A pesar de los muchos y muy diversos trabajos que realizamos los migrantes, la migración internacional tiene asociada imágenes que remiten a la idea de una población sobrante; una población que excede toda capacidad de asimilación y que no es necesitada ni en las sociedades a las que migra ni en aquellas de donde proviene.
Esta imagen de una población sobrante, inútil y amenazante es tan poderosa que a veces adquiere tintes racistas, aunque por lo general es procesada en un registro jurídico que traza líneas claras entre quienes tienen derechos políticos y sociales plenos y quienes no deben tenerlos. La certificación legal de una estancia, la ciudadanía o la residencia, los antecedentes penales, son documentos que sirven para hacer valer estas diferencias.
Sin embargo, la imagen o idea de que nuestras sociedades tienen una población sobrante que es inútil o peligrosa no se limita de ninguna manera a la representación de los migrantes, sino que aparece primero en el interior mismo de la población nacional, donde el desempleo o subempleo llevan a que haya sectores que perviven "sin oficio ni beneficio". La idea de que hay quienes sobran suele ir de la mano de una devaluación de la vida o, mejor dicho, de algunas vidas, un proceso al que voy a referirme con un neologismo bastante feo: la “basurización”. Para entender de qué se trata, pongo un ejemplo.

En su reciente libro sobre las atrocidades que se descubrieron a inicios de este año en el rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, la periodista Sandra Romandía publicó una entrevista con una señora que trabajó como cautiva del Cártel Jalisco Nueva Generación. En su narración, la señora explica que lo sucedido en el rancho Izaguirre forma parte de una constelación mucho mayor:
“Porque esto no se va a acabar”, dijo la señora. “Como dicen ellos [se refiere a los sicarios del rancho Izaguirre]: ‘Hoy estoy yo, mañana va a estar otro. Y si no están ustedes, va a venir más basura y los va a reemplazar’. Para todo hay un reemplazo”.1
Me detengo en esta narrativa, que aparentemente no tiene que ver con las migraciones internacionales que hoy nos convocan, para señalar que los verdugos del cártel se veían a sí mismos como seres fácilmente sustituibles, tanto así que no tendría caso juzgarlos en el terreno de la ética: si ellos no asesinaban, lo harían otros. Si los cautivos no hacían lo que se les pedía, traerían a otros que lo hicieran. Los asesinos serían tan fáciles de reemplazar que su personalidad termina siendo irrelevante, en tanto que sus víctimas ni siquiera alcanzan a ser vistas como seres sensibles: son basura. El pequeño campo de exterminio llamado rancho Izaguirre era apenas un sitio, un lugar entre otros, donde unos reclutas cien por ciento sustituibles “procesaban” una supuesta basura humana —sometían, asesinaban, incineraban— para aplazar el momento en que ellos mismos fueran desechados.
Esta imagen de una población reemplazable, fácil de intercambiar, que es tratada y desechada como la basura, existe en muchas sociedades, pero contamina la representación del migrante transnacional, quien fácilmente puede ser visto como un desecho de su propia sociedad, que debe ser rechazado o expulsado por la sociedad a la que pretende llegar. Hoy que los migrantes transnacionales pasan por un momento muy vulnerable, la tentación de tratarlos como si fueran basura se ha exacerbado, sobre todo porque proliferan las imágenes de una población ‘basura’ en el interior de nuestros países.
El 28 de octubre pasado en un operativo policial y militar masacraron a 121 personas en dos favelas de Río de Janeiro, pero según las encuestas este hecho — tan carente de un sentido estratégico claro— fue aprobado por un 66 % de la población carioca y fuertemente desaprobado por apenas un 5 %. Los encuestados incluían a muchos pobladores de favelas, que incluso aprobaron los hechos en una proporción todavía más elevada.2 Esa clase de episodio hace que sea sencillo retratar a los migrantes como si fueran las sobras de una sociedad, una población que no sirve y que nadie quiere: una basura. Pero para convertirse ya en una política, la basurización tiene que ir apoyada de ciertos silencios. No debe indagarse con demasiado cuidado cómo es que las personas “sobran”.
Las poblaciones de la frontera norte de México hoy están hinchadas por una población que aparece fácilmente como un excedente inútil. Personas descolocadas, fuera de lugar, porque no pueden entrar o han sido expulsadas de Estados Unidos y no quieren o no pueden volver a su lugar de origen. A veces el volumen de gente es tal que genera rechazos de parte de la sociedad local. En 2007 la ciudad de Nogales (Sonora) —que en ese entonces tenía una población de 220 000 habitantes— recibió casi a 130 000 personas deportadas de Estados Unidos. Es casi imposible que esas personas no hayan sido vistas por los nogalenses como un agente contaminante.3
Las poblaciones “sobrantes” que se concentran hoy en las ciudades fronterizas mexicanas son objeto cotidiano de extorsión, asaltos, secuestros y desapariciones. Esa violencia tiene al silencio como una condición de posibilidad. Importa analizar cómo se estructura ese silencio: cuáles son sus ritmos, sus puntos de presión, sus razones de ser. Los mecanismos con que se devalúa a las personas que migran de cada lado de estas fronteras ofrecen una pauta para estudiar esos patrones. Vale la pena detenerse en la forma en que confluyen el interés por devaluar a los migrantes con los silencios que ocultan su vulnerabilidad.
A partir del 2011, en Estados Unidos se ha devaluado a quienes migran con su criminalización y las deportaciones, como lo ha mostrado el geógrafo Jeremy Slack en un importante libro.4 Del lado mexicano, en cambio, la basurización del migrante se ha hecho con mecanismos más complejos y, en apariencia, sin una intervención expresa del Estado, como sí la hay del lado estadunidense. Visto bien, sin embargo, la basurización de los migrantes del lado mexicano de la frontera con Estados Unidos se hace con acciones y actores que operan de lado y lado de la frontera, que prefieren callar y ocultar la vulnerabilidad extrema en que pervive el transmigrante del lado mexicano de la frontera.
Dinámicas del silencio
La basurización recae en y requiere de la producción social de silencio sobre una serie de temas que atañen directamente a sus sujetos, porque convertir a una persona en un desecho sólo sucede por medio de la explotación extrema, el robo, la violación, el secuestro o el asesinato. Cada una de esas prácticas es violatoria de una u otra ley, además de ser contraria a las expectativas morales de la sociedad. En parte, ese silencio se crea generando miedos que reducen la capacidad política de respuesta de la sociedad. No voy a detenerme en esto porque es cuestión ya bien conocida.
Además, hay otras dinámicas de silenciamiento que esconden la vulnerabilidad de quienes migran y que son quizá menos evidentes, porque no recaen tanto en amenazas directas a la ciudadanía como en acuerdos cupulares o al menos en confluencia de intereses potentes que consiguen opacar una serie de temas y situaciones. En el caso de la basurización de migrantes en las ciudades de la frontera mexicana, estos acuerdos pueden involucrar a los gobiernos de México y Estados Unidos, a los gobiernos locales y federales de México, a la relación de esos gobiernos con una u otra organización criminal y a la confluencia de intereses entre crimen organizado, ciertas empresas o actividades económicas lícitas y actores gubernamentales. El silencio, en otras palabras, es producido por una coincidencia de intereses de actores gubernamentales, empresas legales y empresas criminales que producen lo que podríamos llamar una “dinámica silenciadora”. Voy a detenerme en tres puntos concretos que generan esas dinámicas de silencio en torno a la vulnerabilidad extrema y la basurización de los migrantes.
La primera de ellas genera silencio sobre el asunto de las remesas que llegan a México no para apoyar a familias mexicanas, sino para pagar el rescate o traspaso de migrantes extranjeros que cruzan México de sur a norte con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Es un tema político-económico delicado tanto para el gobierno como para una serie de empresas. En México las remesas representan un porcentaje importante del PIB —alrededor del 4 %, cifra parecida a la de la renta petrolera— y son objeto de alabanzas casi universales, tanto en las planas de la prensa como en las declaraciones de los políticos de todos los partidos, quienes suelen representar a los migrantes como patriotas mientras que las remesas son tratadas como si fueran un patrimonio.
Esta glorificación del migrante y el cálculo de conveniencia sobre las remesas enviadas han conducido a un silencio sordo en el hecho de que la extorsión de los migrantes —que ocurre en gran medida en nuestras ciudades fronterizas— se ejecuta por medio de transferencias que se presentan como si fueran remesas y que el crimen organizado recoge por medio de una serie de artimañas, según entrevistas, en los mostradores de Elektra. ¿Cuál es la proporción de las remesas que en realidad son dinero enviado por las familias de transmigrantes al crimen organizado? Es una pregunta que no se mide —no he encontrado un solo artículo o estudio que lo intente—, pero hasta hacer la pregunta pareciera ser de mal gusto, supuestamente porque ensuciaría el buen nombre de “nuestros” migrantes, de su arduo trabajo y de las remesas que envían con tanto amor y dedicación.
Por ejemplo, en 2023 Reuters publicó una investigación sobre el envío de falsas remesas a Sinaloa como técnica para lavar dinero. Es un trabajo de investigación en serie que explora los mecanismos concretos utilizados en Sinaloa para embozar el lavado de dinero con el flujo general de las remesas. Sin embargo, el presidente López Obrador reaccionó denunciando el reportaje. Dijo —sin pruebas— que era falso y proclamó que el pueblo mexicano “no es un pueblo flojo”.5 La investigación de Reuters no cuestionaba los sacrificios del pueblo trabajador, sino que mostraba cómo el crimen organizado usaba la transferencia interbancaria de remesas y su cobro para lavar dinero. La virulencia de la respuesta del gobierno habla de lo sensible que es mantener “puro” el tema de las remesas, tanto para el gobierno como para las instituciones que las procesan —Elektra, Western Union, los bancos—, así como para las economías locales que se benefician del negocio de la extorsión de migrantes: desde los policías, agentes de migración y soldados que reciben rentas por apoyar el negocio hasta los clientes y allegados del crimen organizado que dependen de su patronazgo.
Irónicamente, la defensa desde México de “sus” migrantes en Estados Unidos favorece una política de silencio sobre el negocio de extorsión de migrantes centro y sudamericanos que, además, recae en la capacidad que tiene el crimen organizado de desaparecer a esas personas. Existe una confluencia de intereses entre gobiernos y negocios de ambos lados de la frontera que, por diferentes razones, prefieren dejar desatendida la economía de la extorsión de migrantes, aunque al final ésta refuerce su situación de precariedad extrema.
Paso al segundo ejemplo de dinámica silenciadora: el mutismo acerca de la política estadunidense de deportación y la forma en que ésta vuelve precaria la vida de muchos migrantes deportados. Del 2011 para acá, Estados Unidos ha deportado a varios millones de personas a México; muchas han sido depositadas en las ciudades fronterizas donde no tienen parientes ni trabajo ni amistades que los apoyen. Un buen número de personas deportadas ha pasado a México directamente de la cárcel o de centros de detención, por lo que pueden llegar con poquísimos ahorros o relaciones que puedan protegerlos. En otras palabras: la política de deportaciones deja a una población altamente vulnerable en las ciudades fronterizas de México pero, debido a la relación desigual entre México y Estados Unidos, los gobiernos mexicanos han optado por llevar una política de apaciguamiento o transaccional: recibe deportados a cambio de una u otra concesión. Esto significa que México recibe a esos migrantes deportados, pero no invierte los recursos necesarios para defenderles de las amenazas de degradación que sin duda enfrentarán. Esos tipos de degradación no sólo son muerte, robos o formas de explotación extrema, sino también el reclutamiento de muchos migrantes por parte del crimen organizado. Los pactos intergubernamentales para aplicar las políticas estadunidenses de deportación de migrantes generan entonces una segunda dinámica de producción de silencio que lleva, otra vez, a la basurización del migrante extranjero que queda atrapado del lado mexicano de la frontera.
Existe, por último, una tercera dinámica que vale la pena mencionar, y que es la conspiración de silencio sobre el asesinato o desaparición de personas migrantes del lado mexicano de la frontera. Al igual que en el caso de las remesas, aquí confluyen intereses de ambos gobiernos, con los de varias actividades económicas, tanto lícitas como criminales. En 2011, cuando se descubrieron las fosas clandestinas en San Fernando, Tamaulipas, y los cadáveres empezaron a apilarse en el Semefo de Matamoros, hubo un consenso de autoridades locales y federales, así como de actores económicos locales, para transportar a las 193 víctimas de Matamoros a Ciudad de México. No sólo para disipar y apaciguar el escándalo político, sino también porque se acercaba el Spring Break y el sector turístico tamaulipeco estaba preocupado porque ese escándalo podría afectar el flujo anual de visitantes. Hubo en este caso, como en muchos otros, puntos de interés común entre los gobiernos local y federal, algunos ramos de la economía formal y el propio crimen organizado sobre la utilidad de mantener la basurización del migrante oculta o, cuando menos, discreta.
Y se puede decir algo parecido sobre los intereses del gobierno estadunidense que tampoco ha puesto demasiada atención en estas masacres. En 2021 la Comisión Nacional de Búsqueda encontró media tonelada de huesos calcinados en un paraje conocido como La Bartolina, en Matamoros, Tamaulipas, apenas a 15 kilómetros de la frontera con Brownsville. La Bartolina mantuvo durante años crematorios clandestinos del crimen organizado sin que hubiera alguna denuncia presentada por el gobierno federal de Estados Unidos o estatal de Texas.
En resumen: he identificado tres temas o asuntos que provocan un silencio cupular respecto a la degradación de los migrantes transnacionales en la frontera México-Estados Unidos. Esos asuntos —el flujo de falsas remesas para pagar extorsiones relacionadas con el movimiento de migrantes; las consecuencias prácticas de la política de deportación del gobierno de Estados Unidos; y el recurso corriente a la desaparición y asesinato de migrantes por parte del crimen organizado— producen un silencio social deliberado porque en ellos confluyen intereses de los gobiernos, del crimen organizado y de empresas o ramos de la economía legítima. La capacidad social de respuesta a la precarización de los migrantes extranjeros que viven en el país dependerá, al final, de que podamos terminar con estos y otros silencios.
Claudio Lomnitz
Profesor de Antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de El tejido social rasgado, Nuestra América. Utopía y persistencia de una familia judía y La nación desdibujada. México en trece ensayos, entre otros libros.
Este texto es una versión de la conferencia presentada en el congreso “Migraciones”, El Colegio Nacional, 5 de noviembre de 2025.
1 Romandía, S. Testigos del horror, Grijalbo, 2025, p. 57.
2 Stott, M. “Rio Residents Back Brazil’s Bloodiest Police Raid”, Financial Times, 31 de octubre de 2025, https://www.ft.com/content/42b2658f-5208-4040-85ce-cbef40331981
3 Slack, J. Deported to Death: How Drug violence is Changing Migration on the US-Mexico Border, University of California Press, Oakland, 2019.
4 Ibidem.
5 Ore, D. “How Mexican Narcos Use Remittances to Wire US Drug Profits Home”, 18 de agosto de 2021, https://www.reuters.com/investigates/special-report/mexico-drugs-remittances/#:~:text=Drug%20cartels%20are%20using%20remittances,to%20narcotics%20kingpins%2C%20authorities%20say. El Universal. “AMLO respondió a reportaje de Reuters sobre presunto lavado de dinero a través de remesas”, El Imparcial, 21 de agosto de 2023, https://www.elimparcial.com/mexico/2023/08/21/amlo-respondio-a-reportaje-de-reuters-sobre-presunto-lavado-de-dinero-a-traves-de-remesas/