Lectura y tiempo

Por desgracia, tengo que empezar por lo cuantitativo, la menos proustiana de las categorías. La edición de En busca del tiempo perdido en seis volúmenes de la Modern Library, que bajo el cuidado de D. J. Enright revisa la actualización que hizo Terrance Kilmartin de la traducción de Andreas Mayor y C. K. Scott Moncrieff, tiene 4347 páginas. A una velocidad promedio de doscientas cincuenta palabras, o una página por minuto, toma unas setenta y dos horas, o tres días, leerla. Pero setenta y dos horas representa un mínimo teórico y un ideal inalcanzable. Dadas algunas características distintivas del estilo de Proust, leer En busca del tiempo perdido toma, inevitablemente, al menos dos o tres veces más que esto.

En principio está la famosa oración proustiana, a cuyas cascadas sintácticas de cláusulas independientes y subordinadas Walter Benjamin, uno de sus primeros traductores, comparó con el cauce del Nilo. La más larga de esas fluviales oraciones, de 958 palabras en el original francés, de ser impresa en una sola tira de papel podría envolverse diecisiete veces en la base de una botella de vino. Nadie, excepto quizá el más dotado mnemonista, podría retener tanta información en su memoria de corto plazo. Para el momento en que alguien llegue al fin de una oración así de larga, luego de algunas pausas en más de un punto y coma, el tema ya se habrá olvidado. Para entender lo que está escrito el lector debe regresar al punto de partida y esto, a su vez, causa que las páginas no se muevan o lo hagan en dirección contraria.

Está, además, la atención que Proust depara a detalles y espacios físicos en apariencia insignificantes, como la larga descripción del campanario de Saint-Hilaire en Por el camino de Swann; su obstinada voluntad de permanecer en escena, como en la interminable fiesta de gala en El mundo de Guermantes o la escena en que el narrador observa a Albertine dormir en La prisionera, mucho más tiempo del que cualquier otro autor le daría. O su gusto por el discurso digresivo, inflando cada apreciación del tipo de La Rochefoucauld en un ensayo tan largo como los de Montaigne. Como con las oraciones multiclausales, estas características de estilo tienen el efecto de ralentizar el ritmo. Un editor de las muchas editoriales que rechazaron Por el camino de Swann articuló la frustración de innumerables lectores futuros al decir de la escena que abre la novela: “No logro comprender por qué un hombre necesita treinta páginas para describir cómo da vueltas en la cama antes de quedarse dormido”.

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Publicado en: 2024 Abril, Ensayo