Los cuidados nos sostienen desde el primer suspiro hasta el último suspiro. Todas las personas requerimos cuidados en cada etapa de la vida: desde apoyo para lograr nuestro desarrollo físico, mental y social, con salud, alimentación e higiene, hasta un entorno propicio para corresponder a la necesidad humana de pertenencia a una comunidad o grupo. En México, como en muchos países de Latinoamérica y del mundo, impera una falta de cuidados. La pandemia del coronavirus puso de relieve las profundidades y consecuencias de esta carencia. Esto se debe a que los cuidados se proveen como si no fueran un asunto público y de corresponsabilidad social, sino un asunto privado, que se ha dejado en manos principalmente de los hogares y de las familias.
En nuestro país las necesidades de cuidados son cada vez mayores. Hoy por hoy, la mitad del tiempo de trabajo de la población mexicana mayor de 12 años se destina al trabajo no remunerado que incluye los cuidados.1 Necesitamos más cuidados no sólo porque estamos en un momento de transición demográfica, lo cual implica que hay paulatinamente más personas mayores que requieren de otras para sostenerse;2 necesitamos cada vez más cuidados porque la mayoría de las personas que habitan este país viven en arreglos socioeconómicos que fragilizan la sustancia de su vida. México es uno de los países más desiguales del mundo, donde el 10 % más rico de la población concentra cerca del 78 % de la riqueza,3 mientras que más de dos tercios de la población vive en condiciones de pobreza.4 Trabajamos jornadas desbordantes5 y tenemos tiempos de traslado extensos lo que fomenta la pobreza de tiempo especialmente de las mujeres,6 para sostener un proceso de crecimiento económico que extrae nuestro tiempo y energía, sólo para profundizar desigualdades que van a la esencia de la vida misma.
Estas dinámicas y jornadas se saldan a costa de la salud de la mayoría de la población: con enfermedades crónicodegenerativas y discapacidades adquiridas que serían prevenibles7 y diagnósticos como la depresión y la ansiedad que están al alza.8 Todo lo anterior desata una crisis multidimensional de cuidados, es decir, un ciclo vicioso donde tenemos cada vez menos tiempo y posibilidades para cuidar(nos) a la par de requerir cada vez más cuidados porque nos desenvolvemos en una economía que socava la base de nuestra existencia.
Esta crisis multidimensional de cuidados se resuelve constantemente por las mujeres, a quienes no naturalmente, sino históricamente, ha sido asignado el cuidado. Según la Encuesta de Uso de Tiempo, tres cuartosde las horas que la población dedica al trabajo no remunerado son realizadas por las mujeres.9 Mientras las mujeres trabajan en promedio 59.5 horas semanales, el tiempo total de trabajo10 de los hombres es de 53.3 horas semanales. Las mujeres dedican 67 % de su tiempo de trabajo a labores no remuneradas, mientras los hombres sólo 28 %. Esta distribución injusta de la provisión de cuidados, así como la invisibilización de estas labores en el sistema de seguridad social, mantiene las trayectorias de vida de muchas mujeres en un ciclo vicioso de pobreza de tiempo y monetaria, en la precarización y la falta de alternativas ante la violencia que marca el día a día de muchos hogares en México donde 39.9 % de las mujeres reportan haber experimentado algún tipo de violencia en su relación de pareja actual o más reciente.11
Es importante reconocer que existen profundas desigualdades entre las mujeres. Las personas que habitan hogares mejor situados, principalmente en los ámbitos urbanos, cuentan con la posibilidad de pagar servicios de cuidado. Este trabajo, en la mayoría de los casos informal y precario, recae nuevamente en mujeres de condiciones de vida aún más pobres y que se enfrentan con dobles y triples cargas mentales, emocionales y físicas. En este sentido, la violencia estructural que hoy moldea la organización social del cuidado en México tiene género, color de piel y clase. Nos faltan muchas estadísticas e investigación de campo para comprender la complejidad de estas dinámicas.
Si el trabajo de cuidados no remunerado se contabilizara en pesos, aunque subestimándolo, esta labor hubiera generado 6.5 billones de pesos en el 2021.12 Esto representa 26.3 % del producto interno bruto del mismo año y supera por mucho el valor económico generado en otros sectores, por ejemplo, el del turismo (7.5 %) o la industria manufacturera (18 %). No obstante, el imaginario social dominante ha asumido el cuidado como algo dado, invisibilizando el tiempo, la dedicación y el esfuerzo de todas las personas que proveen cuidados. Las dinámicas económicas incitan a que las mujeres se incorporen cada vez más al mercado laboral remunerado para generar ingresos propios y para responder a las necesidades de los hogares en un contexto de precarización. Muchas trabajan en jornadas extenuantes —a costa de su salud, bienestar y desarrollo— en la informalidad y sin acceso a la seguridad social para poder compaginar sus labores remuneradas con las responsabilidades de cuidados no remuneradas.

Todo esto sucede en el contexto de una sociedad que sigue feminizando las responsabilidades de cuidados. Una encuesta nacional de percepción realizada por la Universidad Nacional Autónoma de México revela que la mayoría de las mexicanas y los mexicanos asociamos a las mujeres primordialmente con los atributos de la maternidad, el amor, la belleza, el hogar; al contrario, los hombres están asociados con características como el trabajo remunerado, la fuerza, la valentía, y ser proveedor.13 Estas lógicas encasillan la provisión de los cuidados como una característica “natural” femenina y no como el resultado de una división de trabajo que se instituye desde edades tempranas; una división de trabajo que priva a todas las personas, independientemente de nuestro género, del derecho al —y la corresponsabilidad del— cuidado como un proceso formativo, que no sólo es carga sino también dota de sentido y puede ser una vía de salida de la espiral de violencias en la cual se encuentra sumergido nuestro país. Así, por ejemplo, al contemplar las dinámicas en los hogares mexicanos, se revela que existe un vínculo claro entre la lógica del cuidado y la violencia. Un cálculo sobre la base de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares del 2011 demuestra que una mayor participación masculina en el cuidado en los hogares disminuye la presencia de las violencias en este espacio: se reduce un 74 % el riesgo de violencia física, un 80 % el riesgo de violencia sexual y un 60 % el riesgo de violencia económica.14
La conciencia de que quienes habitamos este país requerimos cuidados implica reconocer que somos interdependientes y el valor del cuidado para la continuidad de la vida en sociedad. Ante este panorama no es viable que la atención de las necesidades de cuidados se resuelva principalmente por las familias y particularmente por las mujeres. Se requiere corresponsabilidad de todas las personas, pero en especial del Estado, del mercado, de los hogares y de las comunidades para proveer bienestar y condiciones más humanas para cada quien.
En México estamos deliberando una Estrategia Nacional de Cuidado y un Sistema Nacional de Cuidados, es decir: un conjunto articulado de leyes, políticas, proramas y acciones para garantizar el derecho de todas las personas al cuidado. En noviembre del 2020, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad elevar a rango constitucional el derecho al cuidado y al tiempo propio, a través de un dictamen que reforma y adiciona los artículos 4 y 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. La iniciativa sigue en espera de revisión y aprobación por el Senado y afirma el reconocimiento del derecho de todas las personas al cuidado digno que sustente su vida —entendiendo este derecho como el fundamento para otorgar a las personas los elementos materiales y simbólicos para vivir en sociedad, a lo largo de toda su existencia, y para cuidar(se) y recibir cuidados suficientes y de calidad. A la par, tanto desde el ámbito del gobierno federal como desde la sociedad civil organizada, una serie de actores clave están trabajando distintas propuestas de una ley general que regularía el Sistema Nacional de Cuidados.
El debate legislativo es importante y puede ser una plataforma significativa para encaminar cambios profundos en los arreglos de cuidados injustos que hoy en día marcan la realidad de la mayoría de la población mexicana. Sin embargo, la articulación de respuestas a la crisis multidimensional de cuidados requiere de un pensamiento compuesto y acciones en varios niveles.
Primero, necesitamos reconocer que en la actualidad ya existen soluciones de cuidados que, aunque informales y precarias para muchas personas, han logrado mantener a flote el sistema socioeconómico. Compartimos algunos ejemplos de un abanico amplio de soluciones y luchas por cuidados justos y en condiciones de dignidad que muchas personas están articulando a lo largo y ancho del país:
Habitantes de San Miguel Ajusco, en los Altos de Tlalpan, crearon la Estancia Infantil y el Centro de Formación Académica Prof. Virgilio Escudero ante la ausencia de espacios cercanos de cuidado y desarrollo personal para las niñas y los niños de la comunidad mientras sus cuidadoras y cuidadores —personas trabajadoras del hogar de entrada por salida, en la plomería y otros servicios— realizan trabajo remunerado en las partes céntricas de Ciudad de México. La estancia infantil y la escuela responden a una demanda de educación y cuidados que no es correspondida desde el ámbito público-estatal, ya que las escuelas más cercanas, además de funcionar en horarios que no cubren las necesidades de las familias de la zona, implican caminos de traslado extensos e inseguros. El espacio se constituyó como cooperativa y ofrece: 1) un modelo educativo de calidad para la primera y segunda infancia y la adolescencia; 2) horarios compatibles con las amplias jornadas laborales y tiempos de traslado extensos de las personas que habitan en la comunidad. La filosofía de enseñanza del centro se ancla en una perspectiva de cuidado para todo el poblado. El modelo de educación busca ser integral y preparar a quienes se forman en este centro para un camino de vida reflexivo, como actores que abonan a una sociedad que cultiva vínculos, prácticas y dinámicas que cuidan el bien común.
A lo largo y ancho del país, trabajadoras no remuneradas de cuidados construyen esfuerzos organizativos contra el aislamiento y la sobrecarga que implica para muchas personas proveer cuidado. Esfuerzos como Yo Cuido México, donde se reúnen cuidadoras de quince estados de la República, rompen con el silenciamiento que rodea los arreglos de cuidado actuales y establecen soluciones colaborativas a través de: 1) procesos de formación y redes de apoyo mutuo; 2) emprendimientos colaborativos para construirse camino y autonomía económica, a la par de responder a sus necesidades de cuidado, así como a las necesidades de cuidado de las personas a quienes se los brindan; 3) a través de propuestas concretas en términos de política pública.15

Las trabajadoras del hogar han luchado por más de treinta años por condiciones laborales dignas y hoy están organizadas en un sindicato nacional para hacer frente a la violencia, el racismo y la explotación de muchas de las personas que trabajan en este sector y que brindan cuidados en los hogares donde laboran. Además, trabajadoras del hogar de cinco estados del país, a través de la organización Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Empleadas del Hogar, crearon la Cooperativa para el Desarrollo Integral de las Personas Trabajadoras del Hogar (COODEPTH), que les permitirá ofrecer distintos servicios de cuidados del hogar de manera organizada, con protección social y salarios justos. A la par, la cooperativa es un espacio de pertenencia, apoyo, aprendizaje y crecimiento para las socias y trabajadoras del hogar.
Siete madres de niños con autismo que se conocieron en el centro donde sus hijos recibían atención médica encaminaron la cooperativa Hermanas de Alas Azules, en Xochimilco, Ciudad de México. Las mujeres cuidadoras primarias se capacitaron para ofrecer servicios especializados para niños y jóvenes con autismo. Hoy guían a las familias en el diagnóstico y atención en áreas como lenguaje, psicomotricidad, vida independiente y conducta; también ofrecen talleres para aprender oficios y sesiones particulares fuera del horario escolar, así como orientación y talleres para padres de familia. Replican un modelo de terapia para niños con autismo y buscan su independencia, potenciar sus capacidades y lograr su inclusión en la sociedad; para ello cuentan con talleres de bisutería, chocolatería y panadería. Las socias de la cooperativa han hecho colectivo el cuidado de sus hijos para acceder a un ingreso por sus actividades dentro de la organización; pero lo más importante, para acceder a nuevas formas de organizar su tiempo mejorando su calidad de vida.
El primer paso para comenzar a plantear un Sistema Nacional de Cuidados necesariamente implica escuchar las voces y reconocer a quienes hasta ahora han creado y sostenido esas soluciones. Estas personas están amortiguando día tras día las profundas brechas de cuidado en nuestro país, su conocimiento y experiencia son claves para articular respuestas efectivas.
El segundo paso consiste en mapear, conocer y entender el abanico de soluciones de cuidado a lo largo y ancho del territorio mexicano. Dada la amplitud, la diversidad y las desigualdades que caracterizan a nuestro país, la materialización efectiva del Sistema Nacional de Cuidados implica partir de las lógicas y prácticas existentes de cuidado a nivel local; en función de las necesidades y demandas de cuidados en cada comunidad, que derivan de las dinámicas económicas, políticas, sociales, culturales e históricas muy particulares de cada localidad. Materializar el sistema de cuidados implica respaldar y desprecarizar estas soluciones: no es una solución que la explotación del trabajo de cuidados de las mujeres simplemente se traslade a espacios colectivos sólo para que estas labores sigan precarizadas, explotadas, feminizadas y romantizadas.
Muchas de las soluciones colectivas de cuidados que hoy existen en nuestro país están al margen de la sobrevivencia al no recibir apoyo público, al no generar suficientes ingresos para poder cumplir con la regulación que implica inspecciones costosas en materia de protección civil y otros requisitos. A la par, quienes articulan estas soluciones buscan abrirse camino entre distintos esquemas y figuras jurídicas según las coyunturas e improvisan esquemas de colaboración que mantienen en operación estos centros de cuidados para poder responder a las necesidades de las personas en territorios específicos. Justo desde aquí se puede empezar a tejer un sistema de cuidados, desde la instalación de una perspectiva de cuidado en la normativa y gestión pública, desde la vinculación de los distintos órdenes del gobierno con los actores sociales que impulsan este tipo de iniciativas. Aquí hay mucho espacio de acción y se necesita corresponsabilidad para sumar manos e ideas. Resulta imprescindible vislumbrar rutas de acción que articulen en el territorio la Estrategia Nacional de Cuidado. Así el diseño de la política pública podrá incorporar especificidades que de otra manera no serían detectables.
Los pasos que hemos propuesto son parte de una ruta mucho más amplia y no necesariamente son consecutivos, sino que requieren esfuerzos paralelos y coordinados entre múltiples actores. Proponemos visualizar la materialización del Sistema Nacional de Cuidados como un proceso continuo donde instituimos sistemas locales de cuidado que sucesivamente se van articulando para ensamblar dicho sistema a nivel nacional. Todo esto requiere de un debate social amplio, con colaboraciones entre actores heterogéneos del ámbito estatal, social y académico, empresarial y comunitario que podrían hacer posible la reorganización social del cuidado. El momento en el cual nos encontramos en México al deliberar en torno al derecho al cuidado puede ser un vehículo para encaminar esta reflexión amplia en la sociedad mexicana. Esta conversación requiere de una escucha seria y comprometida de todas partes y es en sí un campo de acción para encaminar los profundos cambios por un México que cuida en corresponsabilidad.
Jana Vasil’eva
Doctorante de la FLACSO México e integrante de Yo Cuido México. Es coordinadora del Grupo de Emprendimientos Colaborativos desde Perspectivas de Cuidado y Sistematización del Conocimiento.
Ana Lilia Valderrama Santibáñez
Profesora investigadora del Instituto Politécnico Nacional. Es coordinadora del Grupo de Investigación en Economía del Cuidado y Autonomía Económica (GIECAE).
1 Inegi. Encuesta Nacional de Uso de Tiempo 2019. Comunicado de prensa, 8 de octubre de 2020.
2 González, K. Envejecimiento demográfico en México: análisis comparativo entre las entidades federativas, 2015.
3 Chancel, L.; Piketty, T.; Saez, E.; Zucman, G., y otros. World Inequality Report 2022, World Inequality Lab, 2021, p. 208.
4 Según datos del Consejo Nacional de la Evaluación de la Política Nacional (Coneval), el 76.5 % de la población mexicana vive en condiciones de pobreza o vulnerabilidad. Coneval. Pobreza en México, 2020.
5 Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), junto con Turquía y Colombia, México es el país donde las personas hacemos más horas de trabajo remunerado al año.
6 Merino, A.; Arce, M. Cuaderno de trabajo pobreza y tiempo: Una revisión conceptual, ONU Mujeres, 2015.
7 Presentación de la doctora Gabriela Ríos en el marco del Círculo de Estudios, Contexto del Derecho al Cuidado en México, 16 de febrero de 2022. Basado en su investigación doctoral, véase en: Ríos Cázares, G. El Derecho Humano al Cuidado. Tesis doctoral en Ciencias de Salud Colectiva, Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Xochimilco, Ciudad de México, 2020.
8 Según el Inegi, durante las últimas décadas la depresión llegó a ser la principal causa del suicidio, que ha crecido constantemente en México. Inegi, Estadísticas de Salud Mental, 2018. En el 2017, 1 de cada 3 mexicanas y mexicanos —es decir: aproximadamente 32 millones de personas— reportaron pasar por episodios de depresión. Inegi. Encuesta Nacional de los Hogares 2017. Principales Resultados, 2017, p. 60.
9 Inegi. Encuesta Nacional de Uso de Tiempo 2019. Comunicado de prensa, 8 de octubre de 2020.
10 El tiempo total de trabajo es la suma del tiempo de trabajo remunerado y el tiempo de trabajo no remunerado.
11 Inegi. Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021. Comunicado de prensa, 30 de agosto de 2022.
12 Inegi. Trabajo no remunerado de los hogares. Valor económico de las labores domésticas y de cuidados no remunerados,5 de diciembre de 2022.
13 Galeana, P., y Vargas Becerra, P. Géneros asimétricos. Representaciones y percepciones del imaginario colectivo, Investigaciones Jurídicas UNAM, Ciudad de México, 2015.
14 Véase: Casique, I., y Castro, R. “Índices de empoderamiento de las mujeres y su vinculación con la violencia de pareja”, en Casique, I. y Castro, R. (coord.) Análisis de Resultados de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2011, Instituto Nacional de las Mujeres, Ciudad de México, 2012, pp. 72-143.
15 Véase Garfías, M., y Vasil’eva, J. 24/7. De la Reflexión a la acción, por un México que cuida, Friedrich Ebert Stiftung, Ciudad de México, 2020, pp. 38-45.