LOS EDITORES

JUSTICIA, MEDIOS Y MORAL

MÁS ALLÁ DE GLORIA TREVI

Pronto, muy pronto, la detención de Gloria Trevi, Mary Boquitas y Sergio Andrade abandonó el ambiente frivolo de la página de espectáculos y se instaló sin coartadas en un más allá que nada tiene que ver con el chisme de “artistas” y las planas adictas a la farándula. El caso del llamado Clan Trevi abrió otros expedientes, que no pertenecen al mundo del espectáculo: la justicia, los medios de comunicación y la moral.

Para empezar, ¿qué estado guardan los delitos en nuestra legislación y cómo deben juzgarse? Un asunto pendiente de nuestra transición política es la reforma de la ley y los institutos de procuración de la justicia. Mientras no se reformen las prácticas legales y, desde un espectro más amplio, la misma legislación penal, cada caso judicial.

“escandaloso” suscitará una oleada de sospechas, especulaciones y ambigüedades que opaquen la información y confundan el sentido legal de la justicia. ¿Nuestro Código Penal vive al día? ¿Las penas que impone corresponden en realidad a la magnitud de los delitos? ¿Hace falta revisarlo, discutirlo y, en su caso, modificarlo?

Los medios de comunicación son responsables del segundo expediente. Ya no suena a novedad que pretendan ocupar el lugar y hacerse cargo de las atribuciones de los tribunales. Su cobertura en el caso Trevi, como en muchos otros, ha hecho evidente una de sus proclividades más desmedidas: el ánimo de moralizar y predicar normas de comportamiento. Los medios tienen y han tenido tantas ganas de juzgar y condenar a sus presuntos culpables que se han olvidado de su tarea principal: informar, informar, informar. Los hechos quedan en segundo plano, la noticia por sí misma cede su lugar al linchamiento. Que las instancias de procuración de justicia hagan su trabajo: procurar justicia. Que los medios hagan su trabajo: informar. Los delitos deben perseguirse y juzgarse. En los hechos noticiosos falta atenerse a la objetividad.

A la moral le corresponde el tercer expediente. A propósito de los puritanos que deploran a cada momento la decadencia moral de sus contemporáneos y responden con estruendo a lo que consideran un relajamiento de las costumbres, Fernando Savater, el ensayista y filósofo español, escribió: “El auténtico imperativo ético, es decir, la opción libre por la virtud y la excelencia, no sirve nunca para juzgar a nadie ni tiene nada que ver con el comportamiento externo del vecino (…). La moral es una aventura personal, individual e irrepetible, no un instrumento teórico ni penal para interpretar lo que los hombres hacen en este mundo”.

La sociedad mexicana es un mosaico plural de valores morales y no es deseable que los medios, a falta de una justicia clara y eficiente, quieran erigirse como criterio y modelo de una supuesta moral pública para dirimir conflictos de valores, menos aún expedientes judiciales. La sociedad mexicana ya aprendió a valorar la diversidad política. ¿No es tiempo de reivindicar también la diversidad ética, tomando en cuenta que la ley es la instancia que debe normar las relaciones individuales, sociales y políticas?

Otro pendiente en nuestra agenda de reformas democráticas consiste en reconocer que en ese nuevo escenario de pluralismo moral no hay ni puede haber una moral social que ordene la vida privada. Falta discutir las fronteras entre vida pública y vida privada. El orden social no se rige con profetas de la virtud ni discursos puritanos. Más allá del caso Trevi está el debate sobre la moral y la ley, un tema imprescindible para la democratización mexicana y el nuevo pluralismo político.            n