
Existe, en los poemas de Itzia González, una elegancia intrínseca que envuelve cada verso. En Bondad tardía, la poeta desmenuza una visión del amor, la amistad y la naturaleza como si se tratara de lo que posibilita no sólo la escritura sino la vida misma.
cuando la tierra era polvo
esporas de musgo universal
el mar era cielo eterno
y ambos
como padres existían
conociéndose
cuando el polen era apenas imagen
de futuras flores
y futurísimas plantas carnívoras
cuando nosotros existiríamos
un día
pero ese momento estaba a milenios luz
cuando de ese calor no éramos hijos siquiera
cuando en esa amalgama de tiempo
mil aspectos de la tierra y el espacio
ya existían como semilla
como aquello que la precede
lo que no fue
alguna vez existió como posibilidad
entonces nosotros éramos
ya en ese rayo
pudimos y fuimos el árbol
las nubes, la arena
las palabras y plantas acuáticas
ellas fueron nosotros
yo, tú, los otros que siempre somos
y hoy,
sin esforzarnos humanamente
agazapados en el barro
escuchamos todavía que somos
en el mar
en la sombra del árbol
en el ratoncito que atraviesa un campo
en los finales cotidianos.
***
el poema es un animal
a veces un insecto
y otras una quimera
tantas veces alimentado por
la pena y el desasosiego
que pareciera un ser que
uno usa y olvida
pero tanto hemos recorrido juntas
el poema es un ser adorable
ahora que cambio su alimento
ahora que metabolizo la calma
la prueba
y aún le parece un sabor extraño.
***
creí conocer tus nombres
pero apenas respondes a ellos
cuando escribo sobre ti
para exorcizarme
como mi madre recomendó,
cuando los escribo
los espíritus no te dimensionan
no te desvaneces
debe ser que tu alma se llama de otra forma
tal vez como el ruido de las flores de jacaranda
cuando tocan el asfalto
o como el sabor de un mango
durante una tarde calurosa
tal vez tú también los desconoces.
***
debajo de tus costillas
existe un fragmento
de lenguaje
es ahí que yo
desentierro palabras
de esa tierra suave
llena de raíces
extensión del jardín oculto
lugar cuyo sonido es
árboltrueno
como único habitante
un perro
ladracielo.
***
un árbol de higo
que llega hasta donde
me encuentro
y yo
que llego hasta donde el mar inicia
las montañas a la distancia
azules todas
he olvidado escribir
junto a ti
parece que no necesito
separar la vida en palabras
amanece
podan el higo a mi lado
hacemos un té con las hojas.
***
a tu lado la posibilidad
de hacer mi destino
el dolor de la rendición
el aburrimiento cotidiano
a mi lado
tu contradictoria plenitud
¿piensas en el milagro de tener un hogar?
el amor es una tormenta en el mar
que anuncia posibilidades inmensas
de ahí que yo supiera contigo
la profundidad de la entrega
¿no sigue siendo dios manifestándose en la vida?
poco queda por ocultar
te he amado sin vergüenza
te he detestado ingenuamente
pero en aquel refugio nuestro
despertaba pensando
soy feliz y lo sé,
entre paz y silencio
en la frustración placentera
de que tus manos no hacían daño
aun con el dolor presente
de ese espacio siempre incompleto
recordatorio de que seguimos sin ser uno
¿qué otras cimas se alcanzan
aparte de abrir los ojos y decir
soy feliz y lo sé?
aún con el polvo.
Itzia González
Estudiante de sociología en la UNAM y poeta. Premio de Poesía Joven UNAM – SECTEI 2024.