No hay manera de pensar acerca del mundo sin emplear el lenguaje; tal limitación nos es familiar y no supone grandes problemas. Si voy a reflexionar acerca del estado de la ciencia en México dudo que acudiré a la danza o a otra expresión humana. Puedo realizar algunos trazos sobre un lienzo, pero algo así ya supone que he pensado. Si alguien me pregunta qué clase de religión profeso, el cuestionamiento me resulta incómodo, además de entrometido y un tanto primitivo (prefiero charlar acerca de mis equipos en el futbol; Forza Juve!) Respondo por lo normal que no soy afecto a esa clase de suspicacias metafísicas y que no sabría cómo atender a pregunta semejante.
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