Creatividad bestial

En El cuervo y la vasija, Esopo narra cómo un cuervo sediento, que no podía alcanzar el agua contenida en una vasija, tuvo la idea de tomar con su pico piedras y arrojarlas al fondo de la vasija hasta que el nivel del agua subió lo suficiente para beberla. El protagonista de esta antiquísima fábula resuelve así lo que en este siglo ha sido adoptado como problema modelo en el estudio experimental de la creatividad en animales no humanos.

Para saciar su sed, en el laboratorio los cuervos de Nueva Caledonia escogen objetos compactos y hundibles, en lugar de objetos huecos y flotantes, para arrojarlos en tubos con el nivel del agua alto en vez de bajo. Estas elecciones indican que, tal como imaginaba Esopo, los cuervos son capaces de entender qué causa una subida en el nivel del agua. Creatividad de fábula es también la de una elefanta asiática de nombre Kandula, que apiló varios objetos para subirse en ellos y alcanzar una rama de bambú. Junto con córvidos y elefantes, cacatúas y otras aves, chimpancés y otros primates, mamíferos marinos, roedores y peces han resuelto problemas que ponen a prueba su flexibilidad cognitiva, su habilidad para pensar fuera de la caja. En dos palabras: su creatividad.

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