El surgimiento de la inteligencia artificial (IA) marca un momento decisivo en la historia. Es la creación más formidable para remodelar nuestra realidad. Los últimos cinco años han sido testigos de avances asombrosos.
Lejos de ser una tendencia pasajera, un evento aislado o una moda, su desarrollo vertiginoso es una emergencia existencial en todo el mundo. Enfrentamos un tsunami que remodela de manera constante nuestro futuro y gesta un abismo creciente entre quienes tienen acceso a lo digital y quienes no, entre quienes se suben al tren tecnológico y quienes no lo hacen. Lo que está en juego es inconmensurable: los beneficios son extraordinarios y sorprendentes, pero los riesgos de no contener, alinear y hacer compatible la IA con el futuro de la humanidad son existenciales.
En el umbral de esta nueva era, la gobernanza fragmentada de la IA se erige como un obstáculo insalvable. Un laberinto desconcertante de agendas contrapuestas y regulaciones inconexas, la mayoría inadecuadas, se ha infiltrado en el mundo y en el país, y socava nuestra capacidad colectiva para el desarrollo de una IA segura y socialmente responsable.
Ante el avance exponencial de la IA y la amenaza inminente de que actores criminales y malintencionados la usen con descuido o malicia, es importante que la comunidad internacional aproveche de manera coordinada, colaborativa y transparente el poder de la propia IA para mitigar los riesgos y concebir un marco de gobernanza regulatoria que evolucione y responda en tiempo real. México ha demostrado un liderazgo internacional en estos temas y debe continuar desempeñando un papel activo.
La IA con su capacidad para analizar datos, identificar patrones, simular escenarios y optimizar recursos supera ampliamente las capacidades humanas. Su escalabilidad permite resolver problemas complejos, automatizar tareas y procesos, la colaboración entre disciplinas y sectores y poseer una memoria y rapidez de procesamiento incomparables. Con estas habilidades, la IA puede aprender, razonar, resolver problemas, percibir, comprender el lenguaje natural y ser creativa.
Es una herramienta neutra, aunque poderosa, sin conciencia ni intención, que refleja los valores, los propósitos y la responsabilidad de sus creadores. No se debe antropomorfizar o concebir como un ente. Es una constelación de sistemas de variadas capacidades y aplicaciones. Es importante distinguir entre los diversos tipos de IA y adaptar los marcos de gobernanza para gestionar sus respectivos riesgos y beneficios de manera efectiva. Se requiere diálogo abierto, conocimiento compartido y compromiso con un desarrollo responsable. Nada sobre el futuro de la IA es inevitable.
Para un futuro en el que la IA sirva al bien común será necesaria la colaboración inclusiva y transparente entre las grandes corporaciones de IA, el sector académico, la sociedad civil y los gobiernos de todo el mundo. Sólo un esfuerzo global concertado, donde todos los actores clave contribuyan, participen y se beneficien, puede asegurar que la IA se convierta en una fuerza transformadora para el progreso de la humanidad. El tiempo para actuar es ahora. El camino es desafiante, pero las recompensas potenciales son inmensas.
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