No consta cuándo se produjo la primera interpretación del Réquiem de Mozart en México, pero es muy probable que una de las primeras ocasiones más importantes donde sonó fue en el entierro de Miguel Barragán, presidente interino de la República. Su fallecimiento, el 1 de marzo de 1836, dio pie a un ceremonial cargado de la magnificencia y suntuosidad propias de un Estado reciente y deseoso de afirmar su identidad. El Diario del gobierno de la República Mexicana dedicó cuatro páginas a describir los pormenores de la ceremonia funeraria desarrollada durante tres días. El párrafo sobre la intervención musical es digno de reproducirse por los detalles que revela sobre el impacto en los asistentes, la colocación de la orquesta y el número y procedencia de los músicos:
Concluida la vigilia, comenzó la misa de cuerpo presente, y la capilla de música solemnizó una y otra con las composiciones más patéticas de Mozart, [Manuel Antonio del] Corral y otros célebres maestros con todos los primores de la melodía y los tristes encantos de la armonía, realzados con la tierna y elegante expresión del bellísimo oficio de difuntos, causando en los oyentes las más profundas, sorprendentes y devotas sensaciones. Para facilitar más al oído la parte piana [sic] de la composición, se elevó un antecoro provisional, donde se disfrutó sin perder mucho, de la brillante orquesta de más de sesenta músicos y cantores, no sólo de los del número de la Sta. Iglesia, sino de otros particulares, entre ellos los principales profesores de la ópera italiana.
Este relato preciso revela una particular sensibilidad hacia la escucha, como las reacciones de los oyentes o la decisión de los organizadores de elevar el coro para facilitar la audición de ciertos pasajes delicados (la “parte piana”). Como las honras fúnebres se celebraron en la catedral con la música a cargo de su capilla, cabe suponer que la copia que se conserva del Réquiem en su archivo pudo ser la utilizada para esta ocasión.
FUENTE: MIGUEL ÁNGEL MARÍN, EL “RÉQUIEM” DE MOZART. UNA HISTORIA CULTURAL. ACANTILADO, BARCELONA, 2024.