Héctor Aguilar Camín. Escritor. Una reedición de La frontera nómada, que cumple 20 años, acaba de aparecer en Cal y arena.

Las pasiones según Spinoza

Subrayados a la Etica demostrada según el orden geométrico  (Madrid, Ediciones Orbis, 1980. Traducción de Vidal Pena).

§ Un afecto, que es llamado pasión del ánimo, es una idea confusa, en cuya virtud el alma afirma de su cuerpo o de alguna de sus partes una fuerza de existir mayor o menor que antes.

§ Reconozco sólo tres afectos primitivos y primarios, a saber: la alegría, la tristeza y el deseo.

§ La alegría es el paso del hombre de una menor a una mayor perfección.

§ La tristeza es el paso del hombre de una mayor a una menor perfección.

§ El deseo es la esencia misma del hombre.

I. Afectos de la alegría y la tristeza

§ El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior.

§ La envidia es el odio, en cuanto afecta al hombre de tal modo que se entristece con la felicidad de otro y se goza con su mal.

§ La misericordia es el amor, en cuanto afecta al hombre de tal modo que se goza en el bien de otro y se entristece con su mal.

§ La esperanza es una alegría inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo.

§ El miedo es una tristeza inconstante, que brota de la idea de una cosa futura o pretérita, de cuya efectividad dudamos de algún modo.

§ No hay esperanza sin miedo ni miedo sin esperanza.

§ La devoción es el amor hacia quien nos asombra.

§ El desprecio consiste en la imaginación de alguna cosa que impresiona tan poco al alma que ésta, ante la presencia de esa cosa, tiende más bien a imaginar lo que en ella no está que lo que está.

§ La inclinación es una alegría acompañada por la idea de alguna cosa que es, por accidente, causa de tristeza.

§ La repulsión es una tristeza acompañada por la idea de alguna cosa, que es, por accidente, causa de tristeza.

§ La seguridad es una alegría que surge de la idea de una cosa futura o pretérita, acerca de la cual no hay ya causa de duda.

§ La desesperación es una tristeza que surge de la idea de una cosa futura o pretérita, acerca de la cual no hay ya causa de duda.

§ La satisfacción es una alegría acompañada por la idea de una cosa pretérita, que ha sucedido contra lo que temíamos.

§ La insatisfacción es una tristeza, acompañada por la idea de una cosa pretérita que ha sucedido contra lo que esperábamos.

§ La conmiseración es una tristeza, acompañada por la idea de un mal que le ha sucedido a otro, a quien imaginamos semejante a nosotros.

§ La aprobación es el amor hacia alguien que ha hecho bien a otro.

§ La indignación es el odio hacia alguien que ha hecho mal a otro.

§ La sobreestimación consiste en estimar a alguien, por amor, más de lo justo.

§ El menosprecio consiste en estimar a alguien, por odio, en menos de lo justo.

§ El asombro consiste en la imaginación de alguna cosa, en la que el alma queda absorta porque esa imaginación singular no tiene conexión alguna con las demás.

§ El contento de sí mismo es una alegría que brota de que el hombre se considera a sí mismo y considera su potencia de obrar.

§ La humildad es una tristeza que brota de que el hombre considera su impotencia o debilidad.

§ El arrepentimiento es una tristeza acompañada por la idea de algo que creemos haber hecho por libre decisión del alma.

§ La soberbia consiste en estimarse a uno mismo, por amor propio, en más de lo justo.

§ La abyección consiste en estimarse, por tristeza, en menos de lo justo.

§ La gloria es una alegría, acompañada por la idea de una acción nuestra que imaginamos alabada por los demás.

§ La vergüenza es una tristeza acompañada por la idea de alguna acción que imaginamos vituperada por los demás.

II. Afectos del deseo

§ La frustración es un deseo o apetito de poseer una cosa, alentado por el recuerdo de esa cosa, y a la vez reprimido por el recuerdo de otras que excluyen la existencia de la cosa apetecida.

§ La emulación es el deseo de una cosa engendrado en nosotros porque imaginamos que otros tienen ese mismo deseo.

§El agradecimiento o gratitud es un deseo, o solicitud del amor, por el que nos esforzamos en hacer bien a quien nos lo ha hecho con igual efecto de amor.

§ La benevolencia es un deseo de hacer bien a quien nos mueve a conmiseración.

§ La ira es un deseo que nos incita, por odio, a hacer mal a quien odiamos.

§ La venganza es un deseo que nos incita, por odio recíproco, a hacer mal a quien, movido por un afecto igual, nos ha hecho un daño.

§ La crueldad o sevicia es un deseo que excita a alguien a hacer mal a quien amamos o hacia quien sentimos admiración.

§ La clemencia no es una pasión, sino una potencia del ánimo, por la cual el hombre modera su ira y su deseo de venganza.

§ El temor es el deseo de evitar, mediante un mal menor, otro mayor, al que tenemos miedo.

§ La audacia es un deseo por el cual alguien es incitado a hacer algo peligroso, que sus iguales tienen miedo de afrontar.

§ La pusilanimidad se predica de aquel cuyo deseo es reprimido por el temor a un peligro que sus iguales se atreven a afrontar.

§ La consternación se predica de aquel cuyo deseo de evitar un mal es reprimido por el asombro que siente ante el mal que teme. Es el miedo que mantiene al hombre hasta tal punto estupefacto o vacilante, que no puede librarse del mal.

§ La humanidad o modestia es el deseo de hacer lo que agrada a los hombres y de omitir lo que les desagrada.

§ La ambición es un deseo inmoderado de gloria.

§ La gula es un deseo inmoderado -y también un amor- de comer.

§ La embriaguez es un deseo inmoderado -y un amor- de beber.

§ La avaricia es un deseo inmoderado -y un amor- de riquezas.

§ La libídine es también un deseo -y un amor- de la íntima unión de los cuerpos.

§ Estos cinco últimos efectos no tienen contrarios. La modestia es una especie de ambición. La templanza, la sobriedad y la castidad aluden a la potencia del alma y no a pasión alguna. Y aunque puede ocurrir que un hombre avaro, ambicioso o tímido se abstenga de excesos en la comida, bebida o cópula, eso no quiere decir que la avaricia, la ambición o el temor sean contrarios a la gula, la embriaguez o la libídine. Pues el avaro anhela, generalmente, atracarse de la comida y bebida ajenas. El ambicioso, por su parte, siempre que confíe en que ello no se sepa, no tendrá la menor templanza, y si vive entre ebrios y lúbricos, precisamente por ser ambicioso será más proclive a esos vicios. El tímido, en fin, hace lo que no quiere. Pues aunque arroje al mar sus riquezas para evitar la muerte, sigue siendo avaro, y si el lúbrico está triste por no poder satisfacer su libídine, no por ello deja de ser lúbrico. En términos absolutos estos afectos no se refieren tanto a los actos mismos de comer, beber, etc., cuanto al apetito mismo y amor de tales cosas. Así pues, nada puede oponerse a estos afectos, salvo la generosidad y la firmeza de ánimo.