Para Lalo Santos
Hace ya 45 años, José Joaquín Blanco publicó en las páginas del memorable suplemento cultural Sábado su crónica Ojos que da pánico soñar. Aunque abordaba la vida gay de los años setenta, las teorías que planteaba Blanco alcanzaron hasta finales del siglo XX y aún tienen una sorprendente vigencia en estas dos décadas de nuestro XXI. Según me ha confiado en un par de ocasiones el propio José Joaquín, escribió esa crónica ante la embestida de críticas que se veían venir por la aparición de El vampiro de la colonia Roma, de Luis Zapata. Como se sabe, esta novela de Zapata había ganado el primer Premio Grijalbo de novela, pero por su temática abiertamente gay causó polémica desde su premiación al grado de que una de las empresas que contribuían con el premio se retiró antes de la entrega y luego llegaron las críticas que preveía Blanco, incluidas las de literatos como el mismísimo Juan Rulfo. Para nuestra época parece un poco extremo que una novela tan divertida y ahora cándida haya causado tal revuelo, que llegó incluso a sorprender a algunos lectores por la forma tan abierta de contar la vida sexual de un joven gay. El Vampiro… aparecerá en el verano pero para preparar el terreno de esa libertad literaria y sexual, Blanco escribió y publicó sus Ojos que da pánico soñar.
La mirada juega un papel esencial en el ligue gay, por eso Blanco inicia con una frase lacónica que le lanza al lector a quemarropa: “¿Alguna vez el lector se ha topado con algún puto por la calle? ¿Ha sentido su mirada fija; lo ha visto aproximarse a pedirle un cigarro, hacerle conversación, sugerirle…?”. Y enseguida abunda un poco sobre “esa peculiar ‘mirada de puto’” que, escribe Blanco, dice más de “cómo la sociedad establecida nos mira” que sobre cómo nos vemos los propios gays; pero en el caso de estas páginas no es de mi interés ocuparme de la mirada impuesta por la heteronormatividad. Las nuestras son un cruce clandestino de intriga y complicidades, esas miradas desafiantes, como un lance que invita al duelo, siguen existiendo en el ambiente gay pero ahora de otra forma, en esencia sigue siendo esa mirada pero con otros ojos, más jóvenes, más modernos.
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