Puede argumentarse que el éxito político de los libertarios es el fenómeno más sorprendente de estos tiempos extraños. Los libertarios privilegian la libertad individual sobre (a veces a costa de) la libertad colectiva. Pero hay una característica nueva, que comparten sus adherentes más famosos como Peter Thiel, Elon Musk y el anarcocapitalista presidente argentino, Javier Miléi: su libertarianismo está impregnado de tendencias autoritarias.
Como los neoliberales, los libertarios son escépticos con respecto al Estado democrático, no tanto como una amenaza al correcto funcionamiento de los mercados, sino como una máquina que restringe las libertades individuales. Los neoliberales usan al Estado para fortalecer el mercado, mientras que los libertarios consideran al Estado en sí mismo, a sus autoridades y regulaciones, como algo invasivo y dañino. También se movilizan contra el multiculturalismo y lo que perciben como una solidaridad forzosa a favor de grupos vulnerables, como refugiados o minorías. Muchos de ellos se opusieron con vehemencia al confinamiento y otras medidas biomédicas, como usar cubrebocas, durante la pandemia de covid.
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