La ciudad de México tal como hoy la conocemos, nació y se desarrolló en uno de los sitios más benignos y pródigos de que tengamos conocimiento. Rodeado de altas montañas que lo protegen de los vientos y lo abastecen de agua a través de cientos de arroyos y riachuelos, el valle de México conformado por unos 2,800 km2 contenía, hace 500 años, media docena de lagos intercomunicados por una red de canales, que además de proporcionar el agua para el consumo de sus pobladores, facilitaban el transporte de los alimentos y aseguraban a sus habitantes un clima templado y agradable durante todo el año.
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