Uno de los enemigos más organizados y poderosos de la sociedad mexicana es el narcotráfico. Quizá no se trata tan sólo de una empresa, puede que sea una presencia inevitable de la que ya no podremos librarnos. El narcotráfico, es terrible decirlo, está imponiendo o ya impuso una cultura: la de la violencia en calles, instituciones y dormitorios, la de la pistolización y el vidrio polarizado, la del rápido ascenso social, la de la corrupción, la impunidad y la bravuconería, la de los números negros a costa de saldos rojos. Es efectivo y parece estar en todas, si, en todas partes, hasta volverse, junto con la desigualdad y la justicia, uno de los tres grandes problemas nacionales. A lo largo de los últimos treinta años, México se ha convertido en un enclave estratégico del narcotráfico internacional. Por eso Nexos ha emprendido un viaje al México de las drogas. La serie "Viaje al país de las drogas" inicia en este número y promete, en números sucesivos, hacer escala en todas las estaciones. Hemos querido abrir la serie con este sondeo para ofrecer a nuestros lectores la opinión de diversos personajes de la vida pública mexicana sobre la legalización, o no, de las drogas en México.
Si bien el uso de drogas no está penalizado por nuestra legislación, su consumo y tráfico genera múltiples delitos que a últimas fechas han provocado un clima de inseguridad e incertidumbre en México. La legalización en este escenario se plantea como una alternativa de solución; sin embargo, por sí misma genera posturas encontradas en la sociedad. Este recuento presenta las reflexiones de personalidades de los más diversos sectores de la política, la cultura y el espectáculo. En él están ausentes las opiniones de los presidentes de los tres principales partidos políticos del país que, en una rara concordancia, no pudieron o no quisieron abordar el tema. María de los Angeles Moreno del PRI porque prefiere "hablar de política"; Porfirio Muñoz Ledo del PRD se excusó pues decidió, según sus propias palabras, "adoptar por norma no hablar de temas en los que no soy experto"; y Carlos Castillo Peraza se encontraba absorbido por los preparativos de la Asamblea Nacional del PAN.
Con todo y estas lamentables ausencias, esta encuesta al parecer cumplió el objetivo de ser un espejo que refleja las posiciones de quienes, desde distintos campos, forman y generan opinión en México, ante una pregunta simple pero trascendental: ¿legalizar la droga, sí o no?
JOSÉ AGUSTíN (ESCRITOR)
Por supuesto que sí, yo creo que se tiene que empezar por despenalizar y finalmente legalizar y reglamentar todo el consumo de drogas. Hay que discernirlas muy bien para ver el campo de acción de cada una de ellas, los efectos que producen y su reacción ante determinados grupos de la sociedad. Pero de entrada sería una medida muy positiva, especialmente porque representaría una lucha muy fuerte contra el narco, pues sacaría de la ilegalidad al tráfico de drogas. Tendería a desmantelarse toda la red de narcotráfico con las implicaciones profundas y monstruosas que tiene en los gobiernos de muchos países.
La legalización se debe someter a una consulta y a un análisis, eliminando toda la satanización y la manipulación política que ha traído consigo el fenómeno de las drogas. A los sectores duros que se opondrían, cuya capacidad es la fuerza y no la argumentación, se les puede neutralizar mediante una lucha frontal con argumentación profunda, persistente y tenaz, que haría posible dejar romas sus armas.
GLORIA TREVI (CANTANTE Y ACTRIZ)
No. Si me preguntaras si estoy de acuerdo con la legalización del aborto, te diría que sí, pero en el caso de las drogas estoy completamente en contra porque son terriblemente adictivas. Si quieres fumar cigarros, pues bueno, ya sabes que luego de muchos años te vas a morir de cáncer pulmonar, pero no es lo mismo con las drogas. A la gente le basta probar la droga unas dos que tres veces para volverse adicto.
La legalización le daría muchas facilidades a los narcos, y no se vale, porque abusan y obtienen sus ganancias vendiendo a niños y chavos que tienen alrededor una realidad horrible y triste, y que con las drogas buscan escaparse a un mundo mejor y distinto aunque sea falso o sólo una ilusión.
Lo que se debe hacer es luchar contra las drogas, pero de verdad, y condenar a todos los que las trafican, aunque estén en el gobierno. Ayudar también a todos los que se han vuelto adictos. He visto cómo sufren los adictos. Tengo un amigo, un chavo banda, y las drogas lo han afectado terriblemente. Si se legalizan las drogas, al rato tendríamos comerciales que dirían "prueba esta porque viajas mejor".
La verdad es que me indigno sólo de pensar que se legalizaran. En el caso del aborto o de la prostitución estoy de acuerdo con su legalización; cada quien es dueño de su cuerpo y es mejor ir al hospital que ver a jovencitas que mueren desangradas en el baño. O, si vemos dónde se ponen las muchachas en la ciudad para trabajar en el sexo, y cómo la policía las persigue y hasta les pide favores para que puedan trabajar, entonces la prostitución también debe legalizarse. Pero legalizar las drogas no, porque con ellas se muere la gente. Hay que estar por la vida. Por eso voten por mí cuando me lance de candidata a la presidencia, ¿no?
JACQUELINE PESCHARD (POLITÓLOGA Y PROFESORA-INVESTIGADORA DE EL COLEGIO DE MÉXICO)
Sí, estoy a favor, pero con condiciones precisas, no puede ser algo que haga sólo un país individualmente, sino que tiene que hacerse a través de un ordenamiento legal preciso, acordado por el conjunto de los países, en este caso, por lo menos de los países de América. Pero lo que me queda claro es que no se puede hacer una legalización unilateral o aislada, ya que no operaría si así fuera. Eso representaría necesariamente un acuerdo entre Estados Unidos y los países productores latinos.
Uno de los beneficios que se obtendrían de la legalización sería disminuir el tráfico. Lo que ha hecho la prohibición es abrir márgenes de complicidad y de espacios dentro de los gobiernos que han sido ocupados por los grupos de narcotraficantes. Esto liberaría, abriría, ventilaría la posibilidad de que se rompiera con eso que siempre es secreto, que no se sabe, pero que a pesar de todo sí sabemos y es que con el narco están involucrados en alguna medida buena parte de los gobiernos del mundo. Si no se hace la legalización se corre el peligro de la generación de Estados dentro de Estados.
TERESA JARDí (DIRECTORA DEL DEPARTAMENTO DE DERECHOS HUMANOS DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO)
La lucha contra el narcotráfico está perdida, porque los intereses son grandísimos por la derrama de dinero que significan y porque los gobiernos nunca tuvieron interés en controlar el problema en virtud del dinero que reciben. La guerra contra el narco es una farsa. La única solución es despenalizar el producto, convertirlo en una mercancía sujeta a aranceles y dedicar los recursos a la atención de la adicción, mandando dinero a salud y educación para atender a los adictos adecuadamente y prevenir la adicción. Que la mercancía se sujete a aranceles y se caiga la cantidad de dinero que produce como un producto clandestino. La droga sería un producto que los adictos encontrarían en las farmacias, en lugares sujetos a la reglamentación adecuada para obtenerlo en condiciones de sanidad. Así se acabaría además con la generación de una enorme cantidad de delitos que se dan porque se necesita el dinero para obtener el producto.
Por ejemplo, dicen que el narco y la adicción es la misma cosa, y los engloban, cuando lo cierto es que son distintos por completo. La adicción es un problema de salud y el narco es un problema de bandas criminales que en este momento son de narcopolíticos, están involucrados políticos de todo el mundo. El narcotráfico es un problema de bandas criminales transnacionales vinculadas a la política de los países.
El problema del narco es que deteriora y contamina todo, y estamos viviendo los riesgos de estar en manos del narcotráfico. México es el mejor de los ejemplos posibles.
SASHA (ACTRIZ, MODELO Y CANTANTE)
Bueno, de entrada es un tema bien difícil. Igual, no porque se legalizó el alcohol dejaron de haber alcohólicos y aunque se legalice la droga seguiremos habiendo adictos. Pero creo que si se legalizara tendría que ser una cuestión global, porque si no, México sería el antro más grande del mundo. Y no sé si México como país esté preparado en el terreno de la educación, en el terreno cultural, para la legalización de las drogas.
Ahora, el hecho de que no se legalicen tampoco evita las drogas, tampoco hace que no existan. Probablemente legalizándolas a nivel mundial se evitarían el narcotráfico y el lavado de dinero. El narco no nada más afecta la salud, afecta la economía de los países. Mi respuesta es "no sé". No sé qué sería mejor. Siento que por una parte sí sería mejor legalizarla, aunque de alguna manera al principio habría un boom: "Bueno, se legalizó, vamos todos a probar la droga". Esto sería un problema.
Pero, por otra parte, se evitaría tratar con gente nefasta como la que tratas cuando usas. Y también se evitaría el lavado de dinero que es muy fuerte y afecta la economía de los países. Te metas o no te metas droga, finalmente te ves afectado por ella aunque no la uses. Tengo pensamientos encontrados ante la idea de legalizar las drogas.
ANTONIO LOZANO GRACIA (PROCURADOR GENERAL DE LA REPÚBLICA Y DIPUTADO DEL PAN CON LICENCIA)
Con la legalización de las drogas no estoy de acuerdo, pero no tendría que ser, o no es, un no rotundo. Me explico. La legalización de las drogas traería consigo el alto riesgo de degenerar, contaminar y dejar de proteger valores fundamentales para una sociedad, porque una legalización ahora, sin razón, sin medida o proyecto, atacaría a las clases más vulnerables de la sociedad, que en este momento en México son muchas, pero que además en los países productores o consumidores, cada día lo vemos por la estadística, son crecientes.
Podemos ver experiencias de estos países que han seguido los caminos de la legalización, y no han tenido una solución definitiva, si no que esto les ha acarreado problemas colaterales. Por ejemplo, Holanda legalizó y no hubo reducción ni de consumo ni de precio. Nos tienen que servir esas experiencias, pero tampoco podemos seguir indefinidamente en una carrera en donde cada vez invertimos más recursos y más esfuerzo humano y no se tiene el resultado deseado o esperado a mayor inversión. Por tanto el problema, como México lo ha sostenido siempre, debe de verse integralmente y debe de atacarse en todos sus ángulos. ¿A qué me refiero? Bueno, primero a programas en inmediato, mediano y largo plazo, que refuercen los valores, la educación, la fortaleza de la familia, pues me parece que en México ha quedado muy claro que la principal defensa contra el consumo de las drogas es la integración familiar. La clase media, donde es más sólida, es la clase social que más resiste; la clase baja, que por su propia naturaleza se desintegra, o la alta, que por efectos de grandes recursos se desintegra, son las más vulnerables, por desesperación, desamor y desunión.
Entonces, antes de pensar en una legalización, tenemos que pensar en otras muchas cosas como, primero, fortalecer los valores y la unidad familiar mediante la educación. Segundo, fortalecer el combate frontal a las drogas, pues hay que hacerlo efectivo: mientras hagamos "como que" las combatimos, pues no sabemos realmente qué puede pasar. Cuando las combatamos en serio, podremos tener un parámetro diferente. Tercero, tratar de combatir realmente sus efectos, es decir con planes médicos, clínicos, de orientación, psicológicos, de rehabilitación, en donde tenemos que involucrar a la sociedad como lo han hecho otros países. Debe lograrse que los agricultores pobres tengan otras alternativas. Una vez que hagamos todo esto, y que estemos obteniendo mejores resultados, entonces sí tendríamos que sentarnos todos los países a analizar cómo ha evolucionado el problema y a ver cómo le podemos quitar lo atractivo como negocio, que es lo que le da tanto auge y tanto poder al narcotráfico.
ALEJANDRO ENCINAS (SECRETARIO DE ORGANIZACIÓN DEL PRD)
Estoy en favor de que se legalicen las drogas blandas, no las duras. Es decir, aquellas drogas que no tienen procesamiento químico. Eso ayudaría sin lugar a dudas a evitar el desarrollo de mafias vinculadas con el narcotráfico y a regular -a través de una política de salud pública- su uso.
Sobre ese tema el PRD no tiene una posición formal, en su interior existen las dos corrientes. Los que están en contra consideran que se fomentaría su uso, y quienes estamos a favor creemos que la legalización ayudaría a regular mejor ese mercado y, con una buena campaña de orientación, las drogas causarían menos daño que el propio alcohol.
Uno de los mayores obstáculos para enfrentar cabalmente la producción y distribución de estupefacientes, es que los grupos de narcotraficantes se han venido coludiendo con sectores de la esfera gubernamental. Si realmente se intentara detener a los zares de la droga sería relativamente sencillo: todos saben quiénes son y dónde viven, pero es una falta de voluntad y decisión política el hecho de que estos tipos continúen con sus actividades ilícitas.
EDUARDO VALLE (PERIODISTA, EX-ASESOR DE LOS PROCURADORES JORGE CARPIZO Y DIEGO VALADÉS)
Bueno, en primer lugar sí, por supuesto que estoy de acuerdo en que se legalice la droga. El porqué es muy sencillo. Porque no hay otra manera de, primero, bajar las ganancias de las organizaciones criminales multinacionales. Y segundo, porque es la única forma de que tú como Estado, o como el conjunto de la comunidad internacional, puedas establecer verdaderas políticas de salud preventivas. Si no tienes esto, definitivamente no puedes resolver ese gravísimo asunto en donde se vinculan delincuencia, consumo absolutamente irracional de drogas y, evidentemente, todo el conjunto de problemas que van desde corrupción en el Estado hasta fenómenos financieros internacionales: todo lo que implica el manejo de este inmenso negocio que es el narcotráfico, que puede llegar sin mayor problema a 500 mil millones de dólares anuales de ganancias.
El problema no es el sí ni el porqué solamente. Lo que importa es bajo qué condiciones, que son necesariamente las de golpear a las cabezas del narcotráfico internacional. Es decir, golpear en Burma al señor de la droga y del opio, en Paquistán al jefe del servicio de inteligencia, en México a las cabezas de las empresas criminales multinacionales como Garcí¿a Abrego y los hermanos Félix, y en Estados Unidos, en Canadá, en Francia, en Alemania, a los señores Cohen, Schmidt, Wilson o quienes sean. Necesitamos una visión global del fenómeno que es en sí mismo multinacional y que implica producción en países como Colombia, México, Burma, Paquistán y el antiguo triángulo de oro en el sureste asiático, y el consumo en países como Canadá, Francia, Estados Unidos, España, el tránsito por el Caribe y, evidentemente, un inmenso y gigantesco tráfico de droga en México.
Otra condición implica limpiar el sistema financiero internacional del dinero del narco. Lo que acaba de suceder en Inglaterra con la quiebra del banco de la reina es un indicio, un foco rojo más, de que las cosas han llegado en esa esfera y ese nivel a una situación en que cualquier ruptura o bancarrota importante, ya sea de un banco o un país, puede colocar al sistema financiero internacional en una situación terriblemente difícil.
Eso implica empleos, productividad, crimen organizado.
GIROLAMO PRIGIONE (EMBAJADOR DE EL VATICANO EN MÉXICO)
La droga no se debe legalizar. La droga es un mal y al mal no se le debe combatir con el mal, como lo consigna el Apocalipsis.
La legalización es parcial. A más de ser contraria al espíritu superior que inspira la ley, no alcanza los efectos que pretende y la experiencia común lo confirma.
Por lo tanto, prevención, represión, rehabilitación, he aquí los puntos focales de un programa concebido y actuado a la luz de la dignidad del hombre, que sustentado por la seriedad de los gobiernos de las naciones y sus pueblos reciben la confianza y el apoyo de la Iglesia. Son palabras del Papa Juan Pablo II y es mi opinión.
PONCHO FIGUEROA (MÚSICO, BAJISTA DEL GRUPO SANTA SABINA)
Estoy de acuerdo con que se legalicen las drogas. Porque la penalización hoy en día es el pretexto para que la autoridad se yerga sobre la sociedad y trate a los ciudadanos como menores de edad. Por la desinformación que existe, se comete el error de generalizar las drogas. Sabemos que hay drogas duras y blandas. La penalización no ha logrado que se acaben las drogas, ni los drogadictos, ni la producción ni el comercio de las drogas, por lo contrario, ha justificado que por ejemplo se siga produciendo armamento con base en la guerra contra el narco, la poca seguridad ciudadana. Los consumidores de droga son la última parte de la cadena y son los que realmente padecen esta falta de conciencia sobre el problema las drogas. El gobierno mexicano y los gobiernos del mundo no le han dado la importancia real al problema, para ellos lo importante se combate con armas, así no existe la premisa de dialogar o meditar hasta dónde está llegando este problema, pero a lo mejor lo tienen más claro de lo que nosotros creemos y nada más le están tapando el ojo al macho.
Estoy a favor de la legalización porque al igual que el tabaco y el alcohol, todo depende de la información previa que tengas de las circunstancias, los adultos protegen por ejemplo a los niños para que no fumen porque hace daño a los pulmones, eso sirve para que ellos mismos con toda esa información hagan conciencia y decidan. Con las drogas podría pasar exactamente lo mismo.
RAÚL TREJO DELARBRE (DIRECTOR DE LA REVISTA ETCÉTERA)
No sé, no estoy seguro. Una posición liberal, flexible, libertaria, me sugiere casi de una manera espontánea que la legalización sería el mecanismo no sólo para admitir el derecho de los individuos a consumir lo que les dé la gana, sino para de esa manera combatir el negocio de los estupefacientes. De inmediato, vienen a la memoria, y a la imaginación, las escenas del prohibicionismo estadunidense al consumo del alcohol, que dio lugar al surgimiento de poderosas y alcaponescas mafias que medraban fabricando y vendiendo el indispensable producto que, encarecido, se volvía más codiciable. La desprohibición no terminó con las mafias pero las obligó a cambiar de giro. Tampoco aumentó el alcoholismo, pero lo hizo menos punible y, ya sin el halo perverso de la clandestinidad, menos extravagante.
Otras experiencias indican que el problema no es tan sencillo. En Holanda, la despenalización al consumo de drogas creó un aparentemente paradisiaco territorio liberado que poco a poco fue confrontándose con la realidad hasta que la posibilidad del consumo sin prohibiciones dejó de ser tan atractiva. Sin embargo, ese intento recordó que de nada sirve la liberalización en un país, cuando en el entorno existen otras reglas. Es decir, en nuestro caso puede resultar ociosa la discusión sobre despenalización y legalización sólo en México. El problema no es únicamente nuestro. La solución, tampoco.
¿Cuál es el problema? No el consumo, sino las poderosas redes de interés que se tejen en torno a la producción y el comercio de un producto que, por ilícito resulta más costoso. Sin embargo, pensar que los carteles y los capos desaparecerían si creamos una disneylandia del consumo abierto en donde ellos no son necesarios, equivaldría a suponer que ellos y sus intereses existen por la prohibición, y no por el afán de ganancia ilícita y enorme que es lo que realmente los mueve.
Por otro lado, una cosa sería legalizar el consumo, y otra muy distinta, el comercio de estupefacientes. También hay de drogas a drogas, es preciso esclarecer a cuáles se refiere la pregunta. No es lo mismo (ni en precio, ni en disponibilidad, ni en efectos químicos, ni en capacidad relajante o perturbadora) la mariguana que la cocaína, por ejemplo.
El asunto es muchísimo más grande y espinoso que preguntar ¿legalizar, sí o no?, pero si encuestas como éstas sirven para destacar las complejidades del tema, estaremos avanzando hacia una discusión enterada y completa. En fin, ¿legalizar sí o no? Yo diría, después de todas las premisas anteriores: depende.
Néstor L. Ojeda. Periodista. Reportero del Canal 40 de televisión.