La política, a querer o no, irradia una cierta pedagogía. Se aprende de sus usos y costumbres predominantes, de los éxitos o tropiezos, de las fórmulas retóricas y las obras e iniciativas, de los marcos valo rativos e incluso de los adjetivos más utilizados. Todo eso y más deja huella en aquellos que se integran al oficio. Quienes dan sus primeros pasos en ese laberinto no ingresan a un espacio vacío. Por el contrario, aprenden distintas destrezas, reacciones, ideas y taras de quienes los preceden.
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