Woolf y las sufragistas

El traslado a Bloomsbury se debió, en parte, a Vanessa [Bell]; fue ella quien recogió la vieja casa, encontró una nueva y organizó el traslado junto a la ciudad mientras Virginia [Woolf] estaba en el campo recuperándose de su última crisis nerviosa e intento de suicidio. “Así adquirió existencia el 46 de Gordon Square”, escribe Woolf, como si Vanessa hubiera poco menos que construido ella sola el edificio, ladrillo a ladrillo. En un par de ensayos que leyó ante el Memoir Club, una reunión informal en la que miembros de Bloomsbury ofrecían crónicas autobiográficas, Virginia comparó la casa de Kensington con su hogar en Gordon Square. Parecía incapaz de hablar de una sin mencionar la otra. En “El viejo Bloomsbury”, Woolf escribe que la sombra del 22 de Hyde Park Gate la precedió y, sin duda, la “espesa penumbra” del 22 de Hyde Park Gate se vio oscurecida en su mente por el espíritu libre de la vida que llevó después. Bloomsbury parecía “el rincón más bello, más emocionante y más romántico del mundo”.

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