Durante tres siglos, la modernidad ha sido muy fructífera en descubrimientos prácticos; un ejemplo de ello son las magníficas instituciones que sustentan las libertades política y económica. Pero se ha equivocado profundamente en la filosofía que sustenta la vida. Una era que se equivoca en lo que a Dios se refiere, seguramente habrá de equivocarse en lo que al hombre concierne.
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