La joven de la perla, sin discusión posible la pintura más conocida de Jan Vermeer, ladea su cabeza para revelar en su rostro una mirada llena de ilusiones. En éste y otros rasgos de sus obras, médicos especialistas nos revelan probables diagnósticos clínicos a tres siglos de distancia. Algunos son —o deberían ser— más que evidentes; otros, no tanto. Reproducidos en varios de sus cuadros por gracia del estilo realista y meticuloso de Vermeer, detalles atribuibles a causas dermatológicas, genéticas u obstétricas quedan a la vista de quien guste acompañarnos en esta breve visita guiada por la galería del artista holandés.
Vermeer no fue un artista prolífico: tiene menos de cuarenta pinturas. Aunque, para juzgar de parca su producción, habría que considerar que falleció con tan sólo 43 años por causas desconocidas. Al casarse con Catharina Bolnes, si bien “al parecer la señora tenía dinero” (o, al menos, la madre de ella, quien había estado casada con un ladrillero acomodado), su vida fue todo menos holgada; al morir Vermeer, su viuda se declaró en bancarrota.
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