Las desencantadas

Más de ciento veinte sufragistas se reunieron en la residencia presidencial de Los Pinos en mayo de 1937 para exigir la reforma al artículo 34 constitucional. Permanecieron en el vestíbulo de la oficina del entonces presidente Lázaro Cárdenas desde las cuatro de la tarde hasta altas horas de la madrugada. El éxito de aquella protesta fue relativa, lenta y provenía de una lucha sufragista larga.

La legislación del sufragio femenino igualitario no se dictó en México sino hasta 1953, en plena Guerra Fría, mientras que en otros países de América Latina las mujeres pudieron votar en años previos o inmediatos a la Segunda Guerra Mundial (Ecuador, en 1929; Brasil, en 1932; Argentina, en 1947; y Chile, en 1949). En esos años, en México sólo se reconoció el sufragio femenino restringido al municipio.

La publicación del 17 de octubre de 1953 en el Diario Oficial de la Federación de la reforma a los artículos constitucionales 34 y 115 fue bien recibida en la prensa, en la élite en el poder y entre algunos sectores de la sociedad. Las organizaciones de mujeres agradecieron al presidente Adolfo Ruiz Cortines la iniciativa y el respaldo a la reforma constitucional que por fin reconocía sus derechos de ciudadanía. El tono reverencial dejaba la imagen de que el mérito era exclusivo del presidente de la República. La doctora Esther Chapa, comunista y participante en las movilizaciones feministas del periodo posrevolucionario, fue una de las pocas voces discordantes. Ella le recordó al país que la reforma al artículo 34 había sido presentada y aprobada por el Congreso durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, pero nunca había entrado en vigor debido a consideraciones políticas surgidas a raíz de la sucesión presidencial de 1940. Los representantes del Partido Acción Nacional, por su parte, se manifestaron en el mismo sentido que Chapa en esos días.

Tomo distancia del énfasis exclusivo en la efeméride del 17 de octubre de 1953 como el único acontecimiento importante en la historia del voto femenino y trazo, a grandes rasgos, un relato todavía muy poco conocido que contó con la participación de activistas que aspiraban a influir en los asuntos públicos a través de voto. El sufragio femenino no fue una demanda aislada; era más bien un elemento de la emancipación de las mujeres que contemplaba derechos educativos, laborales y sociales. Las sufragistas tuvieron posiciones políticas diversas y a veces encontradas —oficialistas, comunistas y católicas militantes— pero compartían el apoyar a las reformas sociales y económicas de los gobiernos posrevolucionarios. Defendieron sus derechos ciudadanos por medio del periodismo, la redacción y envío de cartas a las autoridades, la organización de agrupaciones y la participación tanto en sindicatos como en partidos políticos. Contaron con aliados políticos varones, pero también enfrentaron un fuerte rechazo de sus compañeros y compañeras de causa política.

Ilustración: Izak Peón

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Publicado en: 2023 Octubre, Ensayo