Recogemos pasajes de la vida de un nativo de las intemperies decimonónicas de la región sonorense del río Mayo, en la segunda mitad del siglo XIX. Su nombre es Álvaro Obregón Salido, el mismo del caudillo invicto de la Revolución mexicana. Pero no es el caudillo sino una familia, un niño y luego un joven cercados por la penuria, las epidemias, el clima, las inundaciones, las muertes prematuras y la violencia indígena contra la ocupación de sus tierras. Son fragmentos de la extraordinaria biografía de Obregón que Ignacio Almada Bay publicará en septiembre bajo el sello editorial de Crítica: Álvaro Obregón: ¿Héroe o tirano?
Siquisiva, que en lengua cahíta significa Paredón Colorado, era una porción de terreno de la familia Obregón Salido sobre la margen derecha del río Mayo, frente al pueblo de Tesia; funcionaba en 1886 como pequeña hacienda con una extensión de cultivo de chícharo y tomate, y era explotada también como rancho y calera. El costado sur, la orilla derecha del río, comprendía un vado por el que pasaba un camino carretero que unía Álamos con el pueblo de Cócorit, junto al río Yaqui. Al oriente y al poniente estaba la arboleda del río, con trechos de arena dejada por las crecientes. Durante las crecidas del río, en julio y agosto y diciembre y enero, ante la imposibilidad de cruzarlo, Siquisiva se volvía posada y mesón para la gente en tránsito. El costado norte está abierto a un valle reducido que comunica con los pueblos de Cabora y El Quiriego.
Para esa época, se estima que en la región el mes de febrero era por lo regular frío —pero rara vez la temperatura bajaba de 6 grados—; las heladas pegaban de noviembre a enero, estando ya sembrados los cultivos que se regaban con el agua que fluía desde octubre por el río y se repartía por canales cavados a pico. Los labradores y los jornaleros empezaban a segar el trigo y el garbanzo y a cortar el maíz desde fines de marzo hasta inicios del verano. De junio a agosto se removía la tierra, preparándola para el siguiente ciclo.
Ya que se había desahogado el movimiento de gentes, mercancías y ganado, cruzando el vado en aquel invierno, protegido por paredes de adobe, techo de varas de carrizo cubiertas de tierra compacta y sostenido por brazos de árboles acomodados como vigas sobre horcones, en Siquisiva nació el 17 de febrero de 1880 un niño que fue llamado Álvaro. Sus padres fueron Francisco Obregón Gómez (1816-1880) y Cenobia Salido Palomares (ca. 1835-1897). Se trató de un parto rápido pero de alto riesgo porque la madre rebasaba los 44 años. En el orden de los nacimientos fue el 18.º y último vástago de doña Cenobia, quien dio a luz a 13 hombres y 5 mujeres en 28 años de matrimonio. El padre falleció cinco meses después, el 29 de julio de 1880, a los 64 años de edad. La criatura fue bautizada el 6 de enero de 1881, y su madrina fue su hermana Rosa, de 15 años de edad.
A pesar de que antepasados paternos y maternos enlazaron con familias prominentes de Álamos en el siglo XIX, Álvaro Obregón quizá porque no le tocaron los buenos tiempos o para identificarse con el pueblo, en una entrevista en 1920 declaró: “Mis abuelos vinieron de España. No sé de qué provincia. Otras gentes se preocupan mucho de sus antepasados. Se imaginan que son nobles. Yo no sé más que mi gente vino de España. Debe haber sido gente pobre que se vio obligada a emigrar por hambre”.
A la muerte del padre la familia estaba en una mala situación económica, pues una serie de reveses había reducido su patrimonio. Así, Francisco Obregón fue de los veintiún propietarios de mayor relieve afectados por la creciente ocurrida la noche del 17 al 18 de octubre de 1868, que derrumbó la mitad de las casas de Álamos y arruinó las demás. En esas circunstancias quienes mayor apoyo dieron a la familia fueron Martín (1815-1896) y José de Jesús Salido Palomares, hermanos de la viuda, y un hermano del abuelo Hermenegildo, Francisco Salido, quien, cercano al general Luis Emeterio Torres —éste ocupó repetidas veces la gubernatura entre 1879 y 1908—, influyó para que hermanos de Álvaro ocuparan puestos a nivel municipal.
Los primeros años de la vida de Álvaro transcurrieron en la ciudad de Álamos, a donde se trasladaron la madre y las hermanas Cenobia, María y Rosa con el benjamín de la familia. En Álamos ya radicaban Dolores, la hermana mayor casada con Santana Almada, y varios hermanos como Lamberto, quien fue diputado propietario del Distrito de Álamos, perteneciendo a la IX Legislatura, 1883-1885.
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