El Papa y la laicidad

Nunca me ha convencido mirar a la laicidad teniendo como referente a la iglesia. Después de todo, en buena medida, desde un punto teórico, lo que se propone la agenda laica es contribuir a la secularización del pensamiento, de la socialización y de la cultura. Por eso, el laicismo, combate al dogmatismo y promueve la tolerancia sobre la base de un reconocimiento de la pluralidad que no subraya las pertenencias religiosas sino que hace abstracción de las mismas. El pensamiento laico no ignora la existencia de las religiones pero propone bases para la convivencia que responden a un proyecto axiológico que no les tiene deferencia. Los valores de la laicidad son la igualdad –formal y sustantiva- sin reparos en las militancias religiosas, el combate a la discriminación por razones de creencias, el reconocimiento de la diversidad como un bien valioso, la libertad de pensamiento, la razón crítica, el antidogmatismo, la tolerancia. Básicamente.

Esta agenda convive mal con la mayoría de las religiones y lo hace aún peor con las iglesias. En particular con la iglesia católica que no claudica en su empeño por colonizar las normas colectivas con sus dogmas y principios. Penalizar el aborto, negar el reconocimiento al matrimonio igualitario, prohibir la investigación científica en algunas materias, mantener en la ilegalidad la reproducción asistida, etcétera, etcétera. Esta agenda –que se expande en múltiples ámbitos y dimensiones- es un proyecto político con matriz religiosa y, por ende, es antilaica por excelencia. La veta de la laicidad pasa, como diría Beccaria, por evitar la confusión entre “delito y pecado” y esa es, precisamente, la fusión que la iglesia católica promueve. El agua y el aceite.

Por ello no creo que, para la agenda laica, tenga mucha relevancia quién es el Papa en turno. Es cierto que Bergoglio ha verbalizado más sensibilidad que sus antecesores inmediatos ante temas delicados relacionados –por ejemplo- con los derechos sexuales y reproductivos; pero también lo es que sus representantes en los países en los que su iglesia tiene poder e influencia empujan con tesón y sin descanso su agenda reaccionaria. Tampoco ha cambiado un ápice el talante discriminatorio hacia las mujeres y hacia los homosexuales de las políticas internas de la iglesia y de sus propuestas normativas para ordenar la vida colectiva.  Así que, tal vez, las declaraciones del máximo jerarca de la iglesia conmuevan a sus fieles y los inviten a la reflexión –lo que sería positivo en la dimensión del cambio cultural- pero no inciden en la política institucional de su organización. Y, como a la laicidad lo que debe interesarle es esta última, en realidad, que el Papa sea más o menos progresista, poco importa.

En su artículo sobre “El Papa rebelde”, Alma Guillermoprieto sostiene que “lentamente, Francisco va arrastrando a su Iglesia hacia el presente…” con un método que, según el padre Spadaro, consiste en “primero hacer el gesto y luego decir las palabras”. Probablemente sea cierto pero eso no tienen ninguna relevancia si nos colocamos desde el mirador de la laicidad. Lo relevante para el pensamiento y el proyecto laico –insisto- es lo que sucede hacia fuera de la iglesia y no en su interior. Ni los gestos, ni las palabras de su jefe máximo están orientados a mermar la situación de privilegio político, jurídico y económico con el que se le trata en muchos países. Tampoco trastocan su vocación hegemónica ni su militancia evangelizadora.

Para la laicidad lo que cuenta es que esa organización religiosa sigue dando la batalla por  obtener privilegios fiscales, intenta penetrar la escuela pública, busca adquirir medios masivos de comunicación, logra modificar constituciones para “proteger la vida desde la concepción y hasta la muerte natural” y así sucesivamente. De hecho, nuestro país es un excelente botón de muestra de que, en materia de laicidad, el cambio de un Papa por otro es irrelevante. Es más: probablemente, estamos peor con Bergoglio que con Ratzinger.

Si pensamos en términos de política interna, esto significa que estamos peor con los priístas en el gobierno de lo que estuvimos con el PAN. Y eso que en la “docena trágica” –como la llama Patricia Galeana- el retroceso fue inmenso.  El Presidente no pierde oportunidad para viajar al Vaticano, su gobierno trata al Secretario de Estado de la Santa Sede como si fuera un jefe de Estado, la cancillería mexicana no tiene pudor en iluminarse de blanco y amarillo y los funcionarios de alto nivel se reparten zancadillas para quedarse con la organización de la visita inminente del “Papa rebelde” a tierras mexicanas.

En el ínterin, la Iglesia católica promueve reformas constitucionales, critica a los gobiernos, hace propaganda política, orienta el voto. Esto sucede mientras el artículo 130 constitucional duerme el sueño de los justos y las autoridades miran hacia otro lado. Al igual que lo hizo cuando los gobernantes –que profesan esa u otras religiones- consagraron sus comarcas a los dioses o los gobernadores organizaron misas públicas para celebrar canonizaciones de otros papas menos rebeldes pero igual de mediáticos. Y eso por no hablar de la impunidad en la que permanecen los abusos sexuales cometidos –entre otros- por los Legionarios de Cristo.

En síntesis, Bergoglio podrá ser un “Papa Rebelde” para su Iglesia pero no es un Papa laico. No lo es porque no puede serlo. Si lo fuera sería un oxímoron, un no-Papa, precisamente, un laico. Y, en paralelo, muchos de nuestros gobernantes son creyentes y, para colmo, algunos de ellos pragmáticos y oportunistas, precisamente, no-laicos. Todo mal.

 

Pedro Salazar Ugarte
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.  Es autor de El derecho a la libertad de expresión frente al derecho a la no discriminación.

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Publicado en: Sólo en línea

10 comentarios en “El Papa y la laicidad

  1. Excelente columna. Es lo mismo que yo le he estado diciendo a cuanto conocido mio se deja. Ese papa dizque rebelde, no es mas que un distractor. Un papa, quiéralo o no, tiene que adherirse a los dogmas de su iglesia, y este bergolio, o como quiera que se llame, no es mas que otra faceta de la misma iglesia medieval que, desafortunadamente tanta influencia tiene en Mexico

  2. El avance de posiciones reaccionarias, y el deterioro del laicismo en Mexico es evidente. Artículos como el presente y mas plumas interesadas en el tema son necesarias para que los mexicanos salgamos del letargo, y nos demos cuenta del peligro de la pérdida paulatina de libertades.

  3. Muy contradictorio el articulista, por un lado tiene un discurso favorecedor en teoria de la pluralidad y la libertad, y pir otro, usando los instrumentos del cerrado intransigente, » combate » a quienes la pluralidad nos coloca en fe, puntos de vista, y convicciones de vida diferentes a lo que se supone, es su verdad, se entiende, su unica verdad.
    Se pierde mucho en el discurso diletante, pero a la hora de la verdad, estos criticos, » ya liberados de dogmas y principios » no saben que hacer con la vida real.
    Propongo un caso. Un medico general, contratado por una institucion PUBLICA de Salud del Gobierno del DF, quien rige su vida con base a sus Principios y creencias, en un sanisimo ambiente de libertad de pensamiento plural como el que propone el autor, supongamos que estando atendiendo una guardia general, le llega una chava con la intension, QUE YA ES LEGAL , para ABORTAR, y el medico en cuestion, enterado de las pretenciones de la chica, SE NIEGA ROTUNDAMENTE a practicarle el Aborto,,,
    La convivencia que aqui se nos propone DISCURSIVAMENTE, deberia garantizar LA PLURALIDAD Y LIS DOS DERECHOS de los involucrados O NO ES ASI, o la Lubertad de PENSAR Y HACER, debe anularse en favor deblis criterios de las personas del ejemplo. Se lo dejo planteado, Seguro que no me lo va a poder resolver RAZONABLEMENTE,
    Otra, el discurso es hueco, habla discurre, prlotea en el fondo sin reflexionar en lo que escribe
    Le oregunto, tomar la computadora y escribir su articulo expresando sus convicciones y mal uso de un lenguage sofisticado, es un derecho no ? Es un derecho que debe ser garantizado sin cortapizas no ? O eso parecen decir sus mas caras convicciones, Pues bien el mismo derecho tenemos para expresarnos y expiner nuestros argumentos, quienes oensamos libremente distinto al sutir, Sintetiso, los miembros de la Iglesia Catolica, Clero y Laicos como yo, tenemos el derecho natural inalienable, de expresar nuestras convicciones nutridas EN LOS EVANGELIOS,
    ESTO es definitivo, y viene a demostrar, la estreches argumentativa del autir, quien pir un lado se presenta como paladin de la libertad y la pluraludad, y parrafos abajo, se contradice de cabo rabo.

  4. ¿Quién le dijo al Sr. Ugarte que las personas de fe queremos su tolerancia? La vida de fe y sus manifestaciones en el ámbito público, tiene derechos, no sólo desde lo natural sino porque así también lo han declarado los grandes tratados internacionales sobre derechos humanos. Hay que tener menos miedos, para lograr una mentalidad más abierta. Gracias.

    1. Por supuesto Sr. Garcia, solo falta que a tipos como el autor, se les tenga permiso oara llevar a la vida personal, buscando influir en la cultura, aquello que parte de nuestras convicciones.
      Los babosos, babosadas dice, o acaso a visto que el Olmo de Peras ??

  5. ¿Que la Iglesia Católica «se empeña en colonizar las normas colectivas con sus dogmas y principios»? ¡Qué visión intolerante, discriminadora e ignorante! Ahora resulta que condenar el aborto, rechazar el «matrimonio igualitario» y estar en contra de la manipulación del embrión humano son expresión de una postura «antilaica por excelencia». El laicismo dogmático, causante principal de la falta de instrucción religiosa en México y de leyes contranatura que han sido promulgadas «democráticamente», se manifiesta una vez más con sus burdos y retrógrados argumentos.

  6. Por lo visto en este artículo para que un Estado sea laico, la población del mismo no debe tener religión. Ni los gobernantes, ni los funcionarios, ni los médicos ni maestros. INCREÍBLE.

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