Anochecer
Atanás Dalchev (Bulgaria, 1904-1978)
[Traducción indirecta a partir de la versión al inglés de Roy Macgregor-Hastie]
Voy deambulando a solas por la calle.
Rojizo como los tejados, el sol, detrás de ellos,
esparce su fulgor final hacia el poniente.
Y, clavando mi vista en él, hago memoria.
Habrá el mismo fulgor también en Nápoles.
Las ventanas más altas de los edificios
titilarán como incendiadas.
La bahía de Nápoles debe brillar entera.
Como hierba mecida por la brisa nocturna,
olas verdes han de llegar al puerto
y atravesando el ruido y el humo, como un hato
de vacas al anochecer, los barcos
habrán de revolcarse y mugir en el agua.
Habrá gente de ropa colorida
que, en el muelle, bendice el día que acaba
con plenitud, despreocupadamente.
Sin embargo, ya no me encuentro ahí.
París bien debe fulgurar ahora.
Habrán de estar cerrando los Jardines de Luxemburgo.
Un toque apasionado de corneta atraerá
la oscuridad, convocada como por esas notas,
con la noche cayendo suavemente en las aceras blancas.
La multitud de niños ingresará al jardín
y oirá dichosa, extática, inocente,
el clamoroso toque del metal,
cada niño intentando aproximarse
a aquel maravilloso cornetista.
Por las puertas, de par en par abiertas,
saldrá la gente a mares, feliz y bulliciosa.
Sin embargo, ya no me encuentro ahí.
¿Por qué nunca podemos estar al mismo tiempo
aquí y allá, en todas partes, donde
late la vida, sin cesar y fuerte?
Siempre estamos muriendo y desapareciendo poco a poco,
primero de este sitio y después de otro más,
hasta que al fin hayamos de esfumarnos.
El poema parece ordinario, y más en traducción indirecta. No dudo de la superioridad del original, escrito por el búlgaro Atanás Dalchev en 1930. Pero no entraré en honduras filológicas; ello delataría, más que ignorancia, una salida en falso.
Decía que la superioridad del original resulta obvia, aunque no tanto para quien lo desconoce. O mejor dicho: cuando el único original es otra traducción —en mi caso, la directa del mexicano Reynol Pérez Vázquez, a la cual rinde homenaje mi versión—. No queda sino encomendarnos a un traductor que, por economía, decide hablarnos en voz alta, sin subtítulos. Incluso si no sabemos búlgaro, la presencia del original en cirílico permitiría trazar equivalencias. A nivel visual, intentaríamos traducir palabra por palabra con el diccionario que tenemos al lado, en la siguiente página: el poema propiamente traducido.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.