CUADERNO NEXOS

Teresa Gurza. Reportera. Corresponsal en Michoacán de La Jornada.

Al entregar estas líneas se sabía ya que el senador Cristóbal Arias Solís por el Partido de la Revolución Democrática y el exsecretario general del Partido Acción Nacional. Felipe Calderón Hinojosa, serían candidatos a la gubernatura de Michoacán, entidad en la que el próximo 12 de noviembre se realizarán elecciones para las 113 alcaldías, las 30 diputaciones y el gobierno del estado.

El Partido Revolucionario Institucional informó que daría el nombre de su “candidato de unidad” a fines de julio o a principios de agosto, de manera que cuando empiece a circular este número de nexos seguramente ya se conocerá.

Los discursos de campaña de Arias y Calderón son similares. Los dos hablan de la necesidad de que haya paz en el estado porque la sociedad está cansada de los conflictos post- electorales que caracterizaron a Michoacán durante los ocho últimos años y para atraer inversiones; de apoyar al campo y combatir la inseguridad pública. Como candidato a senador en las elecciones federales de agosto de 1994 Arias obtuvo casi 500 mil votos, 100 mil menos que el PRI. El PAN en su mejor momento no ha pasado del 16% de la votación. Es la segunda vez que Arias quiere ser gobernador. Perdió oficialmente ante Eduardo Villaseñor, del PRI, en 1992. Ahora para ser nuevamente candidato tuvo que ganarle en elecciones internas al diputado federal Roberto Robles Garnica, gente muy cercana a Cuauhtémoc Cárdenas.

Pleitos cultivados durante años entre Arias y Robles, errores de dirección, luchas por puestos públicos que los han llevado hasta aceptar que un perredista sea “asesor político” del presidente municipal priísta de La Piedad, la pérdida de sectores medios de la población, disputas internas en ayuntamientos en donde el PRD ha sido o es gobierno, la actuación inelevante de la mayor parte de sus diputados y la poco cuestionada administración del actual gobernador, Ausencio Chávez, son factores que pueden influir para que Arias pierda las elecciones en Michoacán, única entidad en el país en donde ha tenido posibilidad real de llegar al poder.

El conflicto entre Cristóbal y Robles ha dividido municipios, pueblos, familias y comunidades, y de su superación de aquí a noviembre dependerá el número de votos que saque Arias, quien ganó a Robles la candidatura a gobernador a pesar de una campaña roblista que seguramente contó con muchos recursos económicos porque se llevó a cabo principalmente en los medios locales de comunicación y las bardas de Michoacán, y fue dirigida casi exclusivamente a acusar a Cristóbal “de entrega al PRI y traición a los principios de Cuauhtémoc Cárdenas”.

Hasta el momento de entregar esta nota Robles no había aceptado su derrota y continuaban los trámites de sus impugnaciones.

El origen de los problemas entre los dos perredistas michoacanos se remonta a los comicios federales de 1988, cuando ambos eran candidatos a senadores por Michoacán y acordaron dejar al resultado de una elección interna la decisión de quién lo serla por tres años y quién por seis.

Robles se sintió burlado por las casillas zapato o casi zapato a favor de Arias y acudió a la dirección del entonces Frente Democrático Nacional para quejarse de que se le habla hecho trampa. Esta instancia resolvió que Robles fuera el senador por seis años.

Declaraciones y zancadillas de ambos lados engordaron los rencores durante siete años. En cada contienda interna por candidaturas o dirigencias, arrecian las querellas y militantes de ambos grupos se acusan de usar prácticas como ratones locos, tacos, casillas zapatos, carruseles, votos fantasma y alteración de actas electorales. Robles ha declarado en varias ocasiones que la situación entre él y Cristóbal “es irreversible”, y que sus posiciones políticas “son irreconciliables” y no terminarán “hasta que el señor Arias salga del Partido”.

El Cristóbal de hoy se presenta muy diferente al Cristóbal que hace dos años impulsaba plantones que duraban meses frente a los palacios legislativo y de gobierno, “porque aquí nadie se raja”, o que exigía a la gente “en Michoacán ni un paso atrás”.

Oriundo de Churumuco y nacido a la política con el apoyo de Natalio Vázquez Pallares, Arias tiene ahora a su favor, además de su postura conciliatoria, su presencia y trabajo partidista en el estado en donde es el más destacado político de oposición, y el haber sido uno de los impulsores de la nueva legislación electoral que, de acuerdo a lo dicho por los tres partidos principales, permitirá elecciones limpias y equitativas y parte de la cual es el Instituto Electoral de Michoacán al que se han destinado 35 millones y medio de pesos para que organice los comicios de noviembre, cifra que no incluye aún las prerrogativas que recibirán los partidos.

En el Consejo General del Instituto sólo tienen voto los seis consejeros ciudadanos, todos ellos propuestos por consenso; cinco son graduados en ciencias exactas, y uno en Humanidades. Tienen en promedio 47 años.

Salvador Pérez Díaz, de 44 años y presidente del Consejo, es químico, ha sido investigador y catedrático en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y fue firmante del primer documento de la Corriente Democrática, antecedente directo del PRD del que después se deslindó. Cuando el congreso michoacano lo designó presidente del Consejo, era secretario del sindicato de profesores de la Universidad Nicolaíta.

Los otros consejeros son Fernando Aguilar Barragán, moreliano de 49 años egresado del Instituto Tecnológico de Morelia, en donde estudió Ingeniería industrial, y socio de varias empresas ubicadas en esta ciudad. Gilberto Morelos, ingeniero mecánico, también egresado de la universidad michoacana y actual consejero del grupo financiero Bancrecer Morelia.

Ariel Núñez Nava, ingeniero civil de 58 años y nacido en Paracho, catedrático de la Nicolaíta y miembro de su Colegio de Ingenieros Civiles. Y Alfonso Castañeda Cervantes, originario del municipio de Pastor Ortiz, con 47 años de edad y físico matemático.

Por lo que toca al Partido Acción Nacional, echó toda la carne al asador con la candidatura de Felipe Calderón, formalizada el domingo 16 de julio por la asamblea estatal panista a la que asistieron el presidente nacional Carlos Castillo Peraza y los gobernadores de Guanajuato y Jalisco, Vicente Fox y Alberto Cárdenas.

Estimulado por sus triunfos en Guanajuato y Jalisco, estados limítrofes a Michoacán, el PAN intenta captar los votos de descontentos con el PRI y el PRD y los de ciudadanos que no han tenido participación electoral.

Es difícil que lo logre, como tampoco lo logró hace tres años, con un discurso parecido al de Calderón, Fernando Estrada Sámano, candidato panista a gobernador en 1992. Vaticinaba entonces que la experiencia de los michoacanos “con los partidos hermanos PRI y PRD” daría fácilmente el triunfo al PAN. Sacó apenas 56 mil votos ocupando el tercer lugar en las preferencias de los electores, bastante más abajo que Eduardo Villaseñor y Cristóbal Arias.

Al igual que el PRI y que el PRD, el PAN tuvo en las elecciones federales de agosto de 1994 la más alta votación de su historia. Al impulso de la candidatura para la presidencia de Diego Fernández de Cevallos consiguió algo más de 200 mil votos. Con Manuel Clouthier compitiendo con Cuauhtémoc Cárdenas había obtenido, en julio de 1988, 63, 188