Regreso a Zacatecas

Ésta es la segunda conferencia de un ciclo de seis que el antropólogo social e historiador Claudio Lomnitz presentó a principios de este año en El Colegio Nacional. Cada una arroja luz sobre el contexto de las desapariciones, asunto que cada día muestra una cara aterradora de las distintas violencias que afectan al país.

Juvenicidio, una categoría imprecisa. Desde hace ya casi quince años algunos científicos sociales y periodistas mexicanos han calificado la violencia que priva en el país y en buena parte de América Latina en términos de un “juvenicidio”, concepto que reúne varios fenómenos, que van desde la estigmatización de las subculturas juveniles y la vulnerabilidad específica de los jóvenes hasta su asesinato. Con todo, el concepto privilegia al asesinato colectivo (“juvenicidio” resuena con categorías como “genocidio” o “femenicidio”) como si la muerte violenta y colectiva fuera la mejor manera de imaginar la vulnerabilidad de la juventud en la sociedad actual. En el caso mexicano, quienes usan este concepto lo hacen a partir de dos observaciones simples y certeras: primera, que la mayoría de las personas asesinadas o desaparecidas en México en los pasados veinte años son jóvenes (clasificadas censalmente como personas de entre 15 y 29 años); y, segunda, que el homicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes. Ambos hechos obligan a pensar en el joven como blanco de la violencia.

El dato estadístico no implica que los jóvenes estén siendo atacados por el hecho de ser jóvenes. Pondremos un ejemplo. En México abundan los asesinatos de personas que laboran en los rangos bajos del crimen organizado: halcones o narcomenudistas. Estos trabajos los desempeñan, sobre todo, jóvenes, lo que significa que hay muchos de ellos asesinados sin que hayan sido atacados por ser jóvenes, sino en este caso por ser halcones o tenderos. A diferencia del concepto de genocidio —donde el homicidio obedece a la intención de aniquilar un grupo étnico, racial o religioso—, el asesinato de jóvenes no busca la liquidación de la categoría “joven”, sino que refleja una vulnerabilidad estadística de la juventud, que fácilmente acepta trabajos como el de halcón o tendero.

Es por esta razón que para el análisis de contexto de las desapariciones una categoría como juvenicidio, aunque útil en la medida en que apunta a la vulnerabilidad juvenil a la desaparición, resulta demasiado imprecisa. Dicho de otra manera: la juventud es una categoría de riesgo para la desaparición como lo puede ser, también, la pobreza; sin embargo, esta observación certera sirve poco para entender o explicar por qué estos jóvenes han sido objeto de violencia más que aquéllos.

Aquí buscamos explorar un patrón específico de asesinato de jóvenes para ayudarnos a encuadrar el fenómeno de las desapariciones en nuestro estudio de caso: el estado de Zacatecas.

No discutiremos la importancia que pueda tener la realización de estudios de caso como el que nos ocupa, excepto para afirmar que la conceptualización y teorización de las violencias que experimentamos en la actualidad requieren de un esfuerzo de especificación. Demasiadas veces imaginamos que la teorización de un fenómeno social pasa por la generalización, cuando muchos de los problemas conceptuales mayores de las ciencias sociales requieren teorías que en lugar de buscar la generalidad —que muchas veces resulta insignificante— puedan especificar; es decir: que expliquen, en su complejidad, un caso. Ésta fue, por ejemplo, la premisa de la llamada microhistoria que desarrollaron en Italia Carlo Ginzburg y Giovanni Levi, y es también la postura general de la antropología. La teorización pasa por el estudio detallado de algún proceso social o caso. Asimismo, nuestro estudio de dinámicas de desaparición en Zacatecas no debe ser entendido como si se presentara un ejemplo de algo ya conocido, sino como un esfuerzo empírico orientado a teorizar no sólo el caso zacatecano, sino la dinámica social que se expresa en ese espacio histórico.

El patrón de violencia en contra de jóvenes que exploramos aquí son los ataques y asesinatos contra pandillas o palomillas de barrio: un fenómeno que hasta ahora no había sido detectado ni estudiado al detalle en los análisis de contexto de la desaparición, ni a nivel regional ni nacional.

Lo que presentamos aquí no hubiera sido posible sin que colaboráramos juntos. Fernando Moreno, quien estudia una maestría en Antropología Social en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, ha trabajado como asistente de investigación en este proyecto desde junio de 2023 y ha realizado las fotografías y varias de las encuestas de campo presentadas aquí.

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Publicado en: 2024 Mayo, Ensayo