En una de las escenas más icónicas de 2001: Odisea del espacio, el Ulises de los simios inicia el anunciado viaje tecnológico de la humanidad al escoger un hueso de entre unos restos dispersos. Así se convierte en el primer animal, en la prehistoria del mundo, en usar una herramienta. Lo que sigue es aporrear triunfalmente, al ritmo de Así habló Zaratustra, el resto de los huesos; ya empoderado, aporrea a morir a una presa y, por último, ¿y por qué no?, a uno de sus congéneres.
Salto de tiempo, no al 2001 de la cinta sino —fuera de ella— a 1971: “Éste fue el primer ejemplo registrado de un animal salvaje que no sólo utilizaba un objeto como herramienta, sino que en realidad modificaba un objeto”, escribe Jane Goodall en In the Shadow of Man,1 al referirse a la elección de unas ramitas por los chimpancés David Greybeard y Goliath. Las convierten —arrancándoles las hojas— en instrumentos para pescar insectos por el hoyo de un termitero.

Usar y fabricar herramientas: lo primero es imaginado como un hito de nuestros ancestros en la película de Stanley Kubrick basada en la novela de Arthur C. Clarke; lo segundo, antes de las observaciones hechas por Goodall, definía a nuestra especie como Homo faber, única con esa habilidad. Pero, si bien la propia Goodall —al igual que otros científicos— había establecido que sólo los primates y las nutrias usaban herramientas un día sí y otro también, lo cierto es que muy diversas especies de animales recurren a lo que, visto en conjunto, constituye un, para no pocas personas, extenso e insospechado repertorio.
El “uso de herramientas” ha sido definido de numerosas maneras, todas discutibles y discutidas a la fecha por zoólogos, etólogos y psicólogos (Benjamin B. Beck, uno de los mayores expertos en el tema, tiene por formación la psicología comparada). Sin introducir los importantes matices y detalles que los especialistas señalan en algunas de las más recientes y complejas, podemos hacer nuestra aquélla que lo describe como “la manipulación de un objeto —que entonces se constituye en la herramienta— que no está sujeto a un sustrato ni es parte de la anatomía del organismo, para cambiar la forma, posición o condición de otro objeto al ponerlo en contacto con éste o a distancia”.2 Con esto aclarado, iniciemos nuestro recorrido.
Entre los insectos, las hormigas piramidales bicolor (Dorymyrmex bicolor) usan como armas piedras y otros objetos con los que bombardean y bloquean la entrada a los hormigueros del género Myrmecocystus; así, mientras éstas últimas consiguen salir de nuevo, reducen la competencia al recolectar alimento.3
Los cangrejos boxeadores (Lybia tessellata) remueven anémonas pequeñas del sustrato en que se hallan fijas y las empuñan con sus pinzas. Si otro organismo los agrede, blanden hacia éste las anémonas como si fueran pompones —de ahí su mote de cangrejos pom pom—, facilitando que descarguen las toxinas urticantes contenidas en las cápsulas (nematocistos) de sus tentáculos. Estos cangrejos se valen también de los tentáculos de las anémonas como herramienta para atrapar animales pequeños y partículas de alimento suspendidas en el agua.4
Conchas marinas o mitades de cocos (y hasta vasos de plástico desechables) son comúnmente recolectados por pulpos cocoteros (Amphioctopus marginatus). A pesar de que, al desplazarse con las conchas o los cocos debajo de su cuerpo, caminan con dificultad —como si llevaran zancos—, cuando se sienten amenazados se refugian dentro de las conchas o los cocos.5
Los peces gato acorazados (Hoplosternum thoracatum) depositan sus huevos sobre hojarasca y, ante la presencia de un depredador, usan estas hojas como cunitas para transportarlos a zonas más protegidas.
No hay evidencia fotográfica o en video (aún), pero desde el siglo XIX se han reportado osos polares “bombarderos”, quienes arrojan misiles de hielo o rocas a morsas y focas para lastimarlas y, de este modo, impedir que escapen al cazarlas. Esta habilidad osuna-polar ha sido observada —si bien sin morsas ni focas como blanco— en individuos en cautiverio. En el Zoológico Brookfield de Chicago hay el caso, por ejemplo, de un oso polar que acostumbraba lanzar un barril de aluminio de cerveza.6
Delfinas nariz de botella (del género Tursiops) enseñan a sus hijas a tomar una esponja con su hocico para proteger su nariz de rocas afiladas y crustáceos al buscar presas en el fondo del mar. Sólo se ha visto a un delfín macho hacer esto.7
Hasta aquí todo muy bien, pero ¿qué hay de la fabricación de herramientas, definida por los estudiosos en esta área como “toda modificación de las características físicas de un objeto o de una herramienta que sirva de manera más eficiente”8? Cría cuervos de Nueva Caledonia (Corvus moneduloides) y te sacarás los ojos cuando veas a estas aves usar múltiples herramientas —ramitas, trozos de bambú, tallos de plantas, pedazos de enredaderas, entre otras— para extraer insectos de debajo de la corteza de los árboles o de troncos huecos. Son además, hasta el momento, la única especie que “manufactura” —con el pico, por supuesto— anzuelos.9
Los cuervos cortan y rasgan los bordes de las hojas en forma de espada de plantas del género Pandanus hasta lograr uno de tres diseños en forma de gancho para su “caja de herramientas”: ancho, estrecho o escalonado, este último con numerosos “escalones” que se afinan hasta terminar en punta. Estas aves introducen las partes de las hojas a las que dieron forma de un ganchillo de crochet en orificios y grietas para ensartar a sus presas.
Fabricantes de herramientas notables son también pulpos, al menos trece familias de aves, castores (que dan forma con sus dientes a pedazos de madera que sirven como tapones de las presas que construyen), elefantes (que confeccionan espantamoscas con ramas), monos del nuevo y del viejo mundo, chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes. Entre estos últimos llama la atención la destreza de Supinah, una orangutana que, en un campamento de rehabilitación previa a que la liberaran en su hábitat, martillaba clavos, serruchaba y cortaba madera, afilaba hachas y cuchillos, lavaba platos, limpiaba su cara con pañuelos, se aplicaba repelente de mosquitos, colgaba hamacas, usaba un parasol y hasta intentaba encender con keroseno un fuego para cocinar (esto último sin éxito).10
Ni monolito extraterrestre ni entrenamiento previo explican la versatilidad de Supinah en el manejo de herramientas. Pero quien quisiera demeritar la capacidad “real” de ella y de individuos de otras especies que han aprendido por imitación a usar y fabricar herramientas y, siendo humano, esté libre de haberlo hecho así con frecuencia, que arroje la primera piedra (o, imitando al simio de 2001, el primer hueso).
1 Goodall, J. A la sombra del hombre, Alianza editorial.
2 Ligera simplificación de la propuesta por Beck en 1975, herramienta básica —abusando de la expresión— por más de un cuarto de siglo.
3 Moglich, M. H. T., y Alpert. G. D. “Stone dropping by Conomyrma bicolor (Hymenoptera: Formicidae): A new technique of interference competition”, Behav. Ecol. Sociobiol. 6, 1979, pp. 105-113.
4 Duerden, J. “On the habits and reactions of crabs bearing actinians in their claws”, Proc. Zool. Soc. Lond. 2, 1905, pp. 494-511.
5 Finn, J. K., y otros. “Defensive tool use in a coconut-carrying octopus”, Curr. Biol. 19(23):R1069-70, 2009.
6Shumaker, R. W., y otros. Animal Tool Behavior: The Use and Manufacture of Tools by Animals, The John Hopkins University Press, 2011.
7 Smolker, R. A., y otros. "Sponge carrying by dolphins (Delphinidae: Tursiops spp.): A foraging specialization involving tool use?", Ethology,103 (6), 1997, pp. 454-465.
8 Ibid. 7.
9 Hunt, G. R., y Gray, R. D. "The crafting of hook tools by wild New Caledonian crows". Proc. R. Soc. B, 271 (Suppl. 3):S88-S90, 2004a.
10 Russon, A. E., y Galdikas, B. M. F. “Imitation in free-ranging rehabilitant orangutans (Pongo pygmaeus)”, J: Comp. Psychol. 107(2), 1993, pp. 147-161.