El movimiento del 68 fue contestatario al igual que la Revolución en su origen. Ambos desafiaron a un Estado autoritario en nombre de ideales libertarios. En ambos casos su consagración simbólica definitiva ocurrió cuando sus protagonistas ya no eran rebeldes sino regidores de los destinos del país. El 68 tiene muchas deudas con la historia. Y, tal vez, las más evidentes no sean las más importantes.
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