Crónica de la alternancia

Épica política o suma de pequeñas decisiones, ruptura radical o proceso reformista, inevitable o impensable: la transición democrática de México puede ser cualquiera de los binarismos anteriores; a veces más de uno, según a quien se pregunte. A ojos de muchos, es también una comedia de enredos en donde los que pierden elecciones ganan legitimidad democrática, los que han luchado por la apertura del sistema terminan beneficiando a sus adversarios, y quienes ganan no saben qué hacer con el poder una vez en el puesto. Los más sorprendidos son, también, quienes con mayor ahínco se dedicaron por años a legislar, vigilar, educar cívicamente, contar los votos y al final, dar los resultados: son los árbitros de un juego que construyó sus propias reglas poco a poco, conforme avanzaba el partido.

Lo que sigue es una historia oral de la elección del 2 de julio del 2000 —el contexto, las campañas que la precedieron, la jornada electoral cargada de expectativas, dudas y sospechas, la decisión final y el día posterior a la elección— en palabras de algunos de sus protagonistas: expresidentes, candidatos, jefes de campaña, líderes de los partidos políticos, secretarios de Estado, consejeros del IFE y expertos. Está conformada por una selección de fragmentos de la transcripción de más de cuarenta horas de entrevistas. Hemos editado cada cita para hacerla más concisa y clara, sin alterar su sentido original. Estos extractos no siguen el orden en el que fueron pronunciados por los interlocutores; obedece más bien a la lógica del montaje cinematográfico. Es una historia, como todas, del pasado pero también del presente.

Dramatis personae

La historia que sigue está contada en primera persona por sus actores fundamentales, los expresidentes, los excandidatos, los exjefes de partidos, los exjefes de campaña y los árbitros electorales.

•  Ernesto Zedillo: presidente de la República (1994-2000)
•  Vicente Fox: candidato del PAN en el 2000 y presidente de la República (2000-2006)
•  Felipe Calderón: jefe del PAN en el 2000 y presidente de la República (2006-2012)
•  Francisco Labastida: candidato a la Presidencia de la República por el PRI (2000)
•  Cuauhtémoc Cárdenas: fundador del PRD y tres veces candidato a la Presidencia de la República por este partido (1988, 1994, 2000)
•  Diego Fernández de Cevallos: candidato a la Presidencia de la República por el PAN (1994)
•  Dulce María Sauri: presidenta del PRI (1999-2002)
•  José Woldenberg: consejero presidente del IFE (1996-2003)
•  Luis Carlos Ugalde: consejero presidente del IFE (2003-2007)
•  Lorenzo Córdova: presidente del INE (2014-2023)
•  Amalia García: fundadora del PRD y presidenta del partido (1999- 2002)
•  Jesús Ortega: secretario general del PRD (1996-1999)
•  Jesús Zambrano: miembro fundador del PRD
•  Santiago Creel: candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal (2000) y secretario de Gobernación (2000-2005)
•  Jorge Castañeda: asesor de la campaña de Vicente Fox y secretario de Relaciones Exteriores (2000-2003)

 

I. La confianza no se puede decretar

Ernesto Zedillo
Un poder sin contrapesos es un poder que abusa, es un poder que lleva a decisiones equivocadas y sin ninguna consecuencia. Si el gobierno tiene los mecanismos para controlar el resultado de la próxima elección, no hay costo que pagar. El abuso del poder era la causa de la tragedia nacional. Las elecciones de 1994 habían sido legales pero inequitativas. Los votos se contaron bien, pero las reformas políticas que anteceden esas elecciones aún no daban un piso parejo para la competencia política. Eso lo tenía yo muy claro; durante la campaña, yo había llamado a una reforma política definitiva, que le diera al país lo que entonces yo llamaba una normalidad democrática: elecciones legales y justas, donde no prevaleciera el conflicto de interés de que la Secretaría de Gobernación organizara las elecciones. Lo dije durante la campaña, lo dije como presidente electo y el día de la toma de posesión lo volví a decir.

Vicente Fox
Yo creo que [Zedillo] fue el último eslabón de esa cadena de esclavitud y autoritarismo que tuvo México desde el presidente Calles. Ese eslabón se debilitó y se rompió por esfuerzos que se hicieron desde el 68. Entonces, el PRI, cuando empezó a sentir que la lumbre le llegaba a los aparejos, empezó a hacer concesiones minúsculas con la idea de sostenerse en el poder.

Amalia García
El sexenio de Zedillo fue un sexenio marcado por una confrontación interna fuerte, que empezó con el llamado “error de diciembre”. Le dejan el país destrozado: el desastre económico, el alzamiento zapatista el mismo día que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio… Aunque en el caso de Chiapas actuaron de una manera brutal, Zedillo toma la determinación de aceptar los reclamos democráticos, de reconocer que se requerían nuevas instituciones, otro trato con la oposición. Eso contribuyó a que quienes estábamos empujando reformas democráticas tuviéramos menos resistencia. Además estaba el contexto internacional: México había sido visto como un gobierno muy sólido, consistente, con consenso, pero empezó a deteriorarse. Zedillo ya no contaba ni con esta imagen de solidez. Y tenía, como dicen en los pueblos, “muchos fierros en la lumbre”.

Jesús Zambrano
En el PRD no se reconoció legalmente el triunfo de Zedillo en el 94. Estaban frescos todavía los asesinatos de Colosio, Ruiz Massieu, el cardenal Posadas. Era una situación muy difícil para el país. Pero la actitud de Zedillo fue, hay que reconocerlo, de mucha madurez y apertura.

Ilustraciones: Víctor Solís

José Woldenberg
¿Cuáles son las condiciones para que haya una transición democrática? Que la diversidad política que existe se exprese. Pero había que ofrecerle un conducto para expresarse. Decíamos:
—Éste es un país que no cabe en un partido hegemónico.
¿Cómo se fue forjando ese tránsito? Con mucha conflictividad. El acicate del cambio fueron los conflictos. En aquel entonces surgieron partidos políticos, organizaciones cívicas, una gran cantidad de observadores electorales. En 1994 los votos se contaron bien. Nadie impugnó con seriedad el triunfo de Zedillo. Afortunadamente, Zedillo, incluso ya como el presidente electo, dijo:
—Yo gané y gané bien, pero las condiciones de la competencia fueron desiguales.
Entonces la reforma del 96 se abocó, entre otras cosas, a construir condiciones más o menos equitativas de competencia. La tarea del IFE era recuperar la confianza. Y la confianza no se puede decretar.

Amalia García
En el sexenio de Salinas, cerca de quinientos compañeros, personas afiliadas al nuevo PRD, fueron asesinados. Había una absoluta intolerancia a reconocer que pudiéramos crecer. Se había dado una reforma electoral para que tuviéramos presencia, pero no para que tuviéramos poder. El PRI no permitía que la izquierda creciera; que ninguna fuerza política creciera. Pero había presencia territorial, teníamos un trabajo que después de las elecciones continuó; eso para el PRI resultaba insoportable. El PRI había tenido votaciones [con resultados a favor] 100 %, ficticias, pero de 100 %. Ya con la oposición, empezó a tener votaciones del ochenta y tantos por ciento. Cuando viene el 88, llegaron a la conclusión de que esto podría terminarse. Además, fue una época en la que quienes habían tenido enorme poder empezaron a perderlo: vino la caída del Muro de Berlín, llegó Gorbachov y empezó a plantear reformas económicas y democráticas… El PRI empezó a ver que se movía el mundo de otra forma y su manera de enfrentarlo fue el acoso, la persecución, los asesinatos.

José Woldenberg
La izquierda es un universo muy complicado. Hubo intelectuales de izquierda muy importantes, como Carlos Pereyra, que desde muy temprano entendieron que incluso un proyecto socialista sin democracia acababa en dictadura. Y que era muy importante entender que la democracia no solamente era una vía para, sino era un compromiso para hoy, para mañana, para siempre, porque las sociedades no iban a dejar de ser diversas. Yo creo que lo más importante sucedió por la vía de los hechos, una franja importante de la izquierda empezó a comprender que ese compromiso con la democracia era necesario. En 1977, con la reforma, quien primero toma la palabra fue el Partido Comunista Mexicano. Poco a poco, diferentes contingentes de la izquierda pidieron su registro. Ya no digamos en 1988 con el Frente Democrático Nacional y el exitazo electoral de Cárdenas. Eso fue lo que convenció a mucha gente de que la vía electoral era la vía, y aquellas añoranzas revolucionarias armadas empezaron a caer. La izquierda parecía que se comprometía con la vía democrática.

Jesús Zambrano
Terminamos reconociendo que no había condiciones para que en México se diera un cambio por la vía armada. La policía empezó a golpear y a diezmar a múltiples grupos guerrilleros en las ciudades y en las zonas rurales en el país; los encarceló, asesinó, desapareció a centenares, si no es que a miles de sus integrantes. Otros caímos en la cárcel un tiempo… Hasta que llegó el momento en que algunos de los dirigentes de estos grupos empezaron a decir:
—Estamos equivocados; estamos diezmados; en lugar de ser más fuertes, cada vez somos más débiles. Ése no es el camino.

Ernesto Zedillo
Yo no creo que haya habido muchos dinosaurios en mi partido que dijeran “este es el fin del mundo”. Para empezar eran muy disciplinados los dinosaurios y los no dinosaurios; y en el caso del PRI, apoyaron, tan apoyaron que se hizo la reforma. El diálogo era más complicado con los partidos de oposición. Pero, al final de cuentas, reconocíamos que todos estábamos buscando lo mismo y por eso fue posible llegar a acuerdos.

Jesús Zambrano
En el PRD, un grupo plural del que formaba parte Porfirio Muñoz Ledo, junto con otros dirigentes, principalmente los que veníamos de movimientos sociales y guerrilleros, dijimos: “La estrategia de confrontación a ultranza con el gobierno, de no sentarnos a dialogar, no nos va a llevar a ningún buen puerto”. Entonces empezamos a plantear —frente a lo que Cuauhtémoc Cárdenas y Samuel del Villar decían, que planteáramos una estrategia de pelear por un gobierno de salvación nacional frente a los entreguistas— la necesidad de una transición pactada a la democracia. Fuimos a un Congreso Nacional, el de Oaxtepec, y después de un debate muy rico, votamos. Ganó la estrategia de la transición pactada a la democracia. A partir de ahí, empezamos las pláticas con el gobierno y con el PRI para una reforma electoral profunda de la que resultaría la reforma político-electoral del 96.

Santiago Creel
El PRI, que toma la decisión de abrir el sistema, es el de la reforma política de 1996. Esa reforma viene precedida de un ejercicio al que convocamos dos consejeros ciudadanos, José Agustín Ortiz Pinchetti y yo: el Seminario del Castillo de Chapultepec, un espacio de convergencia entre activistas y ciudadanos donde hacíamos planteamientos de cómo mejorar la elección. Ya éramos unos expertos, veníamos del proceso anterior donde había triunfado Zedillo, un triunfo legal pero inequitativo. Decidimos que el seminario tenía que ser en un lugar emblemático, memorable. En el Castillo había vivido Calles, así que le hicimos una treta a la Historia; porque quien construye el sistema hegemónico, como nosotros lo conocíamos en ese momento, es Calles, y utilizamos su casa para deconstruirlo.

Ernesto Zedillo
Una reforma que le va a dar a un país democracia real tiene que ser una reforma que se acuerda con todos. En ese caso con todas las fuerzas que estaban representadas en el Congreso. Nunca se me ocurrió llamar a mi partido nada más. Hubiera sido inútil decir: “Lo vamos a hacer, y lo vamos a hacer tan bonito que los otros nos van a aplaudir”. Nunca nos hubieran aplaudido porque no se les tomó en cuenta. Tuve que lidiar con Muñoz Ledo, con varias de las gentes de su Comité Ejecutivo Nacional, con quienes yo había tratado mucho cuando era secretario; entonces no era imposible comunicarme con ellos. ¿Tenía yo la certeza de que íbamos a acordar todo? No. Pero no tenía ninguna duda de que podíamos dialogar. Tampoco era fácil porque ellos también tenían presiones; algunas de sus gentes les decían:
—¡No hables con el Gobierno!

Santiago Creel
Ya teníamos toda la definición de lo que era la inequidad. Se abre la mesa, la condujimos Ortiz Pinchetti y yo, e invitamos a los partidos. Los primeros que nos aceptaron fueron los de oposición: Castillo Peraza por parte del PAN, Porfirio Muñoz Ledo por parte del PRD, con alrededor de 30 o 40 activistas, politólogos, académicos, miembros de partido, un cúmulo de personajes que tenían una enorme experiencia en la parte electoral, y que empezaron a hacer propuestas. Hubo un punto en que el PRI se convence de estar presente y, cuando entra Santiago Oñate Laborde, empezamos a ver los temas con otros ojos, otra seriedad. Imagino que ya tenía la anuencia del presidente Zedillo. Estábamos en contacto con muchos funcionarios del presidente, que también alentaban este proceso. Hubo un primer acuerdo que fue el 12 de diciembre de 1995. Nos dimos la mano en casa de Ortiz Pinchetti. Muy emblemático el día: 12 de diciembre, la Virgen de Guadalupe, sin colores militantes, estuvo presente.

Ernesto Zedillo
Llevó mucho tiempo, hubo situaciones de chantaje. Un día el PAN se retira de las negociaciones. Le hablo a Carlos Castillo Peraza y le pregunto por qué se retira:
—Es que en Puebla, el gobernador, que es un cacique, nos robó cínicamente una elección. —Y me dio el nombre de algún municipio muy chiquito.
—Pero, Carlos, ¿cómo podemos sacrificar una gran reforma política por un incidente de esta naturaleza?
—No —me dijo—. Hasta que no se arregle eso no volvemos a la mesa.
Fueron dieciocho meses. Yo diría que el tiempo que se invirtió no fue tanto porque los temas fueran imposibles, lo que lo dilató fue que otras cosas estaban sucediendo en el país y eso entraba en juego para las tácticas y las estrategias políticas.

Santiago Creel
Finalmente, el 25 de julio de 1996, nos convoca el presidente Zedillo a Palacio Nacional. Nos invita a los integrantes del Seminario y a los presidentes de los partidos para dar el visto bueno a lo que sería la reforma de 1996. Sin el PRI hubiera sido imposible hacer un proceso de transición pacífico por la vía de las instituciones.

Cuauhtémoc Cárdenas
Las circunstancias obligaron a Zedillo a buscar una salida política, tomando en cuenta que la situación económica tampoco era muy boyante. Tras el “error de diciembre”, entre las cuestiones que tuvo que hacer el gobierno para apaciguar un tanto la reacción política, aparte de la económica, donde hubo también muchas restricciones a la inversión, fue darle autonomía a la autoridad electoral: la separan de la Secretaría de Gobernación. Se elige a una serie de consejeros independientes, se decide hacer una elección en el Distrito Federal, para elegir, por primera vez, a un Ejecutivo que ya no será prerrogativa del Ejecutivo federal.

Jesús Zambrano
Zedillo dijo: adelante con el paquete de reformas electorales que estábamos planteando PAN, PRD y PRI. La independencia del IFE, del Tribunal Electoral, las elecciones para jefe de Gobierno del Distrito Federal, luego las delegaciones o alcaldías. Duramos semanas enteras con reuniones que empezaban a las nueve de la noche y terminaban a las cuatro de la mañana y al otro día, a seguirle. Pero llegamos a la reforma. Zedillo no se opuso, él entendió que el país con todo lo que había pasado no podía seguir así, había que abrir y soltar el control de las elecciones de parte del gobierno.

José Woldenberg
Hubo momentos de avance y de retroceso. Estamos muy acostumbrados a pensar el cambio en términos catastróficos. Si se habla de una revolución, claro que hubo un cambio. Si hay un golpe de Estado, claro que hubo un cambio. Pero cambios graduales, pausados, negociados, a mucha gente le resultan anticlimáticos. Y no falta quien diga que es puro gatopardismo; creo que es no entender el asunto.

 

II. Sacando al PRI de Los Pinos

Diego Fernández de Cevallos:
[El 2 de julio del 2000] fue el fin de una época en la cual la competencia por el poder político se decidía puertas adentro del partido de Estado. Fue consecuencia de la larga lucha de muchos hombres y mujeres, con muy diversas ideologías, que lograron penetrar en esas estructuras que, como todas, no eran ni podían ser eternas.

Amalia García
Recuerdo muy bien la elección. Ese periodo fue muy interesante; sobre todo porque, previo a la definición de quiénes serían los candidatos de la oposición, hubo conversaciones muy constantes, intensas, buscando la posibilidad de tener una sola candidatura de la oposición.

Jorge Castañeda
El que lo dijo con mayor claridad fue Octavio Paz, que si no había algún tipo de alianza PAN-izquierda, se llamara PRD o se llamara como fuera, iba a ser muy difícil sino es que imposible, derrotar al PRI en una elección. Entonces, a partir de ahí, y con los del grupo San Ángel, empecé a tratar de construir, junto con muchísimos más, algún tipo de alianza PAN-PRD.

Amalia García
Hubo reuniones. Las figuras que estaban presentes eran Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox. Las reuniones duraron horas y horas… Lo más intenso era entender cuáles serían los puntos de coincidencia, qué proyecto de gobierno sería el que nos podría conjuntar. En esas reuniones también participó una buena parte de la intelectualidad democrática. Además, de parte del PAN iba Diego Fernández de Cevallos. Estaba yo, que era presidenta nacional del PRD, Santiago Creel, Alejandro Encinas; participando de manera muy activa estaba Manuel Camacho Solís y muchos más. Creo que todos actuamos de buena fe.

Jesús Ortega
Hubo un momento en donde podía darse la unidad a partir de que declinara Fox o Cárdenas. En la casa de campaña de Fox nos reunimos los dirigentes del PAN y del PRD para ver esa posibilidad. Ahí, la expresión del ingeniero Cárdenas:
—Vamos a hacer una consulta, un sondeo popular para ver quién declina.
Y Fox decía:
—No, la decisión es hoy, hoy, hoy.

Amalia García
A la hora de plantearnos el método de decisión de quién sería el candidato, en el PRD propusimos las urnas, con todos los simpatizantes, no sólo con los afiliados de los partidos. El PAN dijo:
—No, porque el PRD no es confiable.
Se llegó a plantear la posibilidad de que entonces no fuera en urnas, sino tal vez encuestas o que hubiera un método mixto. Pero estábamos en eso cuando un día amanecimos y Vicente Fox declaró que él era el candidato del PAN. Entonces se acabaron las mesas. Ahí se terminó esa posibilidad.

Vicente Fox
Fueron charlas entre dos personajes, no entre dos partidos políticos. Fueron muchas pláticas con Cuauhtémoc. Hasta que llegó el punto de decir: si ganamos, el PAN y el PRD juntos, ¿quién va a ser presidente? Mi respuesta fue espontánea y rápida:
—Va a ser presidente Vicente Fox.
Y él dijo:
—No. Va a ser presidente Cuauhtémoc Cárdenas.
Y así como habíamos caminado para lograr los arreglos suficientes para ir juntos a esta batalla electoral, al final esa definición personal fue lo que nos separó en definitiva y cada quien se puso a buscar el triunfo por su lado.

Cuauhtémoc Cárdenas:
Fox hizo una buena campaña, hay que reconocerlo.

Vicente Fox
Nada me gustó más en la esfera política que hacer campaña. Hacer gobierno no es tan divertido, es bastante más complicado y, por tanto, para mí la campaña era alegría, felicidad, mucha adrenalina, algo muy particular y muy profundo.

Jesús Ortega
En el PRD teníamos un candidato que al inicio de la campaña parecía que podía ganar las elecciones, pero conforme se fue desarrollando vimos que nuestras posibilidades se redujeron de manera significativa: en primer lugar, Fox; en segundo lugar, Labastida; y en tercer lugar, Cárdenas.

Jorge Castañeda
La campaña de Fox tuvo la gran ventaja de que se fue preparando desde bastante tiempo antes. Declara su candidatura al día siguiente de las elecciones de 97, pero ya venía trabajando tal vez desde 95: equipos, dinero, imagen, plataforma. Esa anticipación permitió muchas cosas, para empezar: juntar dinero y preparar algunas negociaciones; decir:
—No se espanten. No es el fin del mundo si pierde el PRI y gana la oposición.
Esto se hizo de diversas maneras con diversos sectores, con el empresariado de distintas partes de la República, también con los gringos y con la Iglesia.

José Woldenberg
En la reforma electoral de 96 se tomó muy en serio el tema de las condiciones de la competencia. Los legisladores tomaron dos palancas muy poderosas para tratar de construir un terreno más o menos parejo: el dinero y el acceso a los medios de comunicación. Se multiplicó, ya no sé por cuánto, el financiamiento público a los partidos.

Jorge Castañeda
En la reforma de 96, lo que se dijo fue:
—A ver, ¿cuánta lana tiene el PRI?
—Pues, equis cantidad.
—Ok, pues muy bien, entonces, que sea parejo a los demás.
Todos juntos los demás. No cada uno de los demás. Lo cual creaba, por definición, una situación donde los demás, si querían competir, tenían que juntar mucho dinero privado. No había manera de que alcanzara con las puras prerrogativas porque estaban diseñadas para ser desiguales.

José Woldenberg
Tres objetivos se buscaban con esa reforma: equilibrar las condiciones de la competencia; intentar que los partidos políticos no estuvieran sujetos a las presiones de los grandes grupos económicos o delincuenciales; y transparentar el flujo de recursos. Por la vía del acceso a los medios de comunicación se multiplicaron los tiempos, que se llamaban entonces “de Estado”, para que los partidos pudieran aparecer haciendo ahí sus campañas. Se utilizó esta fórmula: 70 % del tiempo iba a ser proporcional al número de votos que hubieran obtenido en la última elección y el 30 % de manera igualitaria. La verdad es que, a partir de las elecciones del 97, las condiciones de la competencia fueron otras. No voy a decir que son totalmente equilibradas, pero con un equilibrio que México nunca había vivido en el pasado.

Vicente Fox
El reto número uno [de la campaña] fue el acceso a medios masivos de comunicación, gracias a Televisa, defensor del PRI en aquella época. ¡Qué mal le hizo al país! Nos negó el acceso. Yo pedía estar en Televisa con Jacobo y el pinche Jacobo ni me pelaba. Decía:
—No, no, no. Tú eres de provincia. Aquí sólo vienen líderes nacionales.

Jorge Castañeda
No había paridad en acceso a los medios; ni remotamente la había. Era mucho más importante tener la imagen que se pudiera vender en un noticiero, en una entrevista de banqueta, en un evento, en un reportaje. Más imagen que un programa muy articulado. Una imagen del candidato, del cambio, una imagen que pudiera ganar.

Santiago Creel
Me pide Vicente [Fox] que sea parte de su coordinación de campaña desde el año 1997, cuando tuvimos la gran derrota del PAN en la Ciudad de México. Él nos convoca, a Castañeda, a Adolfo Aguilar [Zínser] y a mí para que fuéramos a su rancho y desde ahí empezar la campaña haciendo una coordinación tripartita, cada quien digamos en su campo: Jorge viendo lo de las relaciones internacionales; yo me dediqué a ver los partidos; Adolfo, en la parte del activismo cívico.

Jorge Castañeda
La gente estaba harta, de la corrupción, del narco con Gutiérrez Rebollo y el Señor de los Cielos, del régimen autoritario, que no era primordial para los sectores más populares, pero sí era importante para un número creciente de sectores medios, que iban ganando elección tras elección en las gubernaturas, y en 97 en las legislativas. Entonces, lo primero que buscábamos transmitir era la idea de cambio, punto, sin decir muy bien en qué consistía. Lo segundo: que Fox era gente —a pesar de su apellido y su apariencia física— con profundas raíces populares, ranchero —que lo era a medias en realidad, era más un ejecutivo de la Coca-Cola que un ranchero—. Lo tercero fue convertir la elección en un referéndum sobre el PRI, con la frase famosa: “Sacar al PRI de Los Pinos”. Tú no debes escoger entre tres candidatos, Fox, Labastida y Cuauhtémoc: se trata de decidir si quieres que el PRI siga gobernando o no.

Francisco Labastida
Fox había hecho una buena campaña; en cambio había una insuficiencia muy notable y lastimosa en nuestros recursos. No tuvimos un solo spot de diciembre a marzo, y eso influye. Decidimos cargar toda la propaganda en los últimos meses con el ánimo de que fuera menos costoso políticamente hablando. Nos faltaban recursos. Había ciudades a donde llegábamos y no teníamos más que para rentar cuatro o seis cuartos de hotel; el personal de apoyo dormía en las camionetas. Cuando una campaña anda así, es que anda mal. Llegábamos en un avión de ocho plazas a las ciudades y nos decían que Fox había llegado con nueve aviones. Zedillo no quiso apoyar mi candidatura.

Jorge Castañeda
Los dos verdaderos candidatos de Zedillo no eran ni Labastida ni ninguno de ellos… Eran Ángel Gurría y Guillermo Ortiz, pero se caen en la famosa XV o XVI asamblea del PRI, cuando meten los llamados “candados” de que se tenía que haber ocupado un cargo de elección popular para ser candidato a la Presidencia.

Francisco Labastida
Yo tenía la convicción de que no debía jugar. ¿Qué me impulsa a que juegue la candidatura? Manuel Bartlett y Roberto Madrazo. Yo no quería que ninguno de ellos llegara a ser presidente del país. Por Dios. Tengo muy mala opinión de los dos. Por eso me metí, simplemente para que no pudieran llegar ellos.

Jorge Castañeda
Existe la versión —se lo preguntarán ustedes a Zedillo y va a decir que no— de que de alguna manera elíptica, tácita o más explícita, en las negociaciones del rescate mexicano de finales de 94, principios de 95, Clinton le dijo:
—OK, pero sabes qué, ésta sí ya es la última, mano. Ya. Llevamos 76, 82, 87, 94. Ya paren ustedes con este cuento de que cada seis años se viene abajo la economía; algo ha de tener que ver con que cada seis años ponen a un nuevo presidente y lo ponen de una manera muy extraña.

Francisco Labastida
Zedillo no estaba consciente, el 22 de septiembre de 1994, de la bronca que se venía. Tuvo que salir a conseguir con carácter de urgente un crédito que dio Clinton. Gracias a ello y al rediseño de algunos instrumentos de política económica, el país sale. Entonces fue muy difundido que el precio de haberle dado el apoyo era exigirle que cuestionara un cambio de gobierno. No me consta, no lo sé. Pero yo agregaría otro: Zedillo o no era priista o no era enamorado del partido, y lo influye mucho el homicidio de Luis Donaldo. Está convencido de que alguna gente del partido participó en su homicidio, y entonces su aversión hacia el partido crece.

José Woldenberg
El primer reto que tiene el Instituto Federal Electoral es la instalación de las casillas. La desconfianza era tal en 97, que el IFE no podía nombrar de dedo a los funcionarios de la casilla, de ahí surgió la legislación de que hay que sortear a los ciudadanos inscritos en el padrón y capacitarlos. Fue una tarea mayúscula. Además, la idea es que las casillas estén lo más cerca de los electores; por eso hay 750 electores por casilla. Son varias decenas de miles de casillas. Ahora, había experiencia ya en el instituto. Se contratan a miles de capacitadores porque si uno dice:
—Ustedes salieron sorteados, vengan aquí a capacitarse.
Pues no van, hay que ir a sus domicilios.
Hay un momento estelar de las elecciones mexicanas que es entre el sábado y el domingo. El domingo es la elección. El sábado por la noche todos los paquetes electorales están en domicilios particulares. El IFE ya se los entregó a los presidentes de las casillas. Ahora a esperar que se presenten y que instalen la casilla. El milagro es ése: la elección está en manos de los ciudadanos —no es una frase retórica, es fáctica—. Las casillas, las boletas, las actas, la tinta, el chunche con el que se marca la credencial, todo está en un domicilio particular. Y sucede…

 

III. El 2 de julio

José Woldenberg
Llegué al IFE muy temprano, a las siete y media, ocho de la mañana. Hubo una ceremonia ahí: se iza la bandera, se canta el himno, nos sentamos en la mesa del Consejo General, se les da la palabra a los representantes de los partidos y cada uno hace su evaluación del proceso. Al final, hablé yo, todos deseando tener una jornada electoral buena. Luego se da un receso para que todos podamos ir a votar.

Felipe Calderón
Yo estaba en el Comité Nacional del PAN, en el edificio, nuevo en ese entonces, que está en Popocatépetl. Ahí se juntó el comando de Fox. Todavía con instalaciones muy precarias y provisionales. Ahí yo iba siguiendo la acción.

Dulce María Sauri
Yo vine a votar a Mérida y enseguida me fui a la Ciudad de México. Fue muy preocupante cuando me enteré de que nuestro secretario de organización se había pasado tres horas haciendo cola para poder votar en la Ciudad de México. La primera encuesta de salida en la mañana, la que se da a las doce del día, es interna —la regulación de entonces no era tan dura para efectos de levantar encuestas como lo es ahora— y pues ya teníamos información de que en la primera oleada de la mañana, el PRI sólo llevaba dos puntos de ventaja.

Felipe Calderón
En el CEN empezaron a correr encuestas de salida. Empezamos mecanismos para contar las actas, nuestro propio conteo rápido. Contratamos transmisiones vía satélite, en lo que se hacían centros de acopio de actas. Había alguien encargado de tomar los datos rápidos: votos PAN, votos PRI, votos PRD. Así, chas, chas, chas. Lo transmitían por teléfono y alguien capturaba en lo que era algún predecesor del Excel. Con eso nos íbamos dando información. Esos números, ya en la noche, empezaron a salir bien. Es curioso porque Fox en la mañana todavía sacó un mensaje muy loco de que había fraude y que qué íbamos a hacer… ¡Pues espérate, cabrón, todavía no arranca bien la jornada!

Jesús Zambrano
En aquel entonces yo vivía en la unidad habitacional Alianza Popular Revolucionaria, conocida mejor como FOVISSSTE, por el cruce de Miramontes y Escuela Naval. Allí, en el interior de la unidad, en uno de los módulos que hay de atención, se instaló una casilla y fui a votar. Por supuesto, voté por el PRD. Estuvimos desde temprano, después de votar, concentrados en las oficinas nacionales del PRD, en Monterrey #50. Ahí monitoreamos cómo iba la jornada electoral. Ya que empezamos, por la tarde, a conocer los primeros números que arrojaban las actas de escrutinio y cómputo de las casillas, dije:
—Está claro que aquí ya hubo alternancia.

Ernesto Zedillo
Durante la mañana teníamos datos, información que apuntaba a que íbamos a ganar. Y en la tarde me empiezan a decir:
—Esto se está poniendo difícil…

Francisco Labastida
Voy a votar como a las nueve de la mañana, con Tere, mi señora; luego me fui al partido. Las encuestas de salida nos daban ventaja de más o menos 2 % hasta las dos de la tarde en que empiezan a cambiar las cosas: las gentes del PAN salen a votar más en la tarde.

Dulce María Sauri
De alguna manera sabíamos que la elección venía muy cerrada. Teníamos encuestas. Obviamente, cuando presides un partido político no vas a salir a decir:
—¡Carambas! ¡Nos andan echando gasolina al fuego!
Hay una obligación y un decoro, no puedes ser un triunfalista pero tampoco puedes darte por derrotado de antemano. El contexto, en general, era que el PRI era invencible, todavía…

Vicente Fox
Las encuestas no me aseguraban que yo iba a ganar. Había una de cinco que me daba el triunfo, pero había cuatro donde o estaba muy apretado o el triunfo correspondía a otro. Entonces entramos a la jornada electoral, cuando menos yo, personalmente, con esa duda, con ese temor, con esa preocupación de si ganaríamos o no.

Jorge Castañeda
Fox estaba en el PAN, en Coyoacán. Yo estuve en una casa también en Coyoacán con varios amigos, que eran los que estaban haciendo los exit polls para Fox: Rolando Ocampo, Manuel Rodríguez y Guido Lara. Estábamos yendo de un lugar a otro, a votar, a caminar, a ver gente, con mi hijo, mi exesposa, mi hermano, Alan Riding; y viendo cómo caían los cortes. Creo que el primer corte fue como a las once. Venía bien, bastante bien…

José Woldenberg
Como a las tres de la tarde, Germán Martínez, el representante del PAN, llegó a mi oficina y me dijo:
—Según nuestros conteos rápidos, ya ganamos.
—Si es así, felicidades, pero nosotros no tenemos nuestros resultados, que son los oficiales.
—Sí, sí. No, nada más te lo venía a comentar. Entiendo que es así.
Yo le dije a una de las personas que trabajaba en la oficina:
—Oye, date una vuelta por las oficinas del PRI a ver qué dicen ellos. Qué resultados tienen.
Y fue. Llevábamos muy buenas relaciones con todos:
—Dicen que ganaron en tres circunscripciones y perdieron en dos.
—Puta… Yo creo que ya perdieron…

Santiago Creel
Me levanté temprano, voté en Polanco y pasé todo el día en mi casa de campaña como candidato a la jefatura de Gobierno. Había una comunicación continua con Fox, desde la mañana: “¿Cómo van tus casillas? ¿Cómo van esto o lo otro?”. Era una plática permanente.
No recuerdo a qué hora me habló Vicente y me dijo:
—Parece que ya ganamos. Oye, pelea a muerte lo tuyo.
—Pues voy a pelear lo que pueda, pero yo creo que tengo muy buenas probabilidades de ganar. Era candidato al gobierno de la Ciudad de México.

José Woldenberg
El otro reto que teníamos, que ya se había cursado bastante bien en 94, era el de dar los resultados electorales. El asunto era tener resultados la misma noche y que fueran desagregados. La idea era que en tiempo real cualquier gente en cualquier lugar del mundo pudiera ver cómo se iban agregando los resultados de las elecciones, el famoso Programa de Resultados Electorales Preliminares, PREP. Desde los consejos distritales iba a haber gente capacitada con terminales remotas que, conforme fueran llegando las actas, desde ahí se teclea y va a un centro de cómputo. De cada uno de esos asuntos había que tener refuerzos, porque la sombra del 88 seguía ahí. En el 88 se había caído el sistema de conteo de esa noche. No tuvimos un centro de cómputo, tuvimos dos. Uno oficial y otro fantasma, que nada más conocían algunos. Si íbamos a trabajar con tres líneas telefónicas, pues se ponían quince. Incluso se le pidió a la Comisión Federal de Electricidad que pusiera en cada uno de los trescientos distritos plantas generadoras, por si se iba la luz.

Jesús Ortega
Yo era el representante del PRD ante el IFE y, al mismo tiempo, tenía actividades del equipo que coordinaba la campaña de Cárdenas. Tenía un espacio que me permitía cercanía a la toma de decisiones importantes del lado de la oposición y del lado del PRI. Había resistencias profundas a reconocer, primero, que la campaña más exitosa había sido la de Fox. En una sesión del IFE el día de las elecciones, cuando era más o menos claro que Fox avanzaba y obtenía mayor porcentaje, conforme iba dándose la información e iban llegando datos, los de las primeras casillas que se cerraban o las encuestas de salida, yo veía el intento de dirigentes del PRI que estaban en la sesión junto con sus representantes de impedir, a toda costa, que se conocieran los resultados que le daban ventaja a Fox, y que se reconociera en el IFE la victoria de la oposición panista.

José Woldenberg
Yo sabía que la expectativa estaba centrada en el resultado de la elección presidencial. Pero le había escuchado a un funcionario electoral de Panamá una frase que hasta la fecha recuerdo:
—Mire, a la autoridad electoral lo que más le conviene es que gane la oposición y gane por mucho. Lo que menos le conviene es que gane el gobierno y gane por poco.

Dulce María Sauri
En días previos, con José Woldenberg, presidente del IFE, los candidatos de la Presidencia de la República habían acordado que nadie se iba a declarar ganador, sino después de que el presidente del IFE diera a conocer el primer conteo rápido, y que la hora del conteo era a las diez de la noche. Era un compromiso de honor que habían hecho los candidatos.

José Woldenberg
Nosotros intentamos a lo largo de todo el proceso electoral que todos los acuerdos del Consejo General del IFE fueran primero conocidos, luego platicados, discutidos con los representantes de los partidos y, finalmente, aprobados. Ya los partidos no votaban, pero que tuvieran su aval. Creo que nunca sorprendimos a ningún partido en relación a ninguno de los eslabones del proceso electoral. Ellos sabían lo que venía de cada uno. En algunos rechinaban los dientes y demás, pero jugamos con las cartas abiertas y creo que eso ayudó. Ellos tenían acceso a la base de datos del PREP y también a la que hicieron las empresas en relación con los conteos rápidos. Además, podían mandar a sus representantes a las casillas. Porque el candado que pueden tener los partidos en materia electoral es quedarse con las actas de cómputo en las casillas. Esas actas de cómputo ellos las pueden luego checar contra el PREP. Y decir: “Ah, caray, el acta dice esto y el PREP dice otra cosa”.

Jorge Castañeda
Como a la una de la tarde, si no me equivoco, nos fuimos todos con Adolfo Aguilar al PAN, donde estaba Fox, para ver qué resultados traían ellos. Entonces Liébano Sáenz, el secretario particular del presidente Zedillo, le habla a Marta [Sahagún] y le dice:
—Mira, la encuesta nuestra, ya estuvo.
A partir de las dos de la tarde ya empieza a prepararse todo para el discurso, el evento en el Ángel, etcétera. Pero pues también con la incertidumbre y el miedo de que el gobierno no aceptara: Labastida, el viejo PRI, no sólo Zedillo y Liébano.

Dulce María Sauri
Después de la encuesta de salida de las dos de la tarde, que confirma esta cercanía del PAN, Francisco Labastida, a quienes estábamos allá, nos dijo:
—Me voy a encerrar a escribir mi discurso.
Y llamó a dos de sus más cercanos colaboradores para poder escribir.

Francisco Labastida
A las tres, es un asunto de aritmética fundamental, yo concluí que los resultados no iban a ser favorables. Entonces me puse a trabajar junto con Jorge Alcocer en el discurso de reconocimiento de la derrota. A las cuatro y media de la tarde reúno al Consejo Político Nacional del PRI, desde luego a la Secretaría General del Partido, a Dulce María y todos los miembros del Consejo Político Nacional, CNS, CNOP, CTM, etcétera, diciendo que los números no nos son favorables, que se hagan a la idea de que lo más probable es que perdamos.

 

IV. El canto de las sirenas

José Woldenberg
Creo que nosotros estábamos capacitados para asimilar el resultado como viniera. Si uno no está anímicamente preparado para eso, se empieza a hacer bolas. Yo lo veo como el árbitro en un partido de futbol. Imagínense un América-Guadalajara en el Estadio Azteca. Pues están los del Guadalajara y están los del América. Nadie le va al árbitro. Pero lo que a uno le preocupa es que el asunto transcurra bien y que, al final, quien pierda, lo reconozca.

Vicente Fox
Había un clima en el país con muchos cuestionamientos: si ganaba Fox, ¿qué iba a pasar? ¿[Zedillo] iba a entregar el poder o el PRI iba a rebelarse? ¿Iba a permitir que otro partido de oposición gobernara este país? Había muchas dudas.

Jesús Ortega
Y si les digo que hubo tentaciones de disolver la reunión del IFE, que estaba recogiendo la información y en sesión permanente… Y si les digo que hubo pensamientos golpistas en algunos sectores del PRI para no permitir que triunfara la oposición… A lo mejor algunas personas no lo van a creer, pero sí las hubo. Sectores del PRI buscaron no reconocer, bajo ninguna circunstancia, la victoria de la oposición. Yo veía cómo se levantaban, hacían reuniones en sus oficinas, en el IFE. Luego regresaban e intentaban con maniobras parlamentarias suspender la reunión —lo que sí hizo Bartlett en 1988, porque era el presidente de la Comisión Federal Electoral, llegó al extremo de tirar el sistema de conteo público de los resultados—. Acá intentaron maniobras similares, aunque no pudieron materializarlas: ya había una oposición muy fuerte; había una opinión pública muy sólida, con pensamiento democrático; los partidos de la oposición estaban cohesionados en torno a reconocer los resultados de las elecciones, fueran cuales fueran. Y hay otro elemento: el presidente Zedillo.

José Woldenberg
El PREP es como el poste al que se ató Ulises. Y funcionó muy bien. El PREP y los conteos rápidos. Nos dijeron lo obvio, que había posibilidades con un conteo rápido de saber el ganador a la Presidencia; pero que cabía también la posibilidad de que los resultados se traslaparan y habría que salir a decir que estaba muy cerrada la elección y que era necesario esperar el cómputo, que se sigue haciendo hasta el miércoles después de la elección.
Con esos resultados de estas dos empresas había un consejo técnico que encabezaba el doctor Víctor Guerra, un experto en computación y telefonía de la UNAM. Es al que yo le pregunté:
—¿Esto ya es definitivo?
—Con estos dos conteos rápidos, puede usted decir que ganó Fox. Porque en el rango más bajo del conteo de Fox, el rango más alto del candidato Labastida no lo alcanza, no se intersecciona.
Y así fue, funcionó el PREP, funcionó el conteo rápido.

Jorge Castañeda
Fui a comer a Coyoacán, en la plaza, y regresé al PAN por ahí de las cinco, con Adolfo Aguilar Zínser, Manuel Rodríguez, Rolando y Guido. Cada corte iba confirmando, confirmando, confirmando… La cantaron primero las televisoras. Televisa creo que fue la que la cantó como a las seis de la tarde. Primero me tocó recibir a varios embajadores, que estaban ahí porque querían pasar a ver a Fox. Más que otra cosa por presumir que ellos ya tenían contacto con el primer presidente de la alternancia. A partir de ese momento, el PAN más o menos toma control del asunto, ya no tanto el equipo.

Jesús Zambrano
Salimos por ahí cerca a cenar algo como a las nueve de la noche, y ya estaban dándose los anuncios de que Fox había ganado la Presidencia. Nosotros, ya con toda la información que teníamos de las actas, habíamos ganado la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Mantuvimos la comunicación con el ingeniero Cárdenas. Él esperaba otro resultado para su candidatura y no quiso reconocer como triunfo legítimo lo que sucedió; pero así votó la gente y él terminó asumiendo ese resultado. No fue sino hasta días después que nos reunimos para evaluar el resultado de la elección.

Cuauhtémoc Cárdenas
Ya en la tarde, principios de la noche, vimos cuál era el resultado que se estaba dando. Hablé por teléfono con Fox, lo felicité y le dije a la gente que estaba acompañándome, en lo que teníamos como casa de campaña, que había que asumir el resultado y seguir en el proyecto político con el que estábamos comprometidos.

Amalia García
El ingeniero Cárdenas, esa noche de las elecciones del año 2000, salió y reconoció:
—Ganó Vicente Fox.
En donde hubo retraso en reconocerlo fue en el PRI. Se tardaron un rato. Dicen que Zedillo reconoció antes que Labastida, eso tendría que verificarse… pero lo que se dice es que lo hizo porque veía que el PRI se retrasaba. Aunque violó la norma que establecía que tenía que ser la instancia electoral la que diera a conocerlo, en un golpe de mano, él decidió adelantarse para prever cualquier intento de su propio partido de decir que desconocía el resultado electoral.

Ernesto Zedillo
Al llegar la noche, quienes llevaban las encuestas y los números en la oficina del presidente me dijeron:
—Esto está perdido.
—¡Cómo! Pero me dijeron en la mañana…
—Sí, pero mira, aquí está cómo cambió la trayectoria y esto es irreversible. Es lo que es y ni modo…
—Pues vamos a vivir las consecuencias de eso, pero vamos a esperar a que el presidente del consejo del órgano electoral haga los anuncios correspondientes. Y una vez que lo haga, voy a dar un mensaje apoyando la calidad del proceso electoral.

Francisco Labastida
Trabajando mi discurso de reconocimiento, más o menos a las cinco de la tarde, me habla Zedillo pidiéndome que salga, que se enteró de que a las siete de la tarde o antes, Cuauhtémoc va a salir a anunciar que perdió.
—Creo que debe salir a esa hora —me dijo.
—Mire, yo comprometí que voy a salir inmediatamente después del IFE, para fortalecer al IFE. Las siete es un hora irrazonable porque hay todavía casillas abiertas.

José Woldenberg
Esperamos hasta que los conteos rápidos estuvieran listos y hasta que el doctor Víctor Guerra subiera a mi oficina y me dijera:
—Puedes hablar a las once de la noche como estaba planeado y decir que ganó Fox.
Teníamos un discurso para eso, era una intervención de cinco minutos; otro si ganaba el licenciado Labastida; y otro si no podíamos dar ganador. En esta última posibilidad queríamos ser muy pedagógicos. Explicar por qué no podíamos dar el ganador. No es porque no lo hubiera, sino porque esto era una muestra y entonces necesitábamos un censo.

Jesús Zambrano
Gana la elección Fox. Nosotros quedamos con una buena cantidad de diputados federales y algunos senadores, en algunas entidades claramente mayoritarios, como Michoacán o la Ciudad de México. Había una mezcla de sentimientos: primero, satisfacción, por el hecho de que iba a haber por primera vez alternancia. Esperábamos que el primer gobierno de la alternancia política en la Presidencia estuviera consciente del enorme bono democrático que tenía en sus manos para impulsar lo que le llamamos una reforma profunda del Estado mexicano. Y al mismo tiempo, sentimientos de tristeza porque decíamos: nosotros fuimos los principales impulsores de la reforma electoral del 96; los que más peleamos por la independencia y autonomía del IFE, por la elección en la Ciudad de México, en fin… Y ahora sí que nos rebasan por la derecha.Con el triunfo de Fox varios llegamos a decir:
—Nadie sabe para quién trabaja.

Vicente Fox
De mi parte no hubo seguridad [del triunfo], sino hasta que vino esa llamada de Marta con Liébano Sáenz, secretario de Ernesto Zedillo, que se comportó como un caballero, como un amigo. Su corazoncito sí era demócrata. Hacia las tres de la tarde, después de telefonazos van, telefonazos vienen, la señora Marta logra sacarle información a Liébano:
—Ya, ya no estés jodiendo. Dime la verdad: ¿quién ganó?
—No, señora Marta, todavía está peleado.
—No, no te hagas güey. Tú ya sabes. Ya sabes quién ganó.
Y, finalmente, aceptó decir, de manera velada, que sus cifras no le favorecían. Y Marta le dijo: “Pues a mí mis cifras sí me favorecen y ya ganamos, más vale que ya lo reconozcan”.

Francisco Labastida:
Me entero de que [Zedillo] está preparando un discurso, entonces le llamo y ya no me toma la llamada. Me habla Liébano Sáenz, su secretario particular, para decirme que el presidente está ocupado, que qué se me ofrece. O sea: una verónica. Obviamente entendí lo que se estaba armando, estaba preparando una intervención también para las once de la noche. El IFE iba a salir a las once, y a las once y un minuto salía yo reconociendo la pérdida. Él salió un minuto antes. Obviamente ésa es una decisión determinada por su molestia. Yo salí en la sede del PRI a las once y un minuto anunciando mi derrota.

Dulce María Sauri
A las diez de la noche, Labastida, su esposa y yo caminamos del edificio 2 a la explanada, cruzamos la explanada del PRI, llegamos al auditorio Plutarco Elías Calles, y a las once en punto, una vez que José Woldenberg dijo que el resultado del conteo rápido favorecía al candidato de Acción Nacional, por una diferencia de seis puntos sobre el candidato del PRI, inmediatamente Francisco Labastida empezó a leer su intervención en cadena nacional. No había avanzado ni un minuto cuando nos sacó de la red nacional y entró el presidente Zedillo a felicitar a Fox. Para mí fue como un rayo de iluminación que cayó en ese momento. Asumí que las cosas habían cambiado para nunca volver a ser como antes. El presidente de la República, en su calidad de jefe de Estado, salió a reconocer el triunfo de Vicente Fox, pero en su calidad de presidente de la República, surgido del PRI, no tuvo ni siquiera la generosidad de darle cinco minutos al candidato a la Presidencia, de su partido, para reconocer su derrota.

Francisco Labastida
Al minuto o dos minutos de que inicio mi discurso, me pasan una tarjeta diciéndome que él ya salió pronunciando su discurso. Pues tan-tan. Platiqué al día siguiente con Zedillo. Él me invitó a comer. Me invitó después, o en la misma sesión, a que nos reuniéramos los dos matrimonios. Yo le dije que primero tendríamos que aclarar varias cosas entre él y yo, que no le aceptaba la invitación. Ésa fue la última vez que hablé con él.

Vicente Fox
El presidente Zedillo es un buen amigo, fue un buen gobernante, pero fue un priista. Si Zedillo es un demócrata o no es un demócrata… Yo creo que se vio obligado a reconocer el triunfo de Fox, a aceptar que la ciudadanía ya no quería más al PRI y reaccionó de buena manera. Reaccionó el día de la elección, no antes, porque peleó a brazo armado toda la elección y todo su sexenio en contra de la oposición.

Luis Carlos Ugalde
Había temor de que perdieran. Ése siempre es el temor del partido en el poder. Había también una percepción de traición. Muchos en el PRI decían que Zedillo era un traidor, muchos decían que no era un priista, y que por eso los dejaba solos. Cuando el PRI pierde la Presidencia en 2000, hubo un proceso de dos o tres horas en la noche de la elección, en el que el PRI no quería reconocer. El hecho de que Zedillo haya forzado, un poco, a que lo hicieran —salió él en televisión antes de que lo hiciera el candidato perdedor— dio lugar a una serie de tensiones en el interior del PRI. Zedillo dentro del PRI es visto con cierta incomodidad y distancia. Yo creo que él sabía que si el PRI perdía, iba a ser simbólicamente un paso muy importante en el proceso de democratización; sólo dejó que las cosas ocurrieran.

Felipe Calderón
Yo le había escrito una carta a Margarita [Zavala] pensando que un escenario muy probable es que ganara Fox y que no lo reconocieran, y que entonces quizá habría que irse a la clandestinidad. Entonces yo llevaba dinero conmigo, una maleta que tenía en mi coche, y tenía un lugar a donde ir después de eso. Era paranoia, si quieres, pero así era el estado de ánimo. También decíamos:
—Yo creo que sí ganamos, pero si perdemos ¿qué?
—Pues en lo que decidimos, no podemos estar en sus manos, puede haber una represión fuerte.
Ésa era un poco la lógica.

Vicente Fox
Zedillo, cuando nota ese ambiente, esa temperatura caliente de que los priistas encabronados de perder el poder, encabronados de perder sus prebendas, encabronados de perder los dineros que ganaban con la soberana corrupción a la que había llevado al país, se pudieran rebelar, sale a dar la noticia. Yo creo que Zedillo fue oportuno en salir temprano y decir: ganó Fox. Calmó las aguas, calmó a ese PRI iracundo, ese PRI que estaba en rebelión para que aceptaran el resultado.

Jesús Ortega
Zedillo paró los intentos de algunos dirigentes priistas para tratar de impedir el reconocimiento de la victoria de la oposición. Labastida también escuchó los llamados a no reconocer la victoria de la oposición. Después, el PRI y el propio Labastida acusaron a Zedillo de traidor a la patria, pues no había hecho eco de los intentos de hacer un fraude electoral.

Jorge Castañeda
Cierto o no, no lo sé. Pero [en el PRI] se resistían. No querían perder. Yo no estoy de acuerdo con la tesis de mucha gente de que Zedillo se volvió casi casi partidario de que ganara Fox. Zedillo hizo todo lo posible hasta el mero final para que ganara Labastida. Y cuando ya le llevó Liébano la última encuesta, o la penúltima, vio que la diferencia ya era irremontable, ahí sí ya aceptó.

Ernesto Zedillo
En ese momento sabíamos que había sido un proceso ordenado y limpio. Además, debía comentar el resultado de la elección sin ninguna cortapisa, me tenía que atener a lo que el presidente del órgano electoral estaba diciendo. Mecánicamente no fue un proceso difícil. ¿Por qué? Porque años atrás habíamos acordado las reglas, teníamos la institución. Yo tenía gran confianza en esa institución por la gente que la integraba, la manera tan profesional como se conducía, habíamos asegurado que en el Congreso se les proveyera de los recursos presupuestales. La verdad no fue un momento trágico.

Dulce María Sauri
Fue durísima la jornada de esa noche. Las caras largas, los reproches: Cómo se atreven a andar diciendo que perdimos la elección si todavía hay gente en cola en las casillas… Si no han terminado de contar… Si en Baja California, con dos horas de diferencia, todavía está votando la gente… Ni siquiera son las seis de la tarde ¡qué derecho tienen a hacerlo! ¡Ya se vendieron!

 

V. ¿Una reforma definitiva?

Lorenzo Córdova
Tuve el privilegio de haber estado en el IFE en todas las elecciones presidenciales en distintos roles y responsabilidades desde 1994, que fue una elección sumamente tensa porque la violencia política parecía haberse apropiado de la vida nacional. El surgimiento del EZLN a principios de ese año, el asesinato de Colosio, después de la elección el asesinato a Ruiz Massieu… Y eso contrastó de manera radical con las elecciones del año 2000. No sólo porque fueron las últimas que ganó el viejo PRI autoritario, sino porque se vivieron como una auténtica fiesta democrática. En 94, el riesgo de que la violencia hiciera fracasar ese proceso electoral estuvo siempre latente. Las elecciones del año 2000 son claramente el inicio de una nueva época. No es, como lo dijo Fox y como lo han dicho todos los presidentes una vez que ganan: “Ya gané y ahora sí empieza la democracia”. No, la democracia no empezó en nuestro país porque ganó Fox, al revés: Fox pudo ganar porque los votos así lo decidieron, claro, pero porque había condiciones democráticas que permitieron que la alternancia se concretara.

José Woldenberg
Yo estuve en el IFE en las elecciones de 1994 como consejero, en las de 1997, 2000 y 2003 como presidente del Consejo. Y los mejores días de mi vida en el IFE fueron las noches de esos días, de las cuatro elecciones. Porque todo el mundo estaba contento, no por quién había ganado o quién había perdido, sino porque las cosas habían salido bien. Es natural, es una operación en la que participan millones de personas, que al final arrojen un saldo blanco, que tengan los resultados a tiempo… Como se le atribuye a Santo Tomás: “Hasta no ver, no creer”. Mucha gente en México no creía que la alternancia en la Presidencia de la República fuera posible a través de elecciones. No digo gente desinformada, sino gente alrededor de los equipos de los candidatos. Fue una muy buena noche, todo el mundo muy contento.

Jorge Castañeda
Fui al evento de la noche al Ángel. Lo primero que pensé, sobre todo inducido por Riding, era que fue poca gente. No fue una manifestación como uno hubiera podido esperar después de setenta años de partido único. Había unas quince mil o veinte mil personas, pero no fue una cosa multitudinaria ni remotamente. Fue totalmente espontáneo, eso también es cierto; pero a pesar de la espontaneidad, yo hubiera pensado que podría haber más entusiasmo, y no lo hubo.

Jesús Zambrano
Ya no fuimos al Zócalo, pero veíamos ríos de gente pasando por ahí, enfrente de nuestras oficinas del PRD; la gente contenta porque finalmente se le había ganado al PRI. No ganamos la Presidencia pero retuvimos la Ciudad de México. El país finalmente se pluraliza y ahí van caminando las cosas.

Jesús Ortega
A pesar de que no resultaba beneficiado el PRD, sí resultaba beneficiado el país, porque el Ejecutivo, que era la trinchera principal del viejo régimen, cambiaba de partido, y eso era un paso tremendo en el proceso de transición. Y se los puedo decir yo porque viví el viejo régimen con sus actitudes totalmente represoras, con su cerrazón absoluta. Pero también viví el proceso de tirar al viejo régimen a partir de darle al blanco de la Presidencia de la República; de no permitir que la Presidencia estuviera en manos de la representación del régimen autoritario, del viejo régimen priista.

Vicente Fox
Aquella noche allí en el Ángel, ya estando ahí disfrutando esa visión de ciudadanía tan intensa, sentí que me cayó una piedra en los hombros. Hasta entonces me di cuenta del chingadazo. Hasta entonces me di cuenta y dije: “¿Y ahora qué hago? Digamos, ya soy presidente, ¿ahora qué voy a hacer?”.

Cuauhtémoc Cárdenas
El voto se respetó al final de cuentas. Salió elegido Fox. No hubo cambio, desde mi punto de vista, entre el modelo político, económico, social del PRI con respecto al de Acción Nacional. Se siguió el mismo modelo económico, el mismo modelo de no atención a las cuestiones sociales de fondo.

Jorge Castañeda
La gran discusión que se va a dar durante todo el primer año [de Fox en la Presidencia] es si es un régimen de ruptura o no. Había un bando que sí quería, desde la transición, desde el discurso de toma de posesión y, por lo menos, hasta el primer informe de gobierno, una ruptura que implicara una Comisión de la Verdad, que incluyera violaciones a derechos humanos y corrupción hasta el 90 o hasta el 80. Lo que más marcó el sexenio, y la transición, fue la decisión de Fox —que no sé exactamente cuándo la toma, pero probablemente él había tomado la decisión desde el primer día—  de decidir:
—No va a ver ruptura, no los vamos a meter a la cárcel. No los vamos a investigar. No vamos a desmontar los grandes sindicatos. Ya con haber logrado la alternancia es suficiente.

Ernesto Zedillo
Aunque yo usaba el término “reforma definitiva”, yo sabía que era definitiva para el momento, las circunstancias, las capacidades, las limitaciones que teníamos en ese momento, pero también tenía la esperanza de que era algo que habría de mejorarse con el paso del tiempo y con la participación política. Creo que después hubo decisiones que desvirtuaron partes de la reforma y ahora lo hemos lamentado.

José Woldenberg
La transición fue un lapso de nuestra historia; pero hay quien dice que fue en el 2000. Es más, hay quien dice que la transición nunca terminó. Cada quien habla de la transición como le fue en la feria. Cada quien su transición.
De aquella jornada electoral recuerdo que suspendimos una reunión que iba a ser en la madrugada [del 3 de julio del 2000, después de dar los resultados]. Dijimos:
—¿A las cuatro de la mañana? ¿Para qué volvemos aquí? Esperemos y nos vemos a las once. Cuando las cosas se consuman, se consuman y ya, ¿no?

 

Mariana Ortiz
Valeria Villalobos Guízar
Julio González

Editores en nexos

Ricardo López Cordero

Director de Ibero 90.9

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Publicado en: 2025 Julio