En octubre de 2023 se desató en el noroeste de Sonora una nueva guerra por el control del acceso a la frontera. En pocas semanas han muerto más de una docena de soldados y un número probablemente tres veces más grande de sicarios. La población ha tenido que refugiarse en edificios públicos; tanto el abasto de comida como el servicio eléctrico han sido interrumpidos. Las declaraciones oficiales son de una generalidad obtusa —“Fueron abatidos tres generadores de violencia en un operativo conjunto”—, cuando no falsas.
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