El 23 de julio pasado cumplió cien años el artista mexicano Francisco “Pancho” Barboa Valenzuela, quien desde hace 75 años vive en Asia y ahora radica, con su compañera Anna, en Taipei, la capital de Taiwán.

De familia sinaloense, Pancho nace en San Juan Bautista, California, en 1923, y crece en Los Mochis, Sinaloa. Hace la preparatoria en el Instituto Ciencias, de Guadalajara, colegio de los jesuitas. En 1943 ingresa al noviciado de la Compañía de Jesús en Santiago Tianguistenco, Estado de México. En 1948 sus superiores lo destinan a China y ese mismo año viaja a Beijing para empezar a estudiar chino, todavía antes del triunfo de la revolución de Mao Zedong.
Ante el avance de las tropas revolucionarias, los jesuitas trasladan a sus estudiantes a Shanghai y de ahí a Wuhu. Ese año pasan el invierno frente al río Yangtze y, cuando las tropas de Mao invaden la región, los jesuitas en formación de nuevo son enviados a Shanghai. Días después los revolucionarios chinos se hacen del poder y fundan la República Popular China en 1949. Al año siguiente los estudiantes jesuitas abandonan China. Por tren van a Tenshin, de ahí en barco a Hong Kong y Manila, donde estudian filosofía. En 1953, al término de estos estudios, Pancho es enviado como profesor (maestrillo, se dice entre los jesuitas) al Ateneo de Cagayán, en Oro City, al norte de la isla de Mindanao. Al terminar el magisterio inicia la teología y en 1957 se ordena sacerdote.

En 1958, realiza la etapa que los jesuitas llaman la tercera probación, en Hiroshima, Japón. En 1960 se le destina a Taichung, en Taiwán, donde trabaja en la editorial Kuang Chi Press de los jesuitas. Entre otras cosas se dedica a ilustrar publicaciones. En 1962 a los 39 años, Pancho deja la Compañía de Jésus en la que había pasado diecinueve años. Se traslada a vivir de Taiwán a Hong Kong. Ese año se casa con la china Anna Llang, que sigue siendo su compañera y lo ha acompañado en su trabajo.
Pancho es el artista mexicano, tal vez del mundo, que ha pintado más murales y lo ha hecho también en más países y ciudades. En México es prácticamente desconocido; sólo sabe de él un pequeño grupo de amigos en su mayoría antiguos jesuitas. Ha realizado 169 murales y doce vitrales en once países —entre ellos China, Taiwán, Japón, Brunei, Malasia, Filipinas, Australia, España y México— y 45 ciudades, incluyendo veintidós en Taiwan solamente. Su obra muralística se encuentra en hoteles, restaurantes, cafés, edificios de oficinas, edificios de departamentos, hospitales, universidades, escuelas (primaria, secundaria y preparatoria), jardín de niños, internados estudiantiles, centros de atención social y clubs sociales. Y también en seminarios, casas de congregaciones religiosas, mezquitas, iglesias, capillas, templos evangélicos, casas de ejercicios, centros de espiritualidad, jardínes, reformatorios, asilos, orfanatos, funerarias, cementerios, albercas y casas particulares.

Entre las técnicas y materiales que ha usado Pancho en sus murales al exterior están la cerámica, el mosaico veneciano, el azulejo, cemento tallado, bajo relieve y acero. En sus murales interiores más que nada la pintura acrílica sobre tela y la pintura acrílica sobre paneles de madera, pero también sobre cerámica y sobre azulejos. En 1959 Pancho pinta sus dos primeros murales para el Centro de Espiritualidad en Changhua, Taiwán, y el último, en 2020, a los 97 años, en la iglesia presbiteriana de Dounan, Jiayi, también en Taiwán.

El muralista tiene obras de gran formato, incluyendo algunas que corren a lo largo del frente de todo el edificio, como en el caso del mural en cerámica de la fachada del Hotel Sintra, en Macao, que tiene 42 metros de alto y siete metros de ancho, obra de 1973. Otros ejemplos de obras de gran formato son el mural en cerámica de la fachada del Hotel Lisboa, en Macao, fechado en 1972, que tiene veinticuatro metros de alto y ocho metros de ancho. En ese mismo lugar está un mosaico de dieciocho metros de diámetro que es el techo del salón principal obra del mismo año. La pared exterior de la Mezquita nacional de Kuala Lumpur, Malasia, es un mosaico de veinte metros por 1.5 metros. En Nagasaki, Japón, en el Centro de Estudiantes, hay una pared en cemento tallado que corre a lo alto de los cinco pisos que tiene el edificio, obra de 1975.
Pancho y yo tenemos en común el haber sido jesuitas y que nos gusta e interesa el arte. En 2013 entramos en contacto a través del correo electrónico; alguna vez hemos hablado por teléfono. A partir de entonces mantenemos él, Anna y yo una frecuente y estrecha comunicación. Ya son diez años de estar en contacto.
En 2016 se publicó en México la autobiografía de Pancho, Los caminos del viento. La vida de un misionero jesuita (Editorial Navarra). Ahora él, Anna y el que escribe trabajamos en un libro que registre con imágenes y fichas técnicas los 169 murales y doce vitrales, que Pancho ha realizado. Esperamos publicarlo antes de que termine el año.
Rubén Aguilar Valenzuela