvedad de que el maestro tutor tiene que estar dentro del mismo salón, auxiliándolo.
¿Qué recuerda del 26 de septiembre?
El viernes los estudiantes pasaron a Tixtla varias veces. Primero como a las ocho y media, y dijeron que a todos los que tuvieran hijos en Ayotzinapa fueran. Pero como hay veces que no pasa nada y nos citan, yo pensé que no había sucedido nada. De ahí pasaron como al cuarto para las doce, pero el muchacho dijo que estaban rodeados de federales. Si hubieran dicho lo que les había pasado, yo creo que varios salimos con rumbo para Iguala a tratar de buscarlos. Pero dijo que estaban rodeados de federales y no le tomamos mucha importancia. Como la carretera federal pasa cerca de la normal, cuando los policías pasan y se detienen un poquito o cuando hay un operativo que nada tiene que ver con la escuela, los alumnos sienten que los están hostigando. Por eso es que no hice mayor caso. Me preocupé porque a las dos de la mañana volvieron a pasar. Pero me levanté hasta las seis de la mañana. Fui a ver y la escuela ya estaba cerrada. Uno de mis alumnos de hace un año estaba en el portón y le pregunté qué pasó. Me dijo que los habían balaceado. Y que Édgar Andrés tenía un balazo en la cara. Le pregunté si estaba muerto. Respondió que no pero que estaba desfigurado. A mí ya no me dejaron entrar a la escuela, dijeron que por mi propia seguridad.
Hasta el lunes que todos los trabajadores nos organizamos, entramos a platicar con ellos para decirles que nosotros no teníamos ningún problema, que nosotros no los habíamos balaceado, ni nada por el estilo. Que nos dejaran entrar. Entonces ya empezamos a saber más.
¿Cómo se siente ante la desaparición de sus alumnos?
Yo llegué a vivir a Ayotzinapa desde 1985. Ahí trabajó mi abuela, en la cocina y en la lavandería. Mi padre entró a trabajar ahí por examen de oposición. Le ganó a cuatro compañeros. Conozco desde 1985 al 2002 casi a todas las generaciones. A cualquier pueblo grande que voy me encuentro a un amigo de Ayotzinapa. A dondequiera. Y sí, sí me mueve el piso. Y más porque ahora no podemos decir que andaban peleando algo, que fue por chocosos, por revoltosos o porque estaban en alguna actividad y ahí le cayeron mal a alguien y ese alguien les disparó. Ahora no fue eso. Ahora fue de una manera artera, de una manera vil. Y eso es lo que no me parece porque yo me imagino que las personas que lo hicieron tienen hijos y yo me imagino que no les gustaría que tan jóvenes les truncaran la vida. Están empezando a vivir. Están empezando a saber lo que es precisamente la vida de estudiante, una etapa que nunca se olvida. Si es que los mataron no los dejaron vivir. Y si los tienen vivos, que ya nos los regresen, ¿no? Ya nos hicieron sufrir mucho, ya nos hicieron caminar bastante. Ya nos hacen mucha falta, ya los queremos tener.
¿Qué sigue tras la detención del ex presidente municipal José Luis Abarca y de su esposa? ¿Qué cree que suceda?
No va a pasar nada. Vamos a seguir igual. Es cierto, los capturaron ¿Y? Ya habían capturado supuestamente a quienes habían sido los culpables materiales y no por eso aparecen los chavos. Capturaron a los intelectuales, menos van a saber a dónde quedaron. Si los materiales no saben decir dónde están, los intelectuales menos. Es faramalla otra vez.
¿Usted cree que los estudiantes están vivos?
No creo que estén vivos. Me gustaría equivocarme. Creo que no están vivos por la forma tan artera, cobarde, ruin con la que mataron a Julio César Mondragón. Para mí fue una confusión. No es normal que un chavo del Estado de México o de esta zona se vaya para allá. Cuando los chavos van a llevar su convocatoria, van a muchos lados, pero por lo regular no son de este lado. No sé si en determinado momento le habrán preguntado de dónde era. Y habrá dicho que era de por acá y eso pudo haber desencadenado de quienes lo tenían. Llegar a pensar como supuestamente les dijeron que mis chamacos eran de los rojos pues a lo mejor se confundieron. Han de haber estado idiotizados y en la idiotización se me hace que algo así ocurrió. Pero si a él lo mataron con esa saña y se les cayó o lo dejaron, no me quiero imaginar qué le habrán hecho a los demás. Quiero tener la ilusión de que los rescataron. La ilusión es una vela. Al final, la vela se va extinguiendo y la ilusión también.
¿Cómo han sobrellevado este mal momento los padres de los alumnos?
El proceso para los padres es horrible. Los padres están demacrados, las madres ya no lloran. Cuando platicas con ellos y les das ánimos, de repente se les empieza a escurrir una lágrima, dos. Están roncos. Han caminado Acapulco, Chilpancingo, Iguala, la ciudad de México. Poco a poco lo único que nos dicen es: queremos que nos lo regresen, la forma es como sea. Si están muertos, queremos tener un lugar donde llorarlos. Si están vivos pues que los regresen ya.
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¿Cómo define al alumno de Ayotzinapa?
Es un alumno sufrido. Un alumno con ganas de triunfar, con ganas de superarse. Un alumno que es pueblo, que hace pueblo y que sirve a su pueblo
¿Cuáles son las exigencias educativas para poder inscribirse en Ayotzinapa?
Las exigencias educativas son mínimas. Este tipo de muchachos que usted ve aquí, no tiene cara de que alguno pueda estudiar en la UNAM o en el Poli. Son muchachos que se quedan a estudiar ahí porque lo necesitan. Son chavos que egresaron de un colegio de Bachilleres, de una preparatoria; a veces con ocho, a veces con siete punto y tantos de promedio. Al ingresar deben permanecer en clases, hacer sus prácticas docentes, llegar al proceso de titulación.
¿Qué formación educativa reciben en el primer año?
El primer año es una especie de iniciación a la vida docente. Por ejemplo, tenemos una asignatura que se llama Panorama formativo de la educación en México. Esa materia nos da un panorama completo de cómo viene la educación desde época anterior hasta la fecha. Tenemos otras asignaturas que van encaminadas a que el muchacho comience por desarrollar el gusto por ser maestro. Si es que no llegó con ese gusto, de lo que se trata es que se lo despertemos. En el primer año también cursan las materias de Iniciación al trabajo docente, Aritmética, Inglés, entre otras, incluidas en este nuevo plan de estudios que comenzó en el 2012. Esta es la tercera generación con él. El anterior fue el plan 1997, del cual está a punto de egresar la última generación.
¿Cómo es el día a día de los alumnos en Ayotzinapa?
Viven en un ambiente de camaradería, están con más muchachos de su edad. La mayor parte del tiempo libre están en juegos, las retas de futbol, la alberca; ensayando en la rondalla, el club de danza, que a la postre le van a servir para su mismo desenvolvimiento como docentes. Muchos de ellos, por ejemplo, cuando egresan y llegan a una escuela donde hay condiciones, han puesto rondalla, bandas de guerra, clubes de danza, que sirven mucho al pueblo, son una especie de distractor.
¿De qué depende de que un normalista obtenga una plaza?
De que haya una persona que no tenga una palanca que pueda operar para ganarse la plaza antes que tú. Eso de que te vas a ganar una plaza por un concurso o por un examen es una mera simulación. Hay muchachos que desde que egresan ya saben que van a tener una plaza aun cuando no pasen el examen. Vivimos en México y en México todo se puede.
¿A qué se enfrentan los profesores egresados de Ayotzinapa?
Los normalistas de Ayotzinapa trabajan en escuelas retiradas, en escuelas que están a varias horas de camino de las cabeceras municipales. Estamos hablando de tres, cuatro horas de distancia del municipio. Cuando la escuela está a muchas horas de camino, te quedas allá. Por eso comentaba que hay que hacer pueblo, estudias para hacer pueblo, para estar con tu pueblo. No te dan más que un incentivo económico para que te quedes allá arriba en la comunidad.
Yo soy egresado de Ayotzinapa. Somos varios los egresados que regresamos a dar clases. Cuando yo era maestro de primaria, nos daban un incentivo económico de alrededor de doce mil pesos cada cuatro meses. Como nos lo daban junto, se sentía que era mucho dinero. Pero no es una cantidad exorbitante la que te dan. Además de eso, recibimos la quincena.
Para el pueblo el maestro sirve de mucho porque a veces no hay otra gente que los ayude. Eres el que puede leer, eres el que puede viajar a la presidencia municipal, eres el que puedes escribir el oficio, el que sabe cómo manejar una parcela, cómo poner un huerto, todo ese tipo de cosas. Lo sabes hacer, lo aplicas y eres muy apreciado en la comunidad. Y la comunidad te lo remunera dándote de comer, dándote una casa. Casi Por lo regular en cada pueblo alejado hay una casa del maestro., y quien se encarga de darle mantenimiento en muchas ocasiones es el pueblo.
Guerrero por sus condiciones geográficas tiene comunidades lejísimas, a donde no hay ningún tipo de servicio. A veces si se va la luz, se va por una semana. No hay señal de televisión, no hay señal de telefonía celular; a veces el transporte pasa hoy y luego hasta mañana y si no hasta dentro de tres días o hasta el sábado.
¿Cómo logró que lo aceptaran como profesor de Ayotzinapa?
Tengo un año y ocho meses en la normal. Ingresé como profesor a la normal porque heredé la plaza de mi padre, que fue maestro de la normal desde 1985. Cuando decidió jubilarse yo acepté quedarme. Soy licenciado en educación primaria, tengo dos diplomados: uno en problemas de aprendizaje en los niños, otro que tomé en la UNAM. Y tengo una maestría en pedagogía. Sí cumplo con el perfil para estar ahí.
¿Cuánto le pagan?
Sobrevivimos con un salario de alrededor de seis mil pesos a la quincena. Por ser maestro de tiempo completo, es decir por 40 horas de trabajo a la semana. Algunos compañeros sí viven en la normal. Yo soy de Tixtla, que está a cinco minutos de la normal. Yo no tengo casa, rento. No tengo ningún problema para moverme, pero sí genera un gasto el pago de renta, luz y otros servicios. A lo mejor no son tan necesarios pero sí son de comodidad para ti y tu familia. No es que yo tenga que ver a fuerza cable, pero es una comodidad.
¿En qué situación se encuentra la normal?
Las normales son uno de los puntos que más ha olvidado el gobierno federal: nos han olvidado en infraestructura, nos han olvidado en cuestiones de paga a los maestros, se han olvidado de los muchachos económicamente, con cincuenta pesos que les dan al día tienen que almorzar, comer y cenar.
¿Qué les dan de comer a los estudiantes?
Algunos compañeros y yo nos reímos porque no nos gusta el té de canela. Casi diario, durante los cuatro años que estudiamos ahí, en la cena nos daban té de canela y es malo para que se te suba la presión; así que imagínate cuántos andamos con la presión alta. Era para lo que alcanzaba. Hoy no ha cambiado mucho. Comen huevo casi todos los días, carne casi nunca. Está bien, les están cuidando su peso (risas). Agua de sabor. Solamente cuando vienen fechas especiales puede haber un poco más, por ejemplo en el aniversario de la escuela que se celebra en marzo.
¿Por qué decidió venir a la ciudad de México?
Para apoyar a mis muchachos, enseñarles que cuando algo no nos gusta debemos protestar. Porque por eso somos seres humanos y pensamos, en la diversidad de pensamiento está la riqueza del ser humano. Si yo no pienso igual que los demás me puedo manifestar. Lo puedo hacer de manera pacífica, sin necesidad de destrozar nada.
Kathya Millares
Muy bien, todo perfecto e idílico.
Entonces por que con esos maestros no han salido de la marginación y atraso?. Por que no forman maestros, adoctrinan activistas sociales.
Y sobre todo, quienes mandaron a esos jóvenes (que por lo visto no se mandan solos) a Iguala? Pues los mismos normalistas pero los mas colmilludos.
muy muy triste por esa tragedia tan cruel, pero la vida se los cobrara a todos los gobernantes mafiosos, corruptos que están en todo esto.
¿Porqué ningún maestro los iba acompañando?