Según los cánones iconográficos, los continentes fueron representados por mujeres, a veces como cuatro emperatrices, Europa, Asia, África y América; la alegoría de esta última fue cambiando: desde una mujer encadenada cubierta con una túnica transparente que llevaba un yugo, como símbolo de servidumbre, hasta una joven desnuda con aljaba y flechas o con penachos de plumas de aves exóticas por corona y diferentes animales americanos a sus pies o cabalgando sobre ellos: un caimán o un armadillo eran los más frecuentes; en ocasiones, por su piel morena, la joven era claramente una india y podía llevar una cabeza humana en su mano, lo que indicaba el canibalismo, según Miguel Zugasti. Prevalecía también la imagen de la mujer con frutas exóticas en una cesta, en su corona o en una cornucopia, símbolo de la abundancia; imagen que encontramos en algunos arcos que se erigieron en la Nueva España y en una fuente del Paseo Bucareli con una estatua de mujer, en cuya cabeza había un canasto cargado de flores y frutas, nos informa el padre Viera. Al igual que los continentes, las ciudades también se representaron femeninamente desde la Edad Media.
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