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AL RESCATE DEL CINE MEXICANO

POR JORGE SÁNCHEZ S.

En la antesala del debate en torno al proyecto de una nueva ley de cinematografía, y con el propósito de ir más allá de esta circunstancia, presentamos dos textos que manifiestan la ausencia de una política integral de apoyo al cine y que subrayan la necesidad de considerarlo de una vez por todas como una manifestación artística y cultural de alcances prioritarios.

Sobra mencionar la severa crisis que vive hoy el cine mexicano. Los factores que la ocasionan son múltiples y van desde la falta de visión de los productores cinematográficos que exprimieron al espectador nacional con un producto repetitivo apegado a “fórmulas de éxito convencional” hasta la crisis económica de los últimos años, pasando por la visión de los gobiernos en turno de que su función al respecto consistía en propiciar el cine de calidad y no el avocarse al rescate y apoyo de una industria estratégica para el desarrollo cultural y económico del país. Digo estratégica porque lo demuestran las acciones sustentadas por países de diversas áreas y condiciones económicas que posteriormente describiré en forma breve. Antes quisiera citar al director de cine español. Fernando Trueba (del cual hemos visto en México dos películas: Belle Epoque y Two Much), sobre el significado de una palabra que siembra, si no el pánico, por lo menos una mirada de incertidumbre entre los políticos e impulsores de la llamada globalización. Dice Trueba:

Protección. Hoy por hoy, el cine español, como la mayor parte del cine europeo y gran parte de las cinematografías del mundo entero, no podría subsistir sin la protección del Estado. Esto puede hacerse extensible a muchas otras industrias y a la mayoría de las especies animales, a la capa de ozono y al patrimonio artístico. Nada de todo esto subsistiría si lo abandonáramos en manos del dinero. Los enemigos del proteccionismo creen ver en él una de las mil cabezas de la cuestión nacionalista.

Jorge Sánchez S. Preside la Asociación Mexicana de Productores Independientes (AMPI). y la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y del Audiovisual (FIPCA).

Pero lo cierto es que nada es menos nacionalista que el cine. ¿Cómo puede amarse el cine sin amar su diversidad? El cine es la más fantástica torre de Babel que puede imaginarse y. gracias a él, los hombres y mujeres han viajado a países lejanos antes de que existieran los operadores turísticos y han escuchado lenguas distintas y observado razas y culturas lejanas, y se han enamorado de seres lo más diferentes que imaginarse pueda a los de su tribu. Si un fenómeno ha preparado el terreno a la globalización, ése ha sido el cine. Pero ahora aparece un nuevo peligro que es el de la uniformización, y en el cine eso significa la desaparición de todo lo que no sea el lenguaje de Hollywood, por cierto cada vez más pobre, descafeinado y estéril. La libertad de mercado se confunde con la libertad de media docena de compañías americano-japonesas para dominar el mercado cinematográfico mundial.

Trueba remata con una cita de Ortega y Gasset: “Una cultura se vacía entera por el más imperceptible agujero”. Y afirma: “Pienso que el agujero se ha hecho tan grande que apenas nos queda el sitio donde poner los pies. Los cineastas independientes y las cinematografías nacionales están hoy más a la intemperie que nunca”.

Me parecería extremadamente difícil para cualquier cineasta o cinéfilo mínimamente preocupado por el cine nacional, por la obra de un director, un guionista, un actor o actriz de cine, especies que se encuentran en vías de desaparición, no suscribir lo que afirma Fernando Trueba.

Veamos pues lo que acontece el día de hoy en otras industrias cinematográficas. Estados Unidos, por ejemplo, ha sabido fomentar su industria de cine, beneficiando con ello a los estudios y a la economía norteamericana en general. La industria de cine norteamericana es la mayor del mundo y forma parte de la industria del entretenimiento, es decir la que lleva consigo un copyright. Esta industria constituye la tercera mayor rama exportadora de los Estados Unidos. Se trata de un sector muy intensivo en mano de obra que utiliza una enorme infraestructura de servicios. Los gastos anuales de la industria de cine norteamericana exceden los 32,000 millones de dólares, de los cuales 25,000 millones se quedan en California.

Los Estados Unidos y varios de los estados que integran ese país han puesto en práctica todos o algunos de los siguientes incentivos:

• Ingresos no computables o pagos diferidos que permiten al contribuyente recibir ingresos sin pagar impuestos inmediatamente, por ejemplo, las provisiones de sociedades por las ventas en el extranjero.

• Desgravaciones fiscales que permiten al contribuyente reducir su deuda fiscal total por cada dólar gravable. por ejemplo, las provisiones sobre desgravaciones fiscales por inversión.

• Amortizaciones aceleradas que permiten al contribuyente reducir su nivel de ingreso en la cuantía de sus gastos, de manera anticipada.

• Exenciones fiscales que permiten al contribuyente eludir el pago de impuestos a los que estaría sujeto, por ejemplo, exenciones de impuestos directos de venta y de servicios impuestos en servicios hoteleros.

• Reducción de costos, por ejemplo, costos de financiamiento de una película, que son el resultado de incentivos fiscales para la inversión en producciones cinematográficas.

Estos ejemplos son producto de una comunicación oficial de Motion Pictures Association. que preside Jack Valenti y que agrupa a todas las empresas involucradas en el negocio cinematográfico en Estados Unidos.

¿Qué podemos tomar de esto? Lo primordial, considero, es acabar con el mito de que la industria cinematográfica norteamericana no recibe tratamiento especial alguno dentro de los Estados Unidos, ya que en varias ocasiones hemos escuchado sobre la imposibilidad de contar con medidas similares por ser nuestro país socio del Tratado de Libre Comercio.

Quisiera mencionar dos casos en Europa, que son Francia y España, ambos miembros de la Unión Europea, anotando que la misma en su versión de Comunidad Económica Europea inició en 1985 el programa MEDIA I, al que destinaron aproximadamente 500 millones de dólares para la protección y desarrollo de la industria audiovisual por un lapso de diez años. En 1996 emprendieron el programa MEDIA II, con un monto aproximado de 400 millones de dólares que se aplicaron prioritariamente a la difusión y comercialización de su producto audiovisual. Señalo también que estos fondos no afectan en lo más mínimo a los fondos que destina cada Estado a su propia industria audiovisual.

En el caso de Francia, el 42% del financiamiento de las películas producidas en la década de los ochenta provino del financiamiento obligatorio de las televisoras, fueran éstas públicas o privadas, al cine nacional. Valga decir que el 60% de las películas emitidas por los canales franceses deben ser europeas de acuerdo a lo establecido por la ley.

Los mecanismos para captar los recursos de manera directa son los siguientes:

• Impuesto adicional que representa el 11% de cada boleto vendido sobre todas y cada una de las películas exhibidas en territorio francés.

• Impuesto adicional que representa el 2% sobre la venta y renta de videos grabados.

• Impuesto a los canales de televisión que representa el 5.5% de sus ingresos.

Estos recursos se administran a través del Centro Nacional de Cinematografía, donde se encuentran representados todos los sectores de la industria cinematográfica y se destinan al fomento de la producción, distribución, exhibición y difusión nacional e internacional del cine francés.

En relación a España, podemos distinguir los siguientes mecanismos de financiamiento:

• El Banco Exterior de España estableció una línea de crédito para la producción cinematográfica.

• Las garantías necesarias para acceder a dicha línea de crédito son aportadas por el Instituto de Cinematografía y las Artes Audiovisuales a través de un fondo creado especialmente para dicho fin.

• Presupuesto anual del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales que se destina, entre otros fines, a:

• Ayuda general a la amortización de la producción de películas, otorgando el 15% automático sobre la recaudación en taquilla para todas las películas españolas exhibidas.

• Como ayuda complementaria: un 25% adicional sobre la recaudación en taquilla o 33% del presupuesto de películas ya producidas.

• Subvención anticipada a nuevos realizadores y a cortometrajes.

• Subvención de hasta el 50% del costo de copias y publicidad para el lanzamiento de películas españolas de calidad y valores artísticos destacados.

En varias ocasiones también hemos escuchado el argumento de que las situaciones arriba descritas son particulares de países desarrollados con economías fuertes y no es así, como veremos a continuación en los casos de Brasil y Argentina.

En el caso de Brasil, la relación del Gobierno con la actividad cinematográfica se daba de manera directa a través de EMBRA FILME, en un modelo similar al que se vivió en México en la década de los setenta. Dicho modelo se extinguió con la desaparición de esa entidad y tuvo como consecuencia que la producción descendiera de 80 películas por año a una película en 1991. La ley vigente (que se promulgó en 1993) tiene como base fomentar la producción cinematográfica a través del incentivo a inversionistas y productores sin tener el Estado ingerencia alguna en lo que se produce ni en cómo se produce. Dicha ley regula la inversión a voluntad de las personas físicas y morales que estén dispuestos a acogerse a ella, previa aprobación de los proyectos por los ministerios de Cultura y Hacienda, tomando en cuenta prioritariamente los contenidos nacionales, tanto en términos creativos como técnicos, idioma, etc. A continuación se colocan acciones del proyecto en el mercado de capitales y los contribuyentes interesados las adquieren con el derecho de deducirlas al 100% de su declaración anual del impuesto sobre la renta, con un límite del 5% de lo que represente el total de dicho pago. Otro mecanismo es el que permite a las empresas audiovisuales que remiten utilidades al exterior (las cuales son básicamente las mejores norteamericanas) invertir hasta el 70% del 15% del impuesto retenido de cada dólar en producción cinematográfica brasileña. En resumen, pueden deducir parte sustancial de un impuesto a pagar y convertirlo en inversión que se transformará en un activo. Cabe mencionar que las empresas de televisión no pueden participar como colocadoras en el mercado de capitales o para acogerse a los beneficios establecidos en la ley.

Como mencionaba anteriormente, la ley se expidió en 1993, empezando a funcionar verdaderamente en 1994. Para 1995 los resultados en captación de recursos para la producción, distribución, exhibición y creación de infraestructura cinematográfica fueron de 23 millones de dólares, y en 1996 el resultado fue de 71 millones de dólares, para finalizar 1997 con más de 50 películas producidas en dicho periodo.

Por último, el caso de Argentina, frecuentemente mencionada como un modelo de economía neoliberal. A través de la ley promulgada en 1994, se creó el Fondo de Fomento Cinematográfico y los mecanismos de captación de recursos que se describen a continuación:

• Impuesto adicional del 10% sobre cada boleto vendido de todas y cada una de las películas exhibidas en Argentina, lo cual representó la cifra de 14 millones de dólares en 1997.

•Impuesto adicional del 10% sobre el precio de venta o renta de todo tipo de video grabado destinado a su exhibición pública o privada, lo cual representó la cifra de 5 millones de dólares en 1997.

• 25% de las sumas percibidas por el Comité Federal de Radiodifusión por el uso del espacio nacional para la transmisión de ondas emitidas por estaciones de radio y televisión.

Cuando mencionamos las sumas percibidas por dicho Comité nos referimos al 6% de los ingresos por publicidad que perciben las estaciones de radio y televisión, calculándose que el 25% de dicho 6% ascendería en 1997 a 12 millones de dólares.

A estos recursos deben sumarse los que percibe el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales del Gobierno Federal, de acuerdo a sus previsiones presupuéstales anuales.

A partir de dichos recursos y los del Fondo de Fomento Cinematográfico describiremos algunos de los apoyos para la Industria Cinematográfica en Argentina.

• Devolución del 50% de los impuestos generados por los costos de producción de una película.

• Máximo de 70% del presupuesto de una película como crédito avalado por el Instituto a un plazo de tres años con seis meses de gracia a una tasa preferencial del 6% sobre un costo promedio establecido de 1,250,000 mil dólares.

• Subsidio por exhibición al productor a razón de uno a uno, es decir: porcada dólar bruto ingresado a taquilla por una película nacional. el Instituto otorga al productor un dólar: con lo cual, si genera en entradas 100,000 dólares, el productor se verá recompensado con 100.000 dólares.

• Subsidio electrónico al productor que consiste en un máximo del 50% del costo de producción reconocido por el Instituto para películas de interés especial por sus resultados artísticos, y el 30% para aquellas películas que se califican de interés simple. Este subsidio se obtiene de forma automática cuando la película es lanzada en video o emitida por televisión.

También existen políticas de fomento para apoyar la participación de las películas en festivales internacionales, para la promoción y difusión de películas nacionales y financiar la comercialización de las mismas en el exterior, préstamos especiales a laboratorios para su equipamiento y a compañías exhibidoras para mejorar las salas cinematográficas.

Como dato adicional, cabe mencionar que en 1996 se estrenaron 40 películas nacionales y que en el año de 1997 se recuperaron aproximadamente 10 millones de dólares por concepto de devolución de créditos otorgados en años anteriores, también que para 1998 se prevé recaudar, por el 10% de impuesto al espectador. 71 % más que en 1997, es decir, un total de 23 millones de dólares, debido al crecimiento acelerado del sector de exhibición y del incremento previsible en la asistencia.

Lo expuesto pone en claro el atraso de la vigente Ley Cinematográfica en México, así como la ausencia de mecanismos fiscales y de cualquier índole que incentiven el desarrollo de la actividad cinematográfica en nuestro país. También queda manifiesta la ausencia de una política integral sobre una industria estratégica, como la cinematográfica, que sin duda es columna vertebral de la industria audiovisual: no olvidemos que el cine conforma el 40% de la programación de las televisoras abiertas en el mundo, y sin duda un país existe y se reconoce a sí mismo por las imágenes que produce y consume.

No sobra repetir una vez más: somos lo que vemos, y cito a Fernando Trueba nuevamente:

Amparándose en la falacia de que es el público quien ha decidido que las cosas sean así. los que sólo se interesan por el público para administrar su monedero, necesitan que éste cada vez sea más embrutecido y desunido, sea más iletrado e insolidario, con menos capacidad de respuesta, que se limite a ser un mero deglutidor acrítico de productos sin alma.

No somos juristas, economistas o fiscalistas, somos profesionales del cine, que debemos reconocer la complejidad de las medidas que son necesarias para desarrollar la industria del cine nacional que, sin duda, si quiere permanecer con vida debe estar dispuesta a asumir profundos cambios. Así, en términos de la ley vigente considero que deben revisarse los contenidos siguientes:

1) El tiempo de pantalla para las producciones nacionales. El artículo transitorio tercero de la ley, establece la disminución gradual del 50% del tiempo de pantalla que la anterior ley reservaba como mínimo para las producciones mexicanas, hasta llegar al 10% en 1997. Si bien la disposición de garantizar un tiempo mínimo de pantalla al cine mexicano tuvo el propósito de protegerlo de la fuerte competencia extranjera, facilitó la producción de películas que dejaban mucho que desear tanto desde el punto de vista artístico como técnico. El resultado fue la pérdida de mercados y el alejamiento del público del cine mexicano. Con las nuevas disposiciones se pretende alentar la libre competencia y la calidad de las producciones. Por eso se hace indispensable organizar una producción de películas de calidad, en forma regular, que produzca estrenos sistemáticos y tenga nivel de competencia internacional. Así se tendría una presencia constante que aumentaría el prestigio del cine mexicano y se retroalimentaría con la asistencia del público a las salas cinematográficas y el interés de los exhibidores de programar el cine nacional.

Tal planteamiento parecería sumamente atractivo, pero en realidad más bien parece un galimatías: si es válido, ¿por qué no se cumple?

Al mismo tiempo se aduce: “no se cumple porque no hay producción suficiente”, y a la vez escuchamos: “cuando nos den el tiempo de pantalla produciremos lo suficiente”. También sabemos de los históricos amparos de los exhibidores, lo cual está a punto de sentar jurisprudencia. En resumen, estaría de acuerdo en un sistema de cuotas o tiempos de pantalla sustentado en el incentivo fiscal o de premio o subvención al exhibidor, y no en un sistema coercitivo que obligara al exhibidor a poner cine nacional en sus pantallas.

2) El doblaje. Existe un grupo entre los diferentes sectores del cine nacional que se opone decididamente al doblaje de películas extranjeras en cualquier forma o medio. Las razones son diversas, menciono las tres principales: la defensa del derecho de autor en cuanto a conservar la integridad intelectual de las obras; garantizar el derecho del público a conocer las películas en su versión original y la protección del cine nacional contra una competencia desigual con el cine extranjero. Esto último, porque con el doblaje desaparecería el público cautivo del cine en español, constituido por la población incapaz de seguir las películas extranjeras subtituladas. Considero pues, que debe permanecer la prohibición del doblaje para ser exhibido en salas cinematográficas, excepto en las películas clasificadas “AA”.

Por otra parte, existe otro grupo que favorece el doblaje al español de cualquier clase de película en cualquier medio o soporte. En mi opinión el doblaje para las salas cinematográficas deberá quedar restringido a las películas antes mencionadas, mientras que podría permanecer indiscriminado su uso para cualquier tipo de películas emitidas en televisión y comercializadas en video, siempre y cuando los empresarios de dichos medios cubran una cuota fija por la venta de los espacios comerciales durante la emisión de las películas dobladas para el caso de las televisoras, o bien por cada unidad de video vendida para el caso de las empresas distribuidoras de video.

• Debemos tomar en cuenta que la Ley debe impulsar una práctica comercial sana, por lo cual debe sancionar las prácticas monopólicas que no están ausentes de la actividad cinematográfica, especialmente en la distribución y exhibición.

• Debe establecerse protección a los laboratorios obligando a la elaboración de copias en territorio nacional cuando los lanzamientos requieran de un número a determinar de las mismas.

Además de los aspectos anteriores que deberán ser reformados ya que están incluidos bajo otra óptica en la ley vigente, se deben tomar en cuenta los siguientes puntos, bajo el entendido de que no tienen antecedentes dentro de la ley que actualmente regula la actividad cinematográfica.

Debe establecerse un Fondo de fomento que cuente con los siguientes instrumentos y funciones:

a) Un fondo de garantía para viabilizar la obtención de créditos, descuentos, etcétera, a los productores nacionales, así como a los distribuidores y exhibidores.

b) Financiamiento vía capital de riesgo a las actividades de producción, distribución, comercialización y exhibición del cine nacional.

c) Otorgamiento de ayudas y crédito selectivo a proyectos considerados de interés especial.

d) Ayudas especiales a las películas que logren un número determinado de ingresos en exhibición comercial.

e) Ayudas especiales a las películas que participen en festivales internacionales de categoría A.

f) Apoyo a la producción de películas dirigidas por nuevos realizadores.

g) Ayudas a los distribuidores de películas mexicanas bajo condiciones de estreno en un número mínimo de plazas, y condicionada a la obtención de un número mínimo de espectadores.

Por otra parte, es indispensable contar con opciones diversas para que este Fondo obtenga recursos:

• Aplicar un impuesto especial del 10% sobre cada boleto vendido con cargo al consumidor, para el apoyo al cine nacional, bajo la figura de impuesto especial o de un derecho, y que mediante un acuerdo entre todos los sectores de la industria se establezca en el marco de los convenios de coordinación fiscal celebrados entre la Federación y las entidades federativas.

• Que las empresas televisoras aporten una cuota fija o un porcentaje de los ingresos por la venta de los espacios comerciales, durante la emisión de películas de cualquier nacionalidad.

Por último, establecer junto con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, las medidas de incentivos fiscales y fomento para productores, distribuidores y exhibidores de cine nacional, entre las que se contarían los siguientes:

• Autorizar a personas físicas y empresas privadas nacionales a destinar un porcentaje de sus utilidades para invertir en la producción de obras cinematográficas mexicanas otorgándoles sobre esos montos deducibilidad del impuesto sobre la renta.

• Otorgar a los productores de cine mexicano el 10% de deducibilidad sobre el costo total de producción de una película, ya que a menudo se efectúan erogaciones por bienes y servicios, en lugares en los que por su ubicación y características no siempre es posible obtener las facturas y recibos correspondientes con los requisitos fiscales establecidos.

•Deducibilidad de impuestos para aquellos exhibidores que cumplan un mínimo de días por año para el cine nacional.  n