Cuando estamos enfermos, la incomprensibilidad tiene un enorme poder sobre nosotros, quizá con mayor legitimidad de la que los erguidos están dispuestos a admitir. En la salud el significado usurpa la sonoridad. Nuestra inteligencia domina nuestros sentidos. Pero en la enfermedad, con la policía fuera de servicio, nos arrastramos bajo algunos oscuros poemas de Mallarmé o de Donne, una frase en latín o en griego, y las palabras emiten su fragancia, destilan su gusto y, después, si por fin comprendemos su significado, éste es tanto más rico por haber llegado hasta nosotros primero sensualmente, a través del paladar y el olfato, como un aroma singular. Los extranjeros, para quienes el idioma es ajeno, nos tienen en desventaja. Los chinos deben conocer el sonido de Marco Antonio y Cleopatra mejor que nosotros.
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