Como la palabra “democracia”, “hegemonía” tiene orígenes griegos. Un verbo que designa guía, conducción. La usa Herodoto para hablar del liderazgo que coordina la estrategia militar de varias ciudades. En una alianza de iguales, una conducción basada en el consentimiento de los aliados. En Aristóteles la palabra adquiere otro tono. Se trata, más bien, de la imposición de una ciudad a otra. Designa el poder que ejerce el Estado dominante para hacer que su forma de gobierno sea norma en su órbita de influencia. Esa doble raíz: consenso y dominación abusiva ha marcado, hasta nuestros días, la sinuosa biografía de la palabra.
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