Rata inmunda, culebra ponzoñosa, sanguijuela, cucaracha y sabandija maldita, hiena del infierno, alimaña, bicho rastrero… Ya sea que nos asumamos, o no, como remitentes o destinatarios de su letra, basta escuchar Rata de dos patas en la voz de Paquita la del Barrio para atestiguar el poder con que las metáforas animales evocan intensas respuestas emocionales en nosotros.
Al hacernos ver, por gracia de otros animales, el animal en nosotros, las metáforas animales nos animalizan —o, si preferimos, zoomorfizan— de diversas formas; por razones dispares y, en ocasiones, con graves y nocivas consecuencias. De los animales destacamos atributos que son admirables en su comportamiento, morfología o capacidades —sin importar qué tanto correspondan a la realidad—para referirnos a alguien: es una trucha, un toro o una hormiga, por su sagacidad, fortaleza o laboriosidad. Esta identificación abarca grupos de todo tipo y tamaño, con un entusiasmo manifiesto toda vez que, por ejemplo, nos desgarramos la garganta apoyando y asumiéndonos parte de una manada de leones negros, de un rebaño de chivas rayadas o de una bandada de águilas azulcrema, entre otros equipos deportivos igual de coloridos y ridículos (biológicamente hablando).
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.