Alguna vez dijo Josep Pla, hace bastantes años, que “llegará un momento en que los que no somos revolucionarios constituiremos un grupo tan insignificante y tan exiguo que no podremos ni jugar al tresillo”. No estaba muy descaminado —porque para el tresillo hacen falta tres. El progresismo ambiente es tan abrumador que no parece que sea posible otra cosa. Ningún diccionario admite dudas: adelanto, ascenso, mejoría, perfeccionamiento, donde se mire todo es progresar, en economía, educación, orden familiar. Y parece haber algo no sólo equivocado y condenable, sino incluso vergonzoso en oponerse al progreso.
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