Hay un nuevo aroma en la estación Zócalo. Se debe a que ahora hay un baño público en la salida a la Catedral. No se trata de mentir: el metro nunca huele a rosas. Por la mañana se mezclan los perfumes de las personas recién bañadas con el poco sudor que provocan los apretones. Por la tarde puede oler a ensalada de atún, mandarina (según la fruta de temporada) o pollo.
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