En el verano de 1929 Sigmund Freud se encontraba de vacaciones. A sus 73 años lo habían operado varias veces de cáncer en el paladar. Aparte de los fuertes dolores, se sabe por su correspondencia con Lou Andreas-Salomé, recuperada por Carlos Gómez, que le era difícil caminar, ya no fumaba, le aburría el juego de cartas y la mayor parte de las cosas a su alcance para leer dejaron de interesarle. Sólo escribir era de su agrado.
Fue durante esas vacaciones que redactó uno de sus ensayos más famosos, “El malestar en la cultura”. Puso mucho cuidado en el título. Primero se llamó Das Glück un die Kultur, que en español se traduciría como “La felicidad y la cultura”. Después fue sustituido por Das Unglück in der Kultur, que vendría siendo “La infelicidad en la cultura”. Finalmente, antes de su impresión, Unglück se cambió por Unbehagen, que significa “malestar”, “descontento” o “hastío”, y así quedó un nombre que describe mucho mejor el contenido del texto y la sensación que experimentaba el autor durante sus días de descanso.
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