Cuando una sociedad se corrompe, decía Octavio Paz en Posdata, lo primero que se gangrena es el lenguaje. Por eso el cuidado de la ciudad empezaba con el cuidado o, tal vez, por la recuperación de las palabras. No identifico a nadie que haya hecho aportes más importantes a la higiene de nuestro vocabulario político en los últimos cien años que Giovanni Sartori. La militancia de su cátedra parte de la convicción de que los demagogos y los déspotas se valen de la confusión. Uno de sus libros tiene, de hecho, forma de diccionario y podría decirse que toda su obra es un glosario. Sus definiciones resultan, para el México de hoy, veredictos inapelables de la reversión autoritaria.
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