¿Qué determina si los mexicanos ahorran? Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2021, depende de variables sociodemográficas como el género, la edad, los años de educación y el ingreso. También se tiene que tomar en cuenta la periodicidad, la variabilidad y la forma de recibir el ingreso. De igual forma influyen variables subjetivas como los niveles de educación financiera, la confianza en las instituciones financieras, los hábitos y costumbres con los que crecimos, así como las de quienes nos rodean. En suma: nuestras circunstancias de origen —dónde nacemos y vivimos— explican gran parte de los hábitos de ahorro.

El ahorro impactará nuestro futuro y las circunstancias de origen de nuestros hijos. Es clave para generar oportunidades de movilidad social tanto para ellos como para nosotros. En particular, el ahorro (junto con el acceso a productos financieros como el crédito y los seguros) permite invertir en salud y educación, y disminuye el impacto de las emergencias.
Aunque es una de herramienta capaz de cambiar el statu quo y promover la movilidad social ascendente, convertir el ahorro en una meta alcanzable requiere “empujar” a las personas fuera de sus patrones habituales. Es necesario comprender las barreras de cada quien para tener soluciones que faciliten ahorrar.
En México hay distintas barreras estructurales y de conducta que impiden el ahorro. En las primeras: la calidad del mercado laboral —que ocupa el lugar 13 de 17 economías latinoamericanas, con base en el Índice de Buenos Trabajos del Banco Interamericano de Desarrollo— afecta cuánto podemos ahorrar. Esto se debe a los bajos salarios en amplios sectores de la población, así como pagos en efectivo, variabilidad en el ingreso y una alta frecuencia en la recepción de éste (un gran porcentaje obtiene ingresos diarios o semanales). Al respecto, Gustavo del Ángel y otros especialistas apuntan que de las personas que reciben ingresos de manera semanal sólo el 78.8 % ahorra, porcentaje muy menor al de quienes cuentan con ingresos a la quincena (90.1 %) o al mes (90.0 %).1
Debido a la variabilidad y la incertidumbre en el ingreso futuro, es difícil que los mexicanos calculen cuánto pueden ahorrar; por estas razones tampoco se comprometen a aportar cantidades fijas (que suelen estipular los productos de ahorro formal). Además, el bajo uso de productos financieros aumenta el fenómeno de “ahorradores sin ahorros”: personas que tienen “apartados” o “guardaditos” de manera líquida, pero con poco impacto en la eficiencia o en el aprovechamiento de su dinero.2 Estas barreras estructurales se compaginan de manera perversa con ciertas conductas. En particular, los bajos niveles de educación financiera, las costumbres y hábitos de ahorro, así como la desconfianza en las instituciones financieras, frenan el uso de instrumentos formales de ahorro.
Para que los niveles de ahorro aumenten se necesitan esfuerzos tanto del sector público como del privado. En el caso del sector público: mejorar las condiciones laborales de grupos desaventajados (mujeres, jóvenes, personas con discapacidad, entre otros) y para promocionar un aumento en la bancarización. Más allá de los conceptos tradicionales de educación financiera, se debe promover una reflexión sobre los hábitos para administrar el dinero. Éstos tienden a reproducirse de generación en generación e intensifican sesgos del statu quo en las decisiones financieras.
Las instituciones financieras del sector privado deben innovar sus productos de ahorro y mejorar el acompañamiento de sus clientes. Es crucial que esos productos reflejen las necesidades y se adapten a los modelos de contabilidad mental y a las formas de generar ingreso de cada grupo. El sector financiero es el mejor posicionado para promover el uso de instrumentos eficientes de ahorro mediante sus estrategias de comunicación y educación financiera.
Hoy la mayor parte del ahorro en México se utiliza para metas a corto plazo y destaca el gasto corriente. En este contexto, aumentar el ahorro y mejorar su impacto en la salud financiera de los hogares requerirá promover metas de mediano y largo plazos. Aquí vale mencionar a las afores: tienen una misión —y oportunidad— relevante para ayudar a quienes desean planear el ahorro para su retiro. Tanto las afores como las demás instituciones del sistema financiero son las mejor posicionadas en asesorar a las personas e incentivarlas a superar las barreras para ahorrar.
¿Cómo lograr que los esfuerzos aquí mencionados den en el clavo y motiven a los mexicanos a dejar de reproducir sus condiciones de origen?
A nivel internacional, algunas innovaciones exitosas para promover el ahorro han sucedido por aplicar la economía del comportamiento en el diseño de productos y estrategias de comunicación. Para aprovechar tales herramientas, la tecnología y el acceso a datos de los mexicanos son clave para ofrecer mensajes y productos de interés y motivar el ahorro. Es necesario dividir los mensajes: no funciona la misma estrategia de ahorro para una joven, con un empleo informal, que recibe su ingreso en efectivo de manera semanal, que una para un adulto joven que recibe su ingreso cada mes en su cuenta de nómina. Los productos y servicios enfocados al ahorro, tanto de corto como de mediano plazo, e incluso para el retiro, deben ser claros según las necesidades y características de su público objetivo. Se deben considerar el acceso a la tecnología, los canales, la información y los momentos en los que el usuario acude cuando explora opciones para lograr sus metas de ahorro.
Un diseño efectivo de productos debe ser capaz de incentivar el ahorro al adaptarse a las rutinas de los mexicanos. Asimismo, debe tomar en cuenta hábitos y creencias personales y sociales. Sólo así, las instituciones financieras podrán aprovechar las interacciones con sus clientes y clientes potenciales para ayudarlos a superar sus propias barreras para ahorrar. Esas barreras estructurales y de conducta son un obstáculo para que los hogares tengan oportunidad de mejorar sus condiciones de vida, situación que los condena a un bajo nivel de movilidad social. £
Ana Laura Martínez Gutiérrez
Consultora en BeWay e investigadora asociada externa del Centro de Estudios Espinosa Yglesias
1 Del Ángel, G. A.; Martínez, A. L.; Morelos, C.; Núñez, A.; Reséndiz, C., y Villegas, A. “Transformar el ahorro para el retiro en México”, Amafore, Laboratorio Nacional de Políticas Públicas, CIDE, 2020.
2 Según la ENIF 2021, 61.4 % de los adultos mexicanos ahorran en instrumentos informales.