La celebración de los XVII siglos del Concilio de Nicea

El primer Concilio Ecuménico se celebra en Nicea de Bitinia, actualmente Turquía, en 325. Fue convocado por el emperador Constantino. De los muchos temas tratados en el mismo dos son de gran importancia: el Credo –que ahí pasa a ser la profesión de fe oficial de toda la cristiandad– y se unifica, para ese tiempo, la fecha de la celebración de la Pascua.

Aquí presento una panorámica sintética de este Concilio, a partir de fuentes distintas, la más importante es el ensayo “Los 1700 años del Concilio de Nicea: Contexto histórico, convocación y pricipales decisiones”, de Henryk Pietras, publicado en La Civiltà Cattolica, en mayo de 2025.

Este autor jesuita nació en 1954, en Dębieńsko, Polonia, es teólogo especialista en patrística, iglesia primitiva y filosofía antigua. Se ha desmpeñado como profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, de la que es Profesor Emérito de Teología y director de la revista Gregorianum.  

En 320 el obispo Alejandro, de la Iglesia de Alejandría, Egipto, excomulga al sacerdote Arrio por el Credo que propone y los dos entran en conflicto, con el apoyo de partidarios de uno y otro lado. El emperador Constanino les pide, por medio de una carta, que se reconciliaran. Ninguno de los dos acepta dejar atrás el conflicto y emperador convoca al Concilio ecuménico para resolver este y otros temas.

La invitación al Concilio

En la carta de invitación a 1 800 obispos, para que asistan el Concilio, el emperador refiere los temas a tratarse como el fin de las persecuciones, la devolución de bienes eclesiásticos confiscados en el pasado y también sobre el cisma del donatismo. En la carta menciona la disputa entre el obispo Alejandro y Arrio, pero la considera una controversia menor.

En su concepción, dice Pietras, “las disputas teológicas no tenían gran relevancia para él: para una cuestión tan poco importante habría bastado con una advertencia y una exhortación a la concordia”, para Constantino “la idea de la paz religiosa debía basarse en la unidad del culto más que en la igualdad de las creencias teológicas, podemos afirmar que el tema más importante para él era la fecha de la Pascua, que hasta ese momento no había sido unificada en la Iglesia”.

La carta invitación del emperador al Concilio contiene un párrafo introductorio donde se dice que la reunión tiene también el propósito de celebrar “el vigésimo año de su gobierno”. Todo indica que el emperador juzgaba oportuno, junto con los obsipos invitados, “declarar solemnemente la paz universal tras sus victorias, la reconciliación de todas las partes en conflicto, una sola fe y una única fecha de Pascua para toda la Iglesia”.

El desarrollo del Concilio

El Concilio se celebró del 20 de mayo al 19 de junio de 325, y se reunieron obispos de Europa, África y Asia. De los 1 800 obispos invitados llegaron entre 250 y 300. A pesar de la gran importancia de este Concilio, hay información escasa y parcial. Se sabe que en la apertura un obispo dio la bievenida al emperador y que este “expresó su gratitud a Dios y exhortó a los obispos a suspender todas las controversias”.

Se conoce también que Constantino llamaba a los obispos “sacerdotes de Cristo” y hablaba en latín, y se le traducía simultáneamente al griego, quienes comprendían el latín eran una clara minoría. El emperador, pontifex maximus, en la asamblea instituyó a los obispos como el “colegio sacerdotal” del cristianismo, con la intención de proclamar el calendario y la fórmula de fe.

En 313, el cristianismo ya se había reconocido oficialmente como religio licita, pero ahora a la reunión de los obispos se le equiparaba con los colegios sacerdotales de las otras religiones, por lo que podían esperar recibir los mismos privilegios. Hay constancia de que el emperador asistio a todos los debates.

La formulación del Credo y la celebración de la Pascua

En un inicio los obispos presentaron una gran cantidad de temas a tratar, al final se aprobaron 20 cánones que hacen referencia a los temas que se discutieron, que van más allá del Credo y la fecha de la celebración de la Pascua. El obispo Eusebio de Cesárea presentó el borrador del Credo, que fue aceptado por el emperador, con críticas de los demás asistentes. Luego se llegó a una fórmula consensuada con las precisiones aportadas por el mismo Constantino. Y así quedó aprobado.

Henryk Pietras plantea que, en el Concilio de Nicea, el primero ecuménico y el único reconocido hasta ahora por casi todas las confesiones cristianas, surge el Símbolo de la Fe, el Credo de Nicea. En 380 el emperador Teodosio lo establece como el canon para sus dominios, y cita en 381 al Concilio de Constantinopla, que completa el texto que después será ampliado en 451 en el Concilio de Calcedonia.

Y dice que “la confesión de fe nicena, que al principio suscitó tantas resistencias y produjo tantas divisiones, aparece hoy como un nexo ecuménico (en el sentido actual del término) que ningún cisma ni herejía posterior ha podido quebrantar. En algunas tradiciones orientales, el “gran y santo Concilio de Nicea” incluso se conmemora en el calendario litúrgico”. En la tradición católica los fieles en la misa recitan el Símbolo niceno-constantinopolitano.

Al parecer, afirma Pietras, la formulación de un Credo universal y el fijar una fecha única para la celebración de la Pascua eran temas que interesaban más al emperdor, en cuanto pontifex maximus, que a los obispos. En su carta postconciliar dice que “cuando se trató la cuestión relativa a la fecha de la santísima Pascua, por decisión unánime pareció oportuno que todos, en cualquier lugar, la celebraran el mismo día”.

El Concilio de Nicea fue primero “ecuménico”, en el sentido antiguo de la palabra: “el mundo habitado”. Convocado por el emperador Constantino, sus participantes provenían de muchas regiones del mundo, ubicadas en Europa, África y Asia, pero en especial de la parte oriental del imperio romano.

A lo largo de los siglos, cuando las discusiones entre las diversas facciones teológicas continuaron creciendo, poco a poco el Credo de Nicea fue ganando cada vez más adeptos, y la “consustancialidad” del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo, contemplada en ese Credo, se reveló como la fórmula más profunda y adecuada para expresar la fe de la Iglesia.

Pietras subraya que “con las precisiones aportadas por los Padres Capadocios y con el apoyo de los emperadores, la profesión de fe de Nicea se volvió comprensible para la mayoría y, finalmente, se convirtió en el canon de la ortodoxia”.

Ahora la celebración común de la Pascua por parte de todos los cristianos, no es una realidad. Las iglesias ortodoxas celebran esta fiesta en otra fecha a la Iglesia católica y a las iglesias de la Reforma. En este momento hay un diálogo entre las iglesias para volver a la celebración en una fecha única para todos los cristianos. 

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Publicado en: Sólo en línea