Desde el Túmulo imperial (1560), relación fúnebre en la que el primer cronista de la ciudad, Francisco Cervantes de Salazar, describe el catafalco por la muerte de Carlos V, donde abundan las figuras emblemáticas de animales, muchas fueron las recurrencias al bestiario medieval para simbolizar a la ciudad en arcos y piras funerarias. Al Bestiario ígneo recurre el poeta Bernardo de Balbuena, en la Grandeza mexicana (1604), y presenta una metrópoli en llamas a la que comparaba con el ave fénix, pues en pocos años la ciudad devastada se fue levantando de entre las piedras y las sombras de la guerra. Renació como el ave fénix de entre las cenizas de Temixtitán para erigirse fuerte y soberbia: “Toda ella en llamas de belleza se arde,/ y se va como fénix renovando”.
Para la llegada del duque de Alburquerque, en un arco cuyo simbólico dios fue Marte, se pintó un jeroglífico en el que la ciudad se representaba en otros dos animales del Bestiario ígneo: la mariposa, que es atraída por la llama, y la salamandra, que se quema en el fuego. Y como precisamente Marte significa “elementum ignis”, o sea, fuego, “se dio a entender que a la luz de nuestro Marte podía México festejarse Mariposa cierta, de que en su incendio se avía de conservar Salamandra”.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.