Tan consternada con mi futuro inmediato, en una ciudad aún pequeña y tímida, como porque mis hermanos y mis primos tenían el derecho, que yo también quise adquirir, de buscar universidad en el extranjero —¿qué más extranjero, entonces, que la Ciudad de México?—, vine a este ombligo de nuestro país movida por mi hermana y mi prima, más decididas que yo a dejar la presencia cercana de los volcanes y los novios predecibles. Podíamos haber esperado a casarnos con buenas personas que estarían dispuestas a hacerse cargo de nosotras pero, para bien, habíamos aprendido del aire de equidad y desenfado familiar que teníamos destrezas como para jugar a la vida en cualquier parte. Depender de otro hasta para comprarse los calzones no era nuestra mejor opción. Entramos a estudiar en la Ibero. Alis, Ingeniería; Verónica, Ciencias y Técnicas de la Información; yo, Sociología porque por indecisa no hice a tiempo el primer examen de admisión y para cuando lo pasé ya no había lugar donde me hubiera gustado más. Nunca estuve cómoda en aquellas clases; sin embargo fui puntual y puse atención hasta que conocí a mi vecina de cuarto en la residencia. Yo era, como ahora, alguien proclive a contarle sus dudas a quien se ponía cerca, y esa muchacha de pelo negro, largo y grueso estudiaba medicina en la UNAM. “¿Me llevas a verla?”, le pregunté.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.