El encuentro de Porfirio Díaz con José Martí

La guerra en Cuba contra la dominación de España, iniciada a fines de los sesenta del siglo XIX con el Grito de Yara, larga y sangrienta, había terminado una década más tarde, a finales de los setenta, con la capitulación de los insurgentes en el Pacto del Zanjón. Hubo una tregua en la isla, muy tensa, marcada por la falta de consenso respecto al pacto firmado con España. Entre los cubanos que rechazaron la capitulación estaba el poeta José Martí, nacido en La Habana, de padres originarios de Valencia y Santa Cruz de Tenerife. Pagó su rechazo con el destierro. Vivió desde entonces exiliado en Estados Unidos. En el verano de 1894 llegó a México en busca de apoyo para su lucha por la independencia de Cuba.

José Martí había vivido por primera vez en México a mediados de los setenta, tras sufrir la cárcel en Cuba y el destierro en España, por secundar las aspiraciones del Grito de Yara. Su padre radicaba en la capital del país, instalado con su familia en los bajos de la casa de un mexicano llamado Manuel Mercado, entonces secretario de Gobierno del Distrito Federal. Con su ayuda, Martí comenzó a trabajar en la Revista Universal, donde conoció a los escritores más grandes del país, Altamirano y Prieto, y también a los más jóvenes, como Justo Sierra y Juan de Dios Peza, y por ellos a una mujer que le gustó, a la que le dedicó un poema de amor: Rosario de la Peña. Sus amigos lo llamaban Pepe Martí. Era, como ellos, partidario del presidente Lerdo. Tras la batalla de Tecoac, que puso fin a su gobierno, vivió por un año en Guatemala, para luego regresar a México. Ahí contrajo matrimonio con una cubana de Camagüey llamada Carmen Zayas-Bazán. Viajó con ella a Cuba, luego de la firma del Pacto del Zanjón, pero fue desterrado una vez más a España. Volvió a América. Radicó desde principios de los ochenta en Estados Unidos, donde fundó el Partido Revolucionario Cubano en la ciudad de Nueva York. En esos años retomó sus relaciones con México. Comenzó a escribir para El Partido Liberal, invitado por su director, José Vicente Villada, a quien conocía desde sus tiempos en la Revista Universal. Martí había sido contrario a la revolución de Tuxtepec: condenó, en la prensa, “al funesto revolucionario Díaz”. Pero su opinión había cambiado con el paso de los años. Todos sus amigos eran porfiristas: Mercado, Sierra, Peza, y él mismo consideraba al presidente de México como el único caudillo capaz de contener la expansión de Estados Unidos hacia América Latina. Empezó a escribir a su favor. “Díaz, provisto de poderes amplios por el Congreso, afronta enérgicamente la situación desesperada”, publicó en el diario La Nación. Más tarde, tras las críticas que provocó su presencia en el funeral del arzobispo Labastida y Dávalos, rechazó que estuviera bajo la influencia de la Iglesia. “El presidente Díaz asistió al funeral del arzobispo como habría él mismo asistido, con carácter privado, a un funeral masónico”, dijo en entrevista con The Evening Telegram. Matías Romero, amigo de Martí, mandó el recorte de prensa al presidente, que lo conservó en su archivo en el Palacio Nacional.

Este artículo está disponible sólo para suscriptores

Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.

Suscríbete

 

Suscripción Plus

Suscripción plus
(impresa y digital)

1 año por $ 799 MXN

Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales

Suscríbete

*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío

 

Suscripción Digital

Suscripción digital

1 año por $ 399 MXN

Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales

Suscríbete

¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?

Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: 2024 Junio, Ensayo