Visitamos su casa una mañana fresca de primavera y nos enseñaron los duraznos en flor: media docena de árboles jóvenes, sanos, bien cuidados. Uno de ellos tenía un listón rosa que un funcionario le amarró para indicar que por ahí pasará el centro de las vías. Todo lo que esté a menos de cincuenta metros de esos listones será arrasado por las retroexcavadoras que ya se acercan. “Desde que supimos lo del tren, ya no sabemos si regar los árboles o no. No dan ganas ni de limpiar el corral”. Me di cuenta de que yo tampoco sabría qué hacer, ¿cómo se vive en el tiempo que queda cuando el fin ya está anunciado?
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