Las encuestas como propaganda

Las encuestas y la opinión pública

Históricamente ha sido común que candidatos, gobiernos y partidos intenten utilizar encuestas electorales para influir en la opinión pública; aunque su función original fue la de ser un reflejo de la opinión pública, una forma de conocer qué piensa la ciudadanía, para que fuera tomada en cuenta por sus gobernantes.

Cuando las encuestas son confiables, la influencia de la ciudadanía en los procesos políticos es sobresaliente. Tales encuestas influyen en el comportamiento político de los ciudadanos informados que las consumen, en algunos gobernantes, empresarios y, en forma muy específica, entre quienes comentan las noticias en medios de comunicación.

Las encuestas también sirven para diseñar mensajes de comunicación. Los estrategas de las campañas suelen utilizarlas como insumo de los discursos, pero también para generar diversos contenidos de propaganda, a partir de las preocupaciones de los ciudadanos y de los asuntos que los polarizan.

Por último, las encuestas de igual manera se usan como herramientas para generar efectos de opinión, entre los que destaco dos: engancharse al ganador (bandwagon effect) y promover el voto estratégico, también conocido como voto útil. Aquí, las encuestas son utilizadas como propaganda abierta de los equipos de campaña.

Ilustración: Víctor Solís

Engancharse al ganador (bandwagon effect)

Cuando una persona vota por el candidato o partido que cree que va a ganar, entonces nos referimos al efecto de engancharse al ganador (bandwagon effect); el sueño de los políticos y consultores que se dedican a difundir encuestas que les favorecen.

Bajo esa lógica las encuestas deberían influir en el mismo sentido de sus resultados: el candidato líder debería seguir creciendo su ventaja. Los votantes indecisos deberían definirse por quien encabeza las encuestas. De ahí que los candidatos punteros tengan un enorme interés en colocar y difundir encuestas entre la población.

Aunque es claro que las preferencias de los ciudadanos cambian durante las campañas, en el mundo académico ha sido difícil comprobar de manera contundente casi cualquier efecto de campaña.

Entre los practicantes de las campañas políticas en México solemos creer y asegurar que las encuestas sí influyen. Candidatos, dirigentes partidistas, consultores políticos y casi todos los que forman parte de las campañas electorales cambian de estado de ánimo con la publicación y difusión de encuestas.

Sin embargo, en la realidad no siempre es así. Hay numerosos ejemplos en sentido contrario, tanto en México como en otros países. Uno de los más conocidos fue el triunfo de Vicente Fox, en el año 2000. La campaña de Francisco Labastida difundió en varios medios de comunicación encuestas que le favorecían e incluso transmitió spots de televisión que las retomaban.

Entre noviembre de 1999 y los días previos a la elección en julio del 2000, se publicaron 43 encuestas en favor del candidato Francisco Labastida contra sólo 8 que daban el triunfo a Vicente Fox. Sobra decir que en esa elección las encuestas no influyeron lo suficiente en los ciudadanos como para engancharlos con el supuesto ganador; y la historia de nuestro país cambió.

Las encuestas y el voto estratégico

En este efecto el consumo de información de encuestas creíbles puede provocar que personas que mantienen terceras opciones —es decir: que no apoyan al puntero ni a su oposición mayor— sacrifiquen su primera preferencia para evitar el peor resultado posible.

Esto supone que hay un orden claro de preferencias entre los votantes y que la mayor parte de quienes apoyan a esas terceras opciones tienen en segunda alternativa a uno de los punteros. Pero esto, aunque ha pasado en México, difícilmente es decisivo.

En las elecciones presidenciales que ganó el PAN, tanto en 2000 como en 2006, podríamos encontrar evidencia de que parte de los ciudadanos proclives al PRD (2000) y al PRI (2006) sacrificaron su primera opción en favor de una alternativa que rechazaban menos. La campaña de comunicación de Vicente Fox trabajó con ese tipo de efecto en mente, mientras que la de Felipe Calderón lo manejó en una forma más política.

Pero las terceras opciones en México se han mantenido como una fuerza constante. El Partido Verde ocupó ese espacio durante cierto tiempo, antes de que se embarcara en alianzas con los partidos punteros, las cuales mantiene hasta la fecha. Movimiento Ciudadano ha capitalizado ese mismo espacio, que desde hace años se plantea como un rechazo a cómo hacen política las fuerzas mayoritarias que no logran representar a buena parte de los electores.

En México tenemos varios estados donde esas terceras fuerzas han pasado a ser mayoritarias: Nuevo León, Jalisco y San Luis Potosí. Su persistencia indicaría que es limitado tal efecto que presiona desde la racionalidad para no desperdiciar el voto, a pesar de que las encuestas lo sugieran.

El mercado de encuestas

Además de las discusiones teóricas o prácticas sobre los efectos de las encuestas en las votaciones, conviene recordar que la inmensa mayoría de las que se publican en México son pagadas y difundidas por los propios candidatos y por los partidos.

En México casi no hay encuestas financiadas por los medios de comunicación o por instancias políticamente neutrales, como ocurre en la mayor parte de los países democráticos.

Las encuestas electorales domiciliarias, que son la más sólidas y con mayor representatividad social, en México suelen costar entre $400 000 y $500 000 para muestras de alrededor de mil casos. Por diversas circunstancias, que van desde el desinterés hasta el miedo político, ninguno de los medios de comunicación actuales puede o quiere pagar una encuesta de esas características.

Sin embargo, muchos medios sí difunden o comentan encuestas y esa tendencia ha sido particularmente alta en las elecciones presidenciales de 2024 (ver tabla 1).

Los diversos códigos de ética en el mundo, que rigen la conducta de la mayor parte de los encuestadores de otros países, en México no se aplican. Casi ninguna de las agencias que más difunden encuestas informan que trabajan para algún candidato o partido. En el mejor de los casos dicen que son encuestas financiadas con recursos propios, cuando es evidente que su facturación o sus cobros dependen de entes políticos y gobiernos.

Los conflictos de interés de las agencias encuestadoras son la marca de la casa de la mayoría de los encuestadores que publican en México.

El alto costo de las encuestas domiciliarias las ha restringido a un pequeño número de consumidores primarios que son los que las financian. Una vez que conoce los resultados, ese pequeño grupo de élite decide si se publican o no. Como es de esperar, jamás veremos publicadas encuestas con metodologías sólidas si sus resultados no le convienen al cliente que las pagó. Estamos describiendo aquí un conflicto de interés mayor, que afecta cómo se percibe la contienda electoral de 2024.

Encuestas de bajo costo

Las encuestas telefónicas en líneas fijas cuestan menos que las domiciliarias. Pero no todos los hogares tienen teléfono fijo y muchos lo usan sólo para el servicio de internet. Otro problema de encuestar por teléfono es que discrimina la representatividad a las personas con menos ingresos.

Los teléfonos celulares han aumentado la cobertura mucho más que las líneas fijas, pero se mantienen algunos problemas de sesgos poblacionales entre quienes encuestan por teléfono.

En años recientes, un grupo diverso de encuestadores, la mayor parte externos a Ciudad de México, apreciaron la importancia de las encuestas y han tratado de resolver el problema de los costos y el elitismo de los participantes en el mercado de encuestas tradicionales: lanzaron una ofensiva de encuestas de bajo costo, entre las que destaco las de llamadas hechas por robots y las de redes sociales —especialmente en Facebook y, desde hace poco, en WhatsApp—.

No es mi finalidad discutir aquí con precisión los aspectos técnicos, los riesgos y las ventajas o desventajas de la aplicación de metodologías emergentes, pero sí quiero destacar la paradoja del mercado de encuestas en México.

Las viejas encuestas domiciliarias sin duda son más representativas del total de la población y su metodología es más sólida, pero las agencias y los encuestadores seguido incurren en graves conflictos de interés al no revelar su verdadera fuente de financiamiento, que casi siempre son los candidatos y los partidos. La consecuencia más clara de este problema es que una y otra vez sobreestiman el voto de sus clientes. Ese tipo de encuestadores suelen “jugar” las elecciones a favor de los partidos en el poder, sean PRI, PAN y, en particular, Morena.

Las encuestas de bajo costo, aunque son muy oportunas al eliminar el elitismo de los otros encuestadores tradicionales, aún no alcanzan la representatividad y la solidez de las encuestas domiciliarias, pero tienen un financiamiento más diverso y han logrado ya numerosas veces “atinarle” o ser más precisas que las de los viejos encuestadores.

Basta revisar las elecciones en 2023 del Estado de México, donde los encuestadores con metodologías emergentes o de bajo costo, como Massive Caller o la Encuesta.mx, entre varios más, fueron mucho mejores que los domiciliarios plagados de conflictos de interés. Sólo Reforma salvó la reputación de las encuestas hechas en hogares. Pero su encuestadora dejó al medio después de esa elección.

De ninguna manera intento decir que unas encuestas son mejores que otras. Estoy consciente del valor de las domiciliarias bien hechas, pero también resalto la forma en que políticos y encuestadores pervirtieron el mercado mexicano de encuestas con todo tipo de conflictos de interés.

El efecto de tal situación es antidemocrático, pues las mejores encuestas de México sólo se consumen en privado y por un público muy reducido, que siempre y cuando les convenga deciden hacer públicos sus resultados.

Hacia las elecciones de 2024

Hoy los medios de comunicación mexicanos, por diversas razones económicas y políticas, han abandonado el mercado de las encuestas. De hecho, han decidido publicar encuestas en los términos que les imponen o pagan gobiernos, candidatos y partidos.

Sin duda, es una severa distorsión de las encuestas como reflejo de lo que es la opinión pública y significa la imposición de las encuestas como una de las principales herramientas de propaganda electoral de las elecciones de 2024.

Esta deformación pretende generar un efecto de enganche con el ganador, eliminar todo vestigio de voto útil y genera un ambiente político opresivo, entre cuyos efectos emocionales propagandísticos incluyo provocar miedo por no ser parte de la mayoría. Es decir: el fin máximo de la campaña desde el poder es generar la percepción de que es inevitable el triunfo de quienes nos gobiernan.

La distorsión también persigue incidir en el financiamiento de las campañas y, a la vez, en la mayor parte de quienes controlan los medios de comunicación.

El lugar más común de las campañas de 2024 (aunque esto ha sido constante desde 2018) es que un entrevistador le pregunta al candidato o a la candidata cosas caricaturizadas como las siguientes: “Dada la enorme ventaja que lleva en las encuestas, ¿qué va a hacer cuando se convierta en presidenta de México?”. También opera en preguntas de esta forma: “Dada la enorme desventaja que lleva en las encuestas, ¿qué va a hacer para salir de la crisis de su campaña?”. Esto claramente distorsiona cada entrevista de los candidatos en medios.

Este tipo de preguntas plagaron las campañas recientes del Estado de México y la actual campaña a la Presidencia. Lo extraño es que nadie se cuestiona la falta significativa de encuestas neutras en estas elecciones.

La sobreestimación de Morena

Sin duda, este aspecto lo conoceremos a ciencia cierta el día de la elección, pero mi impresión actual es que buena parte de las encuestas que conocemos están sobreestimando a la candidata de Morena.

Lo sucedido en el Estado de México así nos lo confirma, pero desde que Morena llegó a la Presidencia ha sido la situación predominante en las elecciones locales. En el mismo Estado de México las encuestas con conflictos de interés como los que hemos descrito promediaron ventajas de 18 a 20 puntos porcentuales a favor de la candidata de Morena, Delfina Gómez, cuando la elección se resolvió por sólo 8 puntos de diferencia. Parecería que la inevitabilidad de una derrota de Morena en ese estado no era tan clara como sugerían las encuestas. Ésta es una gran falla de sobrestimación de los encuestadores favorables al nuevo grupo de poder, que fueron quienes más difundieron en 2023.

Las encuestas en el Estado de México provocaron efectos importantes en el comportamiento de los actores políticos y económicos de esa entidad. Aunque es difícil saber a cuántos votantes desanimaron o a cuántos más engancharon al carro ganador, fue el ensayo último de esa estrategia de comunicación, de cara a la elección presidencial de 2024 (ver tabla 2).

El futuro próximo de las encuestas

Aunque el presidente afirma que los medios de comunicación tradicionales se oponen a Morena, en realidad parece ser que la mayoría se acomoda al statu quo. Cabe esperar que en estos meses difundan una andanada de encuestas muy favorables a Morena, dada la opacidad del financiamiento de las encuestas que hemos descrito en este artículo.

En métodos de difusión alternos veremos encuestas de todo tipo, incluidas varias que marcarán una contienda más pareja.

Por supuesto que el espacio público ha sido dominado por Morena y es posible que así siga siendo. La intención de crear el efecto de enganche con el ganador ha sido y sigue siendo uno de los objetivos centrales del estratega de comunicación de ese partido, que en su carrera política siempre ha mostrado una obsesión por las encuestas.

Pero también habrá encuestas con menores diferencias dado que muchas de las elecciones recientes han tenido márgenes más estrechos de lo que admite Morena.

Basta saber que la elección nacional más reciente, la de 2021, el bloque del PAN, PRI y PRD obtuvo el apoyo del 41.62 % de los votantes, mientras que el bloque de Morena, PT, PVEM logró el 42.77 %. A nivel nacional la diferencia entre los bloques actuales que compiten fue de sólo 1 %. Esas elecciones son, además de las encuestas, otro gran predictor del voto.

Aquí comparto un pronóstico personal, al haber estudiado el fenómeno de las encuestas en México. Dado su comportamiento en los años recientes, mi impresión es que varios de los encuestadores tradicionales de México seguirán favoreciendo a Morena y al statu quo con márgenes extraordinarios y seguirán difundiendo ampliamente los resultados en los medios de comunicación. Pero en realidad tendremos un año electoral en que el bloque opositor ganará terreno a partir de marzo, que es cuando los electores potenciales volverán a poner atención a las campañas.

Y así, los estudiosos de opinión pública podremos abordar una vez más el clásico problema de por qué discrepan tanto las encuestas entre sí y por qué algunas de ellas tienden a favorecer tanto al statu quo.

 

Rafael Giménez Valdés
Consultor experto en campañas electorales. Fue coordinador de Opinión Pública en la Presidencia de la República durante el gobierno de Felipe Calderón y coordinador de Investigación en el periódico Reforma entre 1994 y 1998.

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Publicado en: 2024 Marzo, Expediente