La manzana dorada y las nueve pavorreales
Había una vez un rey con tres hijos. Afuera de su palacio había un árbol con manzanas doradas. Florecía y daba fruto en una sola noche, pero alguien (nadie podía encontrar quién) se robaba la fruta. Un día el rey les habló a sus hijos: “¿A dónde va a dar la fruta de nuestro árbol?”. El mayor contestó: “Voy a hacer guardia en la noche para ver quién se la roba”.
Al oscurecer fue hacia el manzano y se acostó debajo para vigilarlo. Pero cuando las manzanas estaban a punto de madurar se quedó dormido; se despertó al amanecer y ahí estaba el árbol: saqueado. Fue con su padre y le contó lo ocurrido.
Entonces el segundo hijo se ofreció de guardia para el manzano. Pasó lo mismo. Luego le tocó al más joven ser guardia. Puso su cama debajo y se echó a dormir. Justo antes de la medianoche se despertó y vio al árbol. Empezaba a madurar y llenó de brillo al atrio de la casa. En ese momento nueve hembras pavorreales volaron: ocho sobre el árbol y la novena cayó en su cama.
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