Cinco años de soberanía energética

El petróleo es del pueblo. Todos estamos de acuerdo con eso y la Constitución es clara al respecto. Ello no se modificó con la reforma de Peña Nieto en 2013. La pregunta que el pueblo debe hacerse, si lo que quiere es maximizar sus ingresos, es cómo extraer petróleo de forma óptima.

Para López Obrador lo idóneo es que esa responsabilidad recaiga sólo, una vez más, en Pémex. Éste fue el modelo tras la expropiación petrolera en 1938, salvo por el breve paréntesis entre la puesta en vigor de la reforma energética de Peña Nieto en el 2013 y la llegada de AMLO al poder.

En su libro 2018 La salida: Decadencia y renacimiento de México, López Obrador explica cómo veía el problema de Pémex. En síntesis: decía que hay que refinar todo el crudo que consumimos y no dejar que los privados participen en el sector porque se estarían apropiando de los recursos naturales del país.

Es uno de los mitos fundacionales de Morena. Todo se resuelve volviendo a tener un Pémex poderoso. Así regresaremos a ese país próspero que quebraron los neoliberales, cuando los recortadores de gasto llegaron tras doce años de excesos. Bastaba apoyar a la empresa con suficientes recursos públicos y no robar. Lo primero se hizo con creces. Lo segundo, no se sabe. Pémex es ahora más opaco que antes.

Pémex nunca fue una joya. Simplemente México tuvo la fortuna de descubrir, a partir de 1973, dos campos gigantes, Cantarell y Ku-Maloob-Zaap. Sus reservas probadas y probables (las llamadas 2P) sumaban poco más de 23 000 millones de barriles de petróleo crudo, 1.5 veces las reservas totales 2P de Pémex hoy. Dos yacimientos de ese tamaño, no demasiado profundos, en aguas someras, eran una fortuna geológica a la que había que sumarle cinco campos gigantes con reservas 2P de 14.5 mil millones de barriles.1 Ese mundo sobre el que se construyó el Pémex añorado por López Obrador ya no existe. Para desarrollar los campos que le quedan al país, que son muchos pero más pequeños, se requieren demasiadas empresas eficientes en competencia.

López Obrador dice: “¿De cuándo a acá se requiere tanta ciencia para extraer el petróleo? Eso siempre lo han hecho los técnicos, los trabajadores de Petróleos Mexicanos. No tiene mucha ciencia, no se requiere mucha tecnología”. Tristemente no ha sido así. En su Plan de Negocios del 2019, Pémex prometió elevar su plataforma de producción a 2697 millones de barriles diarios para el 2024 y 2832 millones de barriles diarios para el 2025. En enero de 2024 produjo 1882 millones de barriles diarios, incluidos condensados.

De haber cumplido con la promesa, esos 815 000 barriles diarios adicionales que tendríamos sólo este año hubieran dado, a precios de enero, un ingreso bruto anualizado de 20.4 miles de millones de dólares. Esto equivale al 19 % de la deuda financiera que tenía Pémex al final de 2023. De haber sido así, Pémex no estaría degradado en su calidad crediticia. Sí se requiere ciencia y tecnología y competencia para extraer el petróleo.

Ilustración: Estelí Meza

En cinco años, el gobierno le ha transferido a Pémex 992.9 miles de millones y más de 457.1 miles de millones por la reducción del derecho de utilidad compartida, los impuestos que la empresa paga por desarrollar el petróleo que es del pueblo.2 Son impuestos que deja de pagar Pémex; esto significa que el erario recibe menos recursos petroleros, que se reparten con los estados. Nadie les consultó esta decisión.

Los apoyos seguirán creciendo. El 13 de febrero se publicó un decreto donde se le extiende un crédito fiscal a Pémex para no pagar los impuestos de los últimos cuatro meses (octubre, noviembre y diciembre de 2023, y enero de 2024), los cuales suman por lo menos 85 000 millones de pesos.

Ya no se puede argumentar que el gobierno ordeña a Pémex. Sucede lo contrario: Pémex ordeña al pueblo. En el 2012, el petróleo le daba al gobierno 5.6 puntos del PIB como ingreso. En el 2018, le dio 2.2 puntos. En el 2024 le dará 0.9. A ese ingreso habría que restar los apoyos que se le han dado a Pémex desde el erario como una transferencia presupuestal.

El contraste con los ingresos que recibe Pémex es notable. Esto ha cambiado poco. La empresa se sigue quedando con alrededor del 2.3 del PIB, aunque produce mucho menos que antes. De los ingresos totales del petróleo en el 2012, el gobierno se quedó con 67 %; en el 2018, con el 55 %; en el 2024 se estima que se quedará con el 29 %.

Quienes defienden la estrategia seguida sostienen que para rescatar Pémex es necesario reducir aún más su carga fiscal. En palabras de Lorenzo Meyer Falcón (consejero independiente de Pemex): “Pemex es rentable antes de impuestos”.3 Cierto, aunque su margen operativo, es decir, todos los ingresos menos los costos y antes del pago de impuestos y costos financieros fue, al cierre de 2023, del 9.5 % de sus ventas. Era del 21.9 % en el 2018, y del 55 % en el 2012. Vale la pena recordar que en el 2023 las grandes petroleras del mundo tuvieron ganancias extraordinarias.

Tras un sexenio de apoyos continuos, Pémex mostró que por sí sola no puede extraer el crudo que aún queda en el subsuelo. Como en este sexenio ya no se subastaron reservas, no vamos a desarrollar todo ese hidrocarburo que es del pueblo.

El contraste entre la trayectoria de producción de Estados Unidos y México debería ser suficiente para detonar un debate sobre qué hacer. En el 2000, Estados Unidos producía 5.8 millones de barriles diarios de crudo;4 México, 3 millones de barriles diarios. A diciembre de 2023 produjo 13.4 millones de barriles diarios; nosotros a enero de 2024, 1.8 millones de barriles diarios.

Buena parte del crecimiento de la producción en Estados Unidos de las últimas dos décadas ha sido por el llamado shale oil, el cual produjo 8.2 millones de barriles diarios en 2023. Al sur del río Bravo, en México, no se ha desarrollado la industria con esa tecnología porque el gobierno de nuestro país ha decidido no utilizar el fracking. Una de las veinte reformas presentadas por López Obrador el 5 de febrero propone que en la Constitución se prohíba. Esto implica dejar bajo el subsuelo el 57 % de los recursos prospectivos de hidrocarburos que tiene el país.5

En aguas profundas del golfo de México, Estados Unidos produce 2.3 millones de barriles diarios.6 México casi nada. El gobierno de López Obrador ha sostenido que no tiene sentido invertir más en aguas profundas. Pémex no buscará nuevos campos en esa región, aunque continuará desarrollando el campo Trión asociada con la australiana Woodside.

Si para López Obrador es un desperdicio de recursos ir a aguas profundas, lo razonable para maximizar los ingresos del pueblo sería que se licitaran a terceros dispuestos a correr el riesgo en esa geología sin duda complicada. Si no lo logran, ni el gobierno ni Pémex perderían nada, incluso se podrían obtener ingresos fiscales por la mera licitación de esos derechos. Si tuvieran éxito, una parte de la ganancia se la llevarían las empresas que invirtieron en su desarrollo, pero la otra sería para el pueblo de México. Con la política actual, nadie se lleva nada.

Debido a la acelerada transición energética, la ventana de oportunidad para extraer las reservas en el subsuelo se está estrechando. Lo que no explotemos pronto serán recursos del pueblo enterrados para siempre.

Pémex Exploración y Producción no cumplió con lo prometido. Pero por lo menos hasta ahora ha logrado contener la caída de la producción. El desastre mayor está en Pémex Transformación Industrial, el TRI, como se le conoce. Con los últimos datos publicados, al cuarto trimestre de 2023, en lo que va del sexenio ha perdido 766 000 millones de pesos (a precios corrientes). Se dice rápido pero equivale al 58 % de la deuda financiera de largo plazo de Pémex.

En el 2018 el TRI tuvo un rendimiento bruto positivo de 15 183 millones de pesos (todos los datos siguientes son a pesos constantes del 2023). Por lo menos los ingresos por ventas y servicios fueron un poco mayores al costo de esas ventas, aunque si se le resta el costo de operar las plantas ya hay una pérdida de 77 271 millones. Este mal resultado fue el mejor del sexenio pasado. Se logró procesando menos crudo, pasando de 1 155 000 barriles diarios en el 2014 a 612 000 barriles diarios en 2018.

Al término de 2023, el TRI tuvo un rendimiento bruto negativo de 100 085 millones de pesos. Es mayor el costo de ventas que los ingresos totales por ventas y servicios de ese periodo. Entre más gasolina produce, más combustóleo genera, el cual tiene un valor inferior al del crudo utilizado como insumo. Al igual que en la Unión Soviética, la instrucción desde la cúpula del poder es procesar más crudo, no generar utilidades. Según Francisco Barnés de Castro, Pémex ha perdido 32.2 dólares por cada barril refinado en lo que va del sexenio.7 Para rescatar a Pémex habría que refinar sólo si se puede ganar dinero.

El absurdo mayor fue optar por hacer una nueva refinería. Durante su conferencia mañanera del 9 de mayo de 2019 López Obrador dijo: “Vamos a que nos cueste 160 000 millones de pesos en tres años, no más”. Eran en ese entonces 8000 millones de dólares. El 26 de enero de 2024, dijo: “[…] la nueva refinería de Dos Bocas nos está costando 12 000 millones de dólares”. Desde junio de 2022 se sabía que podría costar por lo menos 18 000 millones de dólares8 y, si se agrega la infraestructura de apoyo e interconectividad, por lo menos unos 20 000 millones de dólares.

¿Qué podría haber comprado Pémex con este dinero? Si la preocupación es la soberanía, el mayor riesgo que tiene México en materia energética es la dependencia del gas natural importado por ducto desde Estados Unidos, más de 6180 millones de pies cúbicos diarios. El país consume poco más de 8000 millones de pies cúbicos de gas.

El 5 de enero de este año, dos compañías americanas productoras de gas natural, Chesapeake Energy y Southwestern Energy, acordaron fusionarse. La nueva empresa tendrá un valor de mercado de 17 000 millones de dólares. La producción combinada de ambas será de 7.4 mil millones de pies cúbicos diarios. En forma combinada, al tercer trimestre de 2023 obtuvieron 4026 millones de dólares de utilidad neta.9

No digo que lo mejor hubiera sido comprar esa empresa. Hay muchos otros usos mejores para Pémex y otros aún mejores gastos del gobierno para el bienestar de la población. Es sólo para ilustrar algunas de las alternativas a gastar 20 000 millones de dólares en una refinería.

El gobierno de López brador celebra cada vez que puede sus logros en materia de hidrocarburos. En algunos casos tiene razones para hacerlo. Sí, se produce más gasolina. Pero se pierde más dinero. Sus métricas están equivocadas.

La responsabilidad legal del gobierno es maximizar la renta petrolera. Esta responsabilidad implica dos cosas: no dejar crudo en el subsuelo para cuando no valga nada y generar el mayor valor para el fisco al extraerlo.

Ilustración: Estelí Meza

¿Por qué este gobierno ha seguido esa política fallida bajo el mantra del rescate de la soberanía? ¿Por qué la ha mantenido a pesar de los evidentes fracasos? Veo tres posibles razones.

La primera es ideológica, es decir, responde a cómo entiende López Obrador el mundo. En esta visión, no abogar por la soberanía energética y el monopolio de Pémex en el sector es traición a la patria. Esta ideología está apuntalada en su estilo de gobierno: no hay debate ni contraste de análisis e información. Quizás López Obrador no sepa en realidad cuánto dinero pierde Pémex refinando. Le deben de decir que es cuestión de seguir la estrategia para limpiarla de los problemas del pasado. No tiene a nadie que le explique la magnitud de los problemas. No pide la opinión de expertos. Él sabe lo que hay que hacer y su intuición es suficiente.

La segunda es más simple aún. López Obrador no puede virar el rumbo porque ello erosionaría su imagen de gran líder. Dar marcha atrás sería un signo de debilidad.

La tercera es que el ecosistema existente privilegia ciertos intereses —dentro de la propia administración, tanto de funcionarios como de trabajadores, y fuera de ella— de toda una red de empresas contratistas acostumbradas a depender y aprovecharse de Pémex. Estos actores son capaces de proteger sus intereses y bloquear la competencia.

Si bien las tres causas importan, sospecho que la variable de mayor peso es la ideológica y la falta de información de calidad que corrobora su visión del mundo. Salvar cara se resolvería con un buen eslogan en la mañanera. Lo ha hecho en otros temas. Dado su enorme poder, el presidente ha sido capaz de cambiar arreglos que parecían muy enraizados, como modificar el gasto público en el campo, eliminando subsidios que privilegiaban a los agricultores más grandes. López Obrador tiene tal control sobre el gasto público que no requiere la caja chica de Pémex (y en cualquier escenario Pémex seguiría siendo tan grande que ahí continuaría estando la caja).

Para López Obrador un Pémex hegemónico es como debería ser el mundo. Como lo expresa en su libro ¡Gracias!: “Como era predecible, el pacto de marras (Pacto por México) se convirtió en un instrumento para profundizar en la política entreguista y antipopular. Con ese parteaguas se aprobaron las más nefastas reformas: educativa, fiscal y, sobre todo, la más ambiciosa, la llamada reforma energética. Esta última fue en buena medida la causante del infarto que padecí hace diez años”. Ante esa pasión nadie se atreve a llevarle la contra al gran jefe, aunque la realidad no concuerde con lo esperado.

¿Este fracaso será suficiente para cambiar de política si Morena vuelve a ganar la Presidencia? Hasta ahora no ha habido ninguna señal de ello por parte de la candidata morenista.

El “Proyecto de Nación 2024-2030” presentado por Morena en septiembre del 2023 afirma: “El primer gobierno de la Cuarta Transformación ha conseguido recuperar la soberanía energética de México y se aproxima a lograr también la autosuficiencia energética, elemento indispensable para preservar la primera”. No hay autocrítica alguna. Para el siguiente sexenio proponen, entre muchas otras acciones, que “[s]e construirá una nueva refinería para consolidar la autosuficiencia en hidrocarburos”.

La propuesta de Morena haría más profundo el hoyo de Pémex, que hoy representa la mayor presión sobre las finanzas públicas. Si no se arregla ese hoyo, no hay forma de darle espacio fiscal al gobierno para poder invertir en sectores prioritarios como salud, educación y seguridad. Llevar a cabo una reforma fiscal sin arreglar antes los problemas de Pémex es ponerse a exprimir al causante para financiar una empresa con las prioridades equivocadas y sin capacidad de ejecución.

Con todo, Pémex tiene solución. Hay que administrarla como una empresa. Maximizar utilidades. Creo que en un ecosistema de competencia y con los liderazgos adecuados, tendría las capacidades para florecer, aunque implicaría hacer muchos cambios.

Pero quien llegue a la Presidencia tendrá que estar dispuesto a pagar el costo político de hacerlo. Son muchos quienes viven pegados a la ubre de Pémex, la exprimen y justifican que en su monopolio se encuentra la identidad nacional. Entiendo por qué para muchos es conveniente este arreglo, pero para el pueblo es puro circo para darle menos pan.

No modificar la estrategia seguida es poner en riesgo las finanzas públicas. Como le dijo el líder del sindicato petrolero José Sosa, el testaferro de la Quina, a Miguel de la Madrid en 1986: “Si se hunde Pémex, se hunde usted y nos hundimos todos; se hunde el país”.

El neoliberalismo fue la respuesta a la quiebra del Estado en la bonanza petrolera. Seguir con una estrategia en la que Pémex pierde dinero terminará por quebrar al erario. Eso traería de regreso a los bomberos neoliberales.

 

Carlos Elizondo Mayer-Serra
Profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, Campus Mixcoac, CDMX


1 Lajous, A. “El ocaso de Cantarell”, nexos, 1 de octubre de 2009.

2 IMCO. “Apoyos del gobierno federal a Pemex”, 2023.

3 Meyer Falcón, L. “Retos fiscales en México: Pémex y pensiones”, Diálogos por la transformación (foro público), INEHRM, Ciudad de México, 2024.

4 U.S. Energy Information Administration, “Petroleum & Other Liquids” (serie temporal).

5 Gante, D. “Dejarían bajo tierra 57 % de petróleo”, Negocios, Reforma, 20 de febrero de 2024, p. 1.

6 Wood Mackenzie. “Un nuevo récord de producción en el Golfo de México”, 2022.

7 Barnés de Castro, F. “Análisis de la situación financiera de Pémex. Reflexiones sobre la política energética y el desempeño del sector”, 2024.

8 Stillman, A. “Precio de Dos Bocas se dispara: puede costar hasta 18 mil mdd, el doble del presupuesto original”, Bloomberg/El Financiero, 2022.

9 Chesapeak Energy. Investors. Financial Results. Earning press release. Reportes trimestrales 2023.

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Publicado en: 2024 Abril, Agenda