Uno de los episodios pintorescos de la vida de Immanuel Kant involucra al gallo de un vecino cuyo canto, según su biógrafo Ludwig Ernst Borowski, era tan insoportable a los oídos del filósofo que, tras haber intentado sin éxito comprar el ave para enmudecerla y “obtener paz”, se vio forzado a mudar de residencia. Esta reacción casi extrema de Kant llevó a Arnaud Norena, experto en neurotología(una simbiosis médica entre neurología y otología) a aventurar la hipótesis de un padecimiento: misofonía.
El chirrido de un gis en el pizarrón y escenarios como el de una persona mascando chicle con la boca abierta, sorbiendo sopa al comer, sonándose la nariz en público o tosiendo en el cine, el teatro o la sala de conciertos, pueden resultarnos sumamente molestos e irritantes y provocar que busquemos la forma —no siempre muy educada— de que las personas no lo hagan más.
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