E. M. Forster: Mickey y Minnie Mouse

En sus películas Mickey me gusta más como amante que en los últimos y elaborados esfuerzos, por la sencilla razón de que lo separan demasiado de Minnie. Minnie lo es todo para él, su casa, su luna. Puede que hasta haya sido un error la introducción del perro Pluto. ¿No se acuerdan de aquel día en que él y ella iban con sus cámaras Kodak por un bazar oriental, y tomaban instantáneas de esto y lo otro, mientras su camello bebía cerveza y galopaba sobre ambas jorobas por el desierto? ¿Han olvidado Wild Waves? Los grandes momentos de Mickey son momentos de heroísmo, y cuando saca a Minnie de un harén disfrazada de maceta o la rescata cuando cae en la espuma, a ella, su flor más hermosa, alcanza grandes momentos. Ni siquiera tendrían que ponerlos a cantar [como en películas recientes]. Los dúos a los que se entregan cada vez con más frecuencia sólo distraen. Que se limiten a los arrebatos propios de ratones y que toquen menos el piano.

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